Especiales Ecclesia

Homilía del arzobispo de Santiago de Compostela en la clausura del Año Teresiano

MONSEÑOR BARRIO CLAUSURA EL AÑO TERESIANO Y RESALTA EL “HAZ DE LUZ” QUE OFRECE SANTA TERESA A LA IGLESIA

El arzobispo compostelano presidió la Eucaristía que se celebró en el convento de las carmelitas

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, presidió hoy la Eucaristía en el Carmelo compostelano con la que se clausuró en la Diócesis el año jubilar teresiano, celebrado con ocasión del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Ávila. En su homilía, monseñor Barrio destacó este tiempo de gracia y recordó “cuántas personas han llegado con las partituras de sus vidas incompletas unas, con notas disonantes otras, pero después todas armoniosamente interpretadas con la ayuda de Teresa de Ávila. La fidelidad y la misericordia de Dios han aparecido realizando la salvación”. El arzobispo compostelano dijo, además, que “La figura de esta santa, doctora de la Iglesia, nos ofrece un haz de luz en el momento actual donde no faltan tampoco miedos en la barca de Pedro”.

Los actos de clausura del centenario teresiano se iniciaron hoy con el traslado de la imagen de Santa Teresa de Jesús desde la Catedral hasta el Convento del Carmen. Allí se rezaron vísperas solemnes y se celebró la Eucaristía con la comunidad carmelita. Monseñor Barrio explicó en su homilía que “Santa Teresa propone las virtudes evangélicas como base de toda la vida cristiana y humana: la pobreza evangélica; el amor mutuo como elemento esencial de la vida comunitaria y social; la humildad como amor a la verdad; la determinación como fruto de la audacia cristiana; la esperanza teologal, que describe como sed de agua viva”.

El arzobispo compostelano pidió, igualmente, a todos los asistentes a la Santa Misa que “seamos testigos incansables de Dios, de su presencia y de su acción; descubramos esta sed de Dios que existe en lo más hondo de nuestro corazón, este deseo de ver a Dios, de buscar a Dios, de estar en diálogo con él y de ser sus amigos”.

Se incluye, a continuación, la homilía íntegra de Mons. Barrio

Fiesta de Santa Teresa de Jesús. Oct. 2015

“Con todo veo claro la gran misericordia que el Señor hizo conmigo… ¡Cantaré eternamente las misericordias del Señor!”. ”Bien sabe su Majestad que sólo puedo presumir de su misericordia”. Al clausurar este Año Jubilar Teresiano, no debemos callar cuando hemos visto la misericordia de Dios. Muchas han sido las personas, que de la mano de Santa Teresa de Ávila se han acercado al Señor para hablar con El en la celda interior de su alma. Este convencimiento nos lleva a proclamar la grandeza del Señor y alegrarnos en Dios nuestro Salvador.

¡A Ti, oh Dios, te alabamos! Cuántas personas han llegado con las partituras de sus vidas incompletas unas, con notas disonantes otras, pero después todas armoniosamente interpretadas con la ayuda de Teresa de Ávila. La fidelidad y la misericordia de Dios han aparecido realizando la salvación. En la cotidianidad de nuestra vida hemos comprobado que “nuestros únicos méritos son la misericordia del Señor. No seremos pobres en méritos, mientras él no lo sea en misericordia. Y porque la misericordia de Dios es mucha, muchos son también nuestros méritos” (San Bernardo de Claraval), pudiendo decir con San Agustín: “Tan grande es la condescendencia de Dios para con nosotros que ha querido que constituyan mérito nuestro incluso sus mismos dones”.

¡A Ti, Señor, te confesamos! “Tú, Cristo, eres el Rey de la gloria, el Hijo del Padre eterno, que para liberar al hombre aceptaste la condición humana y no te horrorizaste del seno de la Virgen María”. Así nos hacemos eco del amor de la Santa a la humanidad de Cristo.

¡A Ti, Señor, te damos gracias! La gratitud es finura espiritual y perfección en la caridad. Damos gracias por haber llegado a esta meta, caminando “de comienzo en comienzo, por comienzos siempre nuevos”, redescubriendo el amor primero. Sedientos de Dios, necesitados de salud y consuelo, de fortaleza y de esperanza, de perdón y de salvación, en el acontecer de este año de gracia, hemos pedido insistentemente que la misericordia del Señor venga sobre nosotros, como lo esperamos de Él.

En la vida de Santa Teresa de Jesús el amor de Dios lo explica todo. La figura de esta santa, doctora de la Iglesia, nos ofrece un haz de luz en el momento actual donde no faltan tampoco miedos en la barca de Pedro. “La vemos ante nosotros como una mujer excepcional, como a una religiosa que, envuelta toda ella de humildad, de penitencia y de sencillez, irradia en torno a sí la llama de la vitalidad humana y de su dinámica espiritualidad; la vemos, además, como reformadora y fundadora de una histórica e insigne Orden religiosa, como escritora genial y fecunda, como maestra de vida espiritual, como contemplativa incomparable e incansable alma activa”, decía el beato Pablo VI.

Dos principios fundamentan su vida: por un lado “el hecho de que todo lo que pertenece al mundo de aquí, pasa”; y, por otro, que sólo Dios es “para siempre, siempre, siempre”. “Ella decidió penetrar en el mundo que la rodeaba con una visión reformadora para darle un sentido, una armonía, un alma cristiana”. En su prudencia encuentra la sabiduría divina que no se puede comparar con las piedras preciosas porque todo el oro ante ella es un grano de arena y como el lodo es la plata ante ella” (Sap 7,9). Esta sabiduría le llevó a descubrir el primado de Dios y del espíritu. “Jamás nos acabamos de conocer, si no procuramos conocer a Dios; mirando su grandeza, acudamos a nuestra bajeza y mirando su limpieza, veremos nuestra suciedad, considerando su humildad, veremos cual lejos estamos de ser humildes”.

Esta mujer fue dejándose configurar por la fuerza del Espíritu, acogiendo las palabras del Señor: “El que tenga sed que venga a mi y beba”. Es el agua que purifica y que apaga la sed en nuestros largos caminos de búsqueda. Quien tiene deseo de cosas profundas o necesidad de respuestas decisivas para la propia vida, ha de recordar que Jesús es la fuente viva. Es necesario dejar a los pies de Jesús el cántaro de nuestras fatigas diarias, anunciando lo que hemos vivido en el encuentro con El. “Bien veo yo, mi Señor, lo poco que puedo. Pero llegada a Vos, subida a esa atalaya donde se ven las verdades, no os apartando Vos de mí, todo lo podré”, decía ella.

Santa Teresa propone las virtudes evangélicas como base de toda la vida cristiana y humana: la pobreza evangélica; el amor mutuo como elemento esencial de la vida comunitaria y social; la humildad como amor a la verdad; la determinación como fruto de la audacia cristiana; la esperanza teologal, que describe como sed de agua viva. “Aventuremos la vida pues no hay quien mejor la guarde que el que la por perdida”.

Seamos testigos incansables de Dios, de su presencia y de su acción; descubramos esta sed de Dios que existe en lo más hondo de nuestro corazón, este deseo de ver a Dios, de buscar a Dios, de estar en diálogo con él y de ser sus amigos. Con nuestra felicitación a las MM Carmelitas agradecemos a Dios que nos haya dado a Santa Teresa como estímulo y modelo en nuestra peregrinación terrena. Amén.

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.