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Homilía del arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio Mª Rouco Varela en el Corpus Christi

Homilía del arzobispo de Madrid, el cardenal Antonio Mª Rouco Varela en el Corpus Christi

“La razón de ser y la fuerza de la caridad y de sus obras es el servicio a los pobres y más necesitados, el servicio de Cáritas diocesana”

En la tarde del 2 de junio en la Plaza de la Almudena, el Cardenal Arzobispo de Madrid, Antonio Mª Rouco Varela, ha presidido una Eucaristía en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Corpus Christi. Con él han concelebrado los Obispos Auxiliares de Madrid –Mons. Fidel Herráez, Mons. César Franco y Mons. Juan Antonio Martínez Camino, SJ-, miembros del Cabildo Catedral, Vicarios Episcopales, miembros del Colegio de Consultores, Arciprestes, y numerosos sacerdotes de la diócesis.

 

En su homilía, el Cardenal ha recordado que esta celebración del Corpus sirve “para proclamar la fe en el Santísimo Sacramento de la Eucaristía, Sacramento del Altar y del Banquete eucarístico; para venerarlo, adorarlo solemnemente y aclamarlo”. “¡Cristo está realmente aquí! ¡Dios está aquí en las especies eucarísticas consagradas por el sacerdote!”.

 

Cuando se instituyó la Fiesta litúrgica, en 1264, “estaba en juego el reconocimiento de la verdad plena de la Eucaristía”. “Al decaer la fe en la verdad de la presencia y actualidad eucarísticas de la persona de Jesucristo y de su acción salvífica, se tambaleaba inevitablemente la fe en Dios, Creador cercano y providente: en el Dios que sale al encuentro del hombre en la Encarnación y en la Pascua de su Hijo Unigénito, Nuestro Señor Jesucristo, y que le acompaña en el camino de su existencia terrena hacia la meta gloriosa de la eternidad”.

 

“Creer hoy en la verdad del Misterio Eucarístico incomoda mucho a una sociedad sometida a la influencia de una cultura rendida a la creencia de que el hombre se basta a sí mismo, que sus fuerzas organizadas ?e, incluso, sin organizar? le son suficientes para resolver los más variados y complejos problemas de la vida e, incluso, para dar respuesta al sentido último de la misma”. Muchas veces, la Eucaristía es “rebajada y trivializada al nivel de una experiencia de superficial y efímera fraternidad”. Por eso, “fortalecer la fe eucarística y recuperarla en su contenido más profundo constituye una urgencia de máxima importancia para la Iglesia llamada a evangelizar de nuevo”.

 

Testimonio de fe

“Celebramos este Corpus Christi, en el Año de la Fe, en comunión de adoración al Señor Sacramentado con nuestro Santo Padre Francisco. Lo celebramos con el impulso apostólico de la Misión-Madrid. La fe que vamos a confesar a continuación de la Liturgia de la Palabra deberá ser percibida nítidamente por todos en la expresión que damos a nuestros sentimientos de honda piedad eucarística y a nuestros gestos sencillos, sobrios y gozosos de adoración pública a Jesucristo Sacramentado”.

 

“¡Que aparezca claro y patente a los que nos rodean y observan desde las orillas de la suspicacia escéptica o de la increencia que en el centro del ‘Sí’ de nuestra fe eucarística, personal, comunitaria y públicamente profesada, se encuentra la confesión y la vivencia de que: ¡Cristo está aquí! ¡Dios está aquí! Ese debe ser hoy nuestro testimonio humilde, sentido y sincero: ¡el testimonio de la gran y única verdad que puede salvar al hombre! Testimonio que ha de ser asumido y compartido por todos los fieles de la Iglesia diocesana de Madrid día a día y ofrecido convincentemente a nuestros conciudadanos: a los que sufren la crisis económica con sus dramáticas secuelas de pérdida del trabajo, de la vivienda, del matrimonio, de la familia y, tantas veces, de la esperanza ?cuando no del alma?, y a los que no la sufren, siendo o no culpables de la misma. Porque nadie debe de escapar a la responsabilidad moral y espiritual de combatirla en sus causas últimas y de superarla. Se ha pecado mucho y necesitamos arrepentirnos más. La conversión del corazón y el propósito decidido de la enmienda no admiten más demoras”.

 

¡Cristo está aquí!

“La presencia de Cristo en las especies eucarísticas es única. Es presencia real y susbstancial. Es la presencia actualizada del Señor Crucificado y Resucitado que ofrece su carne y su sangre como víctima por nuestros pecados y los pecados del mundo. En la celebración de la Santa Misa se hace presente, con una actualidad siempre renovada, el Sacrificio de Cristo en la Cruz”.

 

“Cristo está aquí para que puedan acudir a Él todos los cansados y agobiados que buscan alivio, fortaleza y consuelo al enfrentarse con los problemas y peligros que nos acechan en los momentos más críticos de la vida y que son tantos, tan dolorosos y tan graves. Está en el Sacramento del Altar, sobre todo, para los que buscan no sólo la salud del cuerpo, sino también la salvación del alma”. “En la comunión y en la adoración eucarísticas está siempre abierto para cualquier cristiano el camino consecuente del amor y, para los no creyentes, en el Sagrario, el de sentir la invitación amorosa a dar el primer paso de la fe en Él”.

 

“La razón de ser y la fuerza de la caridad y de sus obras” es “el servicio a los pobres y más necesitados; el servicio de Cáritas diocesana”, afirmó.

 

“Dios reina cuando los corazones de los hombres se rinden a su gracia, están dispuestos a permanecer fieles a su amor, viven de él y lo comunican”. “En la Eucaristía, Dios reina: ¡reina el bien infinitamente misericordioso del amor de Dios que se dirige sin límite alguno de espacio y de tiempo a todo hombre que quiera acercarse a Él y participar de su infinita bondad!”. Por eso, existe “solución para los problemas más graves que preocupan al hombre y especialmente a nosotros, los que sufrimos las crisis tan crueles, materiales y espirituales, de nuestro tiempo, consecuencia de nuestras desobediencias a los mandamientos de la Ley de Dios”. “La hay si creemos en Jesucristo Sacramentado, si le recibimos, adoramos e imitamos, si estamos dispuestos a ser sus testigos valientes y veraces”.

 

“Son tiempos éstos, los nuestros, que nos urgen a ser testigos de la verdad de la Eucaristía, verdad en la que late y brilla la verdad de la Iglesia, de Cristo, de Dios: ¡la Verdad que nos salva! Ser sus servidores es lo que nos pide el Año de la Fe. Es lo que debe conformar el alma y el corazón de la Nueva Evangelización. Es el sentido más hondo de nuestra celebración de este Corpus de la Misión?Madrid”, concluyó.

 

Al finalizar la Eucaristía, el Santísimo Sacramento ha recorrido en procesión las calles Bailén, Mayor y Sol, donde el Cardenal ha impartido la solemne bendición eucarística a todos los fieles allí presentes. Durante el recorrido procesional, han acompañado con sus cantos a Jesús Sacramentado el Coro de la JMJ, la Banda de Tambores y Trompetas de Jesús el Pobre, el coro del Colegio Montealto, y el de la Parroquia de Moratalaz.

 

Las fotografías se pueden descargar en www.misionmadrid.es



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