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Homilía del arzobispo de Barcelona, cardenal Martínez Sistach en la solemnidad de la Virgen de la Merced

Homilía del arzobispo de Barcelona, cardenal Martínez Sistach en la solemnidad de la Virgen de la Merced
Homilía del Sr. Cardenal Arzobispo de Barcelona, ??Dr. Lluís Martínez Sistach, en la solemnidad de la Virgen de la Merced. Basílica de la Virgen de la Merced, 24 de septiembre de 2015

Nos hemos reunido con alegría en esta querida Basílica de la Virgen de la Merced para celebrar la fiesta de nuestra Patrona que es la Patrona de la ciudad de Barcelona y de la provincia eclesiástica de Barcelona integrada por la archidiócesis barcelonesa y las diócesis de Sant Feliu y Terrassa.

Es una fiesta de nuestra ciudad, por eso ciudadanos y autoridades nos unimos para alabar nuestra Patrona y para agradecerle su ayuda que ha ido concediendo a las personas e instituciones de nuestra querida ciudad condal y que como Madre amorosa continúa haciéndolo, con la misma actitud que tuvo en aquellas bodas de Caná de Galilea, como hemos escuchado en el evangelio de hoy. Desde el 1637, cuando fue nombrada patrona de Barcelona por el Consejo de Ciento, los barceloneses le rinden anualmente homenaje y por eso organizan las fiestas ciudadanas que lo acompañan.
La Virgen de la Merced promovió el nacimiento de la Orden de los Mercedarios el 10 de agosto de 1218 en el altar mayor de nuestra Catedral, que fue románica, de Barcelona, ??inspirando a San Pedro Nolasco crear la familia mercedaria con una finalidad muy necesaria en aquel tiempo, y muy actual hoy. Esta realidad de Iglesia nació para liberar a los cautivos que vivían sin libertad en las cárceles de la morería. El Padre Miguel de Esplugues nos dice que Nuestra Señora Santa María dignó a descender en Barcelona no en faisán de amazona espiritual, o sea, como capitana esforzada de cabeza de linaje de tropa, sino como suavísima redentora de cautivos . Por ello, los mercedarios realizaban este servicio de una manera muy catalana, comerciante con quienes tenían encarcelados los cristianos y, en todo caso, si ello fuera necesario, dándose ellos mismos en rescate de los que gemían en las cárceles de la morería ( Cf. Nuestra Señora de la Merced). De manera ininterrumpida hasta hoy cientos de mercedarios y mercedarias llevan su mensaje liberador en las cárceles, campos de refugiados, niños de la calle, víctimas del tráfico de personas, asilos, hospitales … en el más absoluto silencio y anonimato. En la fiesta de la Virgen de la Merced, patrona del mundo de las prisiones, hay que pensar en esta familia mercedaria y en todas las personas vinculadas a las prisiones, pidiendo la intercesión de su patrona por todos ellos.
Esta fundación barcelonesa es una manifestación más del servicio que la Iglesia y los cristianos realizamos a las personas ya la sociedad. Pone de relieve la multitud de realidades, grupos e instituciones de Iglesia que han ido y van dando respuesta a las necesidades espirituales, sociales y materiales de la gente. Para tomar mayor
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conciencia es suficiente pensar qué sería de nuestra ciudad de Barcelona y tantísimas otras del mundo sin las parroquias, las comunidades religiosas, Cáritas, grupos e instituciones eclesiales, en el campo de la espiritualidad, de la pobreza y la marginación, de la enseñanza, los enfermos, los ancianos, de la cultura, etc. Sería una ciudad pobre aunque también hay otras realidades que trabajan en estos campos.
María en las bodas de Caná pidió a Jesús que solucionara el problema que tenían aquellos novios, porque ella participó en aquellas boda con una presencia amorosa a los esposos, atenta a sus necesidades, solidaria de sus dificultades, y también con una presencia de fe, creyendo que Jesús, el Hijo de sus entrañas virginales, era hombre y Dios y podía solucionar ese problema de los nuevos esposos.
El Francisco nos ha marcado el programa para toda la Iglesia: evangelizar, salir a las periferias con una actitud samaritana. Tiene muy presente los pobres. Por eso en su documento programático La joya del Evangelio, nos habla de la dimensión social de la evangelización porque si esta dimensión no está debidamente explicitada, siempre se corre el riesgo de desfigurar el sentido auténtico e integral que tiene la misión evangelizadora (cf. EG 176).

Para la Iglesia la opción por los pobres es una categoría teológica antes que cultural, sociológica, política o filosófica. Por eso el Papa quiere una Iglesia para los pobres. Ellos tienen mucho que enseñarnos. Es necesario que nos dejamos evangelizar por los pobres (EG 198).
Estamos viviendo con dolor el sufrimiento de muchas familias y personas, inmigrantes y refugiados, que se ven obligadas a dejar familia, casa y patria, para buscar trabajo debido a la falta de trabajo en su lugar de origen o para huir del peligro de morir a causa de las guerras. Y lo hacen como pueden y con mucho sacrificio y dolor. Las imágenes estremecedoras interpelan nuestra conciencia y nuestros sentimientos humanitarios: son no sólo hombres y mujeres, sino también muchos niños y familias. Esto demanda una actitud de acogida por parte de todos y de ayuda a estos hermanos nuestras necesidades. Hay una fecunda colaboración y trabajo conjunto entre administración, instituciones sociales y ciudadanía. Ya se está trabajando en este sentido. El Francisco ha dicho estas palabras: “Que bonitas son las ciudades que superan la desconfianza enfermiza e integran los diferentes, y que hacen de esta integración un nuevo factor de desarrollo” (EG 210). Sin embargo será necesario, también, a nivel más internacional, afrontar las causas de este creciente movimiento migratorio que son la falta de trabajo en los lugares de origen y las guerras. La Iglesia de Barcelona de la que yo soy pastor, formada por los hijos e hijas de la ciudad y de otros lugares de la archidiócesis, siempre ha sido solidaria con las personas que sufren.
Por eso Francisco nos dice que “la necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar” (EG 202). Ciertamente, los planes asistenciales que tienen urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. Pero mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera y atacando las
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causas estructurales de la desigualdad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema, porque la desigualdad es raíz de los males sociales (cf. EG 202).

El servicio que la Iglesia aporta a la sociedad es muy positivo y por eso nadie puede exigirnos que relegamos la religión a la intimidad secreta de las personas, sin ninguna influencia en la vida social … Una auténtica fe siempre implica un profundo deseo de cambiar el mundo, de transmitir valores, de dejar algo mejor tras nuestro paso por la tierra (cf. EG 183).
La fiesta de la Virgen de la Merced realiza en nuestra ciudad de Barcelona la conexión de lo religioso con lo que es ciudadano. La presencia de las autoridades y de la ciudadanía en esta celebración religiosa pone de relieve una doble convicción, que se está asistiendo a un acto que pertenece a la religión, pero también que pertenece a la cultura de la ciudad, a la historia de esta ciudad. Por ello, todos juntos le decimos: “Princesa de Barcelona proteger nuestra ciudad”.


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