Carta del Obispo Iglesia en España

Homilía de monseñor Luis Ángel de las Heras en la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo

SOLEMNIDAD DEL SANTÍSIMO CUERPO Y SANGRE DE CRISTO

Junio de 2017

Deuteronomio 8, 2-3. 14b-16a • 1Corintios 10, 16-17 • Juan 6, 51-58

Excma. Sra. Oferente,
Excmo. Sr. Delegado de la Xunta de Galicia,
queridas Autoridades,
queridos hermanosobispos de Lugo, Santiago, Tuy-Vigo y Ourense,
queridos miembros del Cabildo de la Santa Iglesia Catedral de Lugo
queridos sacerdotes, miembros de la vida consagrada y laicos,
queridos miembros de la Cofradía del Santísimo Sacramento,
de Cáritas y de la Adoración Nocturna,
queridos hermanosy hermanas:

El Señor Jesús, vivo y presente en la Eucaristía, nos ha convocado esta mañana en este lugar de contemplación y adoración del pan vivo que ha bajado del cielo, en esta catedral basílica de Lugo. Ante Jesús Sacramentado reconocemos hoy el camino de la fe que el pueblo de Dios que peregrina en Galicia ha recorrido a lo largo de la historia hasta nuestros días. Desde todas las parroquias Galicia mira hoy al Santísimo.

Jesús, el enviado del Padre, nos llama a la comunión de vida con Él, asumiendo nuestras diferencias. Como dice el apóstol Pablo a los corintios, «aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan» (1Cor 10,17). Estamos llamados a ser Cuerpo de Cristo. Aquél a quien contemplamos y adoramos ha de hacerse vida en nosotros y entre nosotros para ser discípulos misioneros. Él entrega su vida para que el mundo tenga vida. Para Él y para su obra, nadie queda excluido de esa vida, que procede del Padre, fuente inagotable de vida. El pan que Jesús es y da no es un alimento que perece, sino que sostiene para la vida eterna.Dios ha pasado de dar alimento a ser Él el alimento. Así, nos ofrece la unión personal y comunitaria más estrecha posible. Ha estado grande con nosotros. Podemos estar alegres para continuar la tarea pidiendo y esforzándonos. A Dios rogando y con el mazo dando.

En este contexto, agradezco la ofrenda que, en nombre de la ciudad de Mondoñedo, ha presentado su alcaldesa Dª Elena Candia, que —como ha recordado— lo hace por segunda vez. ¡Enhorabuena! Me uno a susruegos para alcanzar todas las peticiones justas y de buena fe en Galicia.

El Señor conoce cada corazón y acoge la voluntad de renovar la devoción, el respeto, la gratitud y el reconocimiento por la protección que el Señor brinda a los gallegos a quienes bendice desde siempre, antes incluso de esos trescientos cuarenta y ocho años que cumple la ofrenda. Que como ha dicho, señora alcaldesa, estos siglos de ofrenda sean signo de un pueblo asentado en sus raíces, orgulloso y fuerte en su tronco y valiente en sus hojas. Raíces cristianas, tronco de personas buenas que, mirando a Cristo, dan frutos de caridad con sus semejantes, especialmente con los más necesitados, creando así frutos de unidad. Un pueblo fuerte de gentes fuertes en la fe. Personas que saben que, al pedir, se reconocen en sus raíces colaboradores de la obra de Dios en este mundo.

Valoro que usted reconozca, señora alcaldesa, que los representantes elegidos por los ciudadanos para gobernar han de pensar en lo mejor para todos, sin excluir a nadie. Como ya he dicho, para Cristo Señor todos pueden ser partícipes de su vida. El Evangelio de Jesús es evangelio de encuentro en justicia y en verdad, de inclusión, mucho más aún: de comunión. Hemos de esforzarnos por superar los intereses particulares, de mirada corta. Jesucristo conoce nuestros temores, acoge y alienta nuestros aciertos y esfuerzos para mejorar y defender la vida. Una vida humana digna de principio a fin, tal como nos la entrega Dios desde el comienzo y tal como Él la acoge a su término.

Sin duda alguna, el bien del pueblo que peregrina en Galicia se conquistará mejor siguiendo las enseñanzas de Jesús. Que todos entendamos que servir sin esperar nada a cambio es el compromiso que más hace crecer. Que para evitar la corrupción desterremos la ambición egoísta formando personas libres y honestas, que no se desvían de la senda de los justos, aunque tengan que resistirse. Que la familia sea apreciada y cuidada con más empeño, de modo que en ella pueda crecer y desarrollarse la vida en una escuela de personas dignas de una sociedad responsable, libre y pacífica. Que para los cristianos la familia pueda ser esa Iglesia doméstica donde el amor, tal y como Dios nos lo muestra, impulsa la vida de sus miembros contribuyendo a edificar una sociedad mejor. Que cooperemos todos en el progreso de Galicia en cualquiera de sus lugares. Que busquemos oportunidades de trabajo para quienes padecen el paro. Que sepamos transmitir esperanza a quienes comienzan su andadura, así como a cuantos mayores aprenden a despedirse de esta esperando una vida nueva. Que recordemos a todos los gallegos emigrantes que tienen su corazón en Galicia y acojamos a cuantos inmigrantes vengan a estas tierras. Que seamos mensajeros de la paz. Cristianos que se alegran de haber recibido la paz de Jesús que transforma los corazones y anuncian el evangelio de la paz en un mundo herido por la violencia.

Querida D.ª Elena, queridos hermanos y hermanas, Jesús Sacramentado nos mira hoy con cariño y solamente espera de nosotros que nos esforcemos para recibir lo que pedimos. Crucemos la mirada con Cristo en la custodia, o lo que es lo mismo, crucemos la mirada con los prójimos, especialmente con los más pobres y pequeños. Porque la fiesta del Corpus es fiesta que la Iglesia celebra alrededor de su centro: los pobres, que son el altar vivo del sacrifico eucarístico del Nuevo Testamento; un altar construido con «los miembros vivos de Cristo», verdaderas piedras vivas de su templo. Un altar que «es santo, porque él mismo es cuerpo de Cristo» (cf. San Juan Crisóstomo, Homilías sobre la Segunda Carta a los Corintios, h. 20, 3; PG 61, 540: «Hæc ara ex ipsis Christi membris constat, ac Domini corpus altaretibiefficitur. […] Rursum hoc altare admirandum est, quia natura quidem lapis est, sanctum autem efficitur, postquam Christi corpus excipit; illud vero quia Christi corpus est»).

Que el Señor Sacramentado colme de bendiciones a todos los gobernantes, a nuestras diócesis, a vuestras familias, a los vecinos de Mondoñedo, de Lugo y de toda Galicia.

Gloria a Cristo, buen Pastor,
que nos conoce y nos guía;
y en la santa Eucaristía
nos apacienta de amor. Amén.

(Himno Lit. Hor.)

? Luis Ángel de las Heras, C.M.F.

Obispo de Mondoñedo-Ferrol

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