Homilía de monseñor José Manuel Lorca Planes en la misa funeral por los cinco jóvenes fallecidos
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Homilía de monseñor José Manuel Lorca Planes en la misa funeral por los cinco jóvenes fallecidos

Monseño Lorca preside el funeral de los cinco jóvenes fallecidos en el accidente del sábado

El Obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, ha presidido esta mañana en Torre Pacheco la misa funeral de los cinco jóvenes fallecidos el pasado sábado, 4 de febrero, en un accidente de coche.

Mons. Lorca ha destacado que toda la Diócesis reza por las almas de los jóvenes fallecidos, por sus familias, y por la pronta recuperación de las tres chicas que están hospitalizadas.

FUNERAL POR LOS 5 JO?VENES FALLECIDOS EN ACCIDENTE

Torre Pacheco, a 6 de febrero de 2017

Queridas familias, un saludo especial a los padres, hermanos, a los abuelos…
Un sincero agradecimiento a todos los que habe?is intervenido desde el primer instante para ayudar a estos jo?venes: Guardia civil, los especialistas, los medios sanitarios y de Cruz Roja, psico?logos…
Queridos vecinos de Torre Pacheco, amigos.
Sr. Presidente de la Comunidad Auto?noma, Sra. Presidenta de la Asamblea Regional, Sr. Delegado del Gobierno, Sr. Alcalde y corporacio?n municipal.
Queridos sacerdotes, Don David, vicario episcopal, que me avisaste para rezar.

No es fa?cil decir una palabra que pretenda dar sentido a lo vivido, cuando estamos sumidos en el dolor por la tragedia, y cuando sabemos que ya no tiene remedio, ni hay fuerza humana que pueda retrocedernos en el tiempo. Es muy difi?cil poder comprender. So?lo es posible, si a uno le quedan fuerzas, para rezar, para apoyarte en el hombro de quien viene a consolar, y para seguir adelante. Soy consciente, queridas familias, de que a las mismas palabras les cuesta mucho abrirse camino para llegar a lo hondo del corazo?n, que en estas soledades parecen ma?s eficaces la presencia cercana y el silencio, antes que los discursos. Eso mismo ha hecho toda la gente que se ha acercado a vosotros en estos momentos de duelo, porque nos hemos quedado sin palabras. Ninguno de los que estamos aqui? nos hemos podido resistir a no estar con vosotros, a no acompan?aros en el dolor, a no estar para que sinta?is el calor de todos, no queremos que os sinta?is solos. ¿Quie?n no ha dejado correr una la?grima, quie?n de nosotros ha impedido que saliera de sus labios una queja ante el mazazo de la muerte de estos jo?venes?

Al mismo tiempo que guardamos silencio, abrimos nuestro corazo?n de creyentes a una oracio?n y a un porque?, ¿por que?, Sen?or, pasan estas cosas? Esta es la parte humana ante la tragedia o la desgracia. Por la Sagrada Escritura conocemos co?mo muchos le han gritado y le han llorado amargamente al Sen?or, han salido a su encuentro para pedirle ayuda; y al fin comprendieron que Dios estaba con ellos, gritando tambie?n al Padre de toda misericordia, para que los hombres no nos hicie?ramos dan?o unos a otros. Jesu?s manifesto? siempre su cercani?a al que sufre y llora, E?l mismo lloro? con intensidad ante la muerte de su amigo La?zaro.

El evangelista San Lucas narra el instante mismo antes de morir Cristo en la cruz y le vemos co?mo prorrumpe en un tremendo grito de dolor: “Dios mi?o, Dios mi?o, ¿por que? me has abandonado?”, pero poco despue?s nos da ejemplo de confianza: “A tus manos Sen?or encomiendo mi espi?ritu”. Y dicho esto -an?ade San Lucas- expiro?”. Todos recordamos la descripcio?n evange?lica, el sol se oscurecio?, las tinieblas cubrieron la tierra y el velo del templo se rasgo? de arriba abajo. ¿No nos ha sucedido lo mismo a

nosotros? Parece que el velo de la esperanza se rompio? de arriba abajo y que han brotado las la?grimas y los sollozos, por la angustia. En este momento, cuando nuestras posibilidades parecen estar agotadas es cuando debemos escuchar lo que dijo e hizo Jesu?s: A tus manos Sen?or encomiendo su espi?ritu.

Queridos padres, hermanos y familiares, de los cinco jo?venes; queridos compan?eros, vecinos y amigos que llora?is sus muertes, tened serenidad si pode?is para poder escuchar las palabras de consuelo que nos dice San Pablo: nada ni nadie puede apartarnos del amor de Dios: ni la afliccio?n, ni la angustia, ni la persecucio?n, ni el hambre, ni la desnudez, ni el peligro, ni la espada o la muerte… “En todo esto vencemos fa?cilmente por aquel que nos ha amado”, por aquel que ha compartido con nosotros la condicio?n humana, por aquel que siendo inocente bebio? el ca?liz de la muerte ignominiosa y violenta y experimento? el dolor inaudito de la muerte de cruz.

Hermanos, ante este dolor, del que ya nada humanamente podemos hacer, nos consuela la fe, la seguridad que nos da la fe, al pensar que ellos esta?n llamados a la Vida eterna y que no so?lo van a pervivir en nuestro recuerdo y en nuestro afecto. Ahora nos viene bien recordar lo que decimos en el Credo, que creemos en la vida eterna, en la resurreccio?n de los muertos; que ellos seguira?n viviendo en sus almas inmortales, que al final de los tiempos se unira?n a sus cuerpos hoy rotos y que resucitara?n.

Encomendemos a nuestros hermanos a la piedad y misericordia infinita de Dios nuestro Padre. Estamos seguros de que este es el mejor homenaje a su memoria. Roguemos a Nuestro Sen?or Jesu?s que sea misericordioso con ellos y que puedan gozar por an?os sin te?rmino de la alegri?a de su casa, en la que ya no habra? dolor, ni llanto, ni luto, sino solamente gozo y paz.

A la vez que os manifiesto la condolencia de la Iglesia de Cartagena, intercedo ante la Madre del cielo, la Santi?sima Virgen del Rosario, la patrona de este pueblo, especialmente a todas vuestras familias. Ella nos ensen?ara? a esperar en silencio la salvacio?n, nos confortara? en el dolor y nos llevara? a Cristo.

Madre del Rosario, por tu Hijo Jesucristo, nuestro Buen Pastor, ten misericordia de estos tus hijos. Danos fortaleza para que podamos seguir ayuda?ndonos unos a otros. Mari?a, Madre del Crucificado, Madre del Sen?or Resucitado, Madre nuestra, ruega a tu Hijo por nosotros y abre nuestros corazones a la luz de la esperanza. No te olvides, Madre, de las tres chicas heridas, para que se recuperen y se incorporen a sus quehaceres pronto.

+ Jose? Manuel Lorca Planes Obispo de Cartagena

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