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Homilía de monseñor Esteban Escudero, en el tercer aniversario de su toma de posesión como obispo de Palencia

Homilía de monseñor Esteban Escudero, en el tercer aniversario de su toma de posesión como obispo de Palencia

Dentro de la novena de preparación para la gran fiesta de nuestro patrono San Antolín, estamos celebrando el tercer aniversario del comienzo de mi misión pastoral en esta Iglesia particular de Palencia. La visita pastoral ya muy avanzada, el contacto con los sacerdotes en las reuniones por arciprestazgos, las entrevistas en el obispado con gentes de muy diversa procedencia y estado de vida eclesial, me han ido permitiendo avanzar en el conocimiento de la diócesis. Con aciertos y seguramente con muchos errores, he tenido que tomar decisiones para el gobierno pastoral, he ejercido mi misión de maestro en la fe a través de escritos y catequesis dominicales y he intentado cumplir con mi tarea santificadora del pueblo de Dios celebrando los sacramentos, especialmente las celebraciones de la Eucaristía en la confirmación de los jóvenes, en las fiestas patronales y romerías de nuestros pueblos y en las fiestas solemnes en esta santa Iglesia Catedral.

 

Comienza ahora el cuarto año de mi pontificado. Durante el curso pastoral que está a punto de comenzar nos esperan importantes acontecimientos en la vida de la Iglesia española y universal: el domingo 13 del próximo mes de octubre, serán beatificados en Tarragona 522 mártires de la persecución religiosa en España en el siglo XX; en la festividad de Cristo Rey, el 24 de Noviembre, clausuraremos el Año de la Fe; y en la primavera del próximo año serán canonizados los papas Juan XXIII y Juan Pablo II.

Además, se esperan dos importantes documentos del Papa Francisco: la publicación de la exhortación apostólica con las conclusiones del pasado Sínodo de Obispos sobre la “nueva evangelización”, verdadera hoja de ruta sobre las prioridades de la Iglesia en los próximos años, y una nueva encíclica sobre la pobreza y los pobres y la implicación de la Iglesia en la promoción integral de todo el hombre y de cada uno de los hombres y mujeres de nuestro mundo.

 

Un adelanto de las ideas de estos documentos podemos seguramente encontrarlos en el espléndido magisterio que el Papa nos ha dejado en sus discursos y homilías durante la pasada Jornada Mundial de la Juventud, que yo quisiera comentar en la homilía de la fiesta de San Antolín.

 

Y ya mirando a nuestra Iglesia diocesana, tampoco faltan proyectos importantes que, con la ayuda de Dios, iremos intentando llevarlos a la práctica. Durante este curso se terminará la visita pastoral con los arciprestazgos del Brezo, de Campos y del Cerrato. Hemos de comenzar la reestructuración de las unidades pastorales, según acordamos en el último Consejo Presbiteral antes del verano. Se promulgará un nuevo estatuto del Consejo Pastoral Diocesano, de acuerdo con el mandato del mismo Consejo en su última reunión, a fin de dar mayor relevancia a la participación de los laicos y religiosos en la toma de decisión de las cuestiones que afectan a la acción pastoral de la diócesis. Y finalmente daremos un nuevo impulso a la aplicación del Plan Pastoral Diocesano, a través de la estrecha colaboración de los arciprestes y delegados de pastoral, en reuniones conjuntas mensuales, formando así un eficaz equipo asesor en el gobierno pastoral de la diócesis.

 

Por último, yo quisiera recordar un párrafo de mi homilía de inauguración de mi ministerio pastoral, hace ya tres años, que no podemos olvidar, aunque siga siendo todavía una meta a terminar de conseguir: la comunión eclesial. En aquel 29 de Agosto del año 2010 dije ante el numeroso público asistente a la celebración:

 

«La Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia son puntos de partida para iniciar todo diálogo pastoral y toda participación en la vida de la comunidad eclesial. Por ello, el Papa Juan Pablo II, al mismo tiempo que invitaba a fomentar el diálogo y la colaboración en la misión de la Iglesia, advertía de la importancia de confluir en lo que es esencial en la fe cristiana, ya que sin ello no puede darse una auténtica comunión eclesial: La teología y la espiritualidad de la comunión -decía el Papa- aconsejan una escucha recíproca y eficaz entre pastores y fieles, manteniéndolos por un lado unidos a priori en todo lo que es esencial y, por otro, impulsándolos a confluir normalmente incluso en lo opinable hacia opciones ponderadas y compartidas».

 

Lo que es esencial viene dado por la palabra de Dios y la tradición apostólica, enseñada por la Iglesia, y, especialmente en nuestros días, por el magisterio del Papa Francisco. Con estas bases podremos seguir avanzando hacia la deseada comunión eclesial en la vida diocesana.

Que la Virgen María, en la advocación de Nuestra Señora de la Calle, patrona de Palencia, nos ayude en esta nueva singladura que ahora comenzamos.

 

+ Mons. Esteban Escudero. Obispo de Palencia

S.I. Catedral de Palencia

29 de agosto de 2013



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