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Homilía de la celebración por las víctimas en los Alpes franceses el 24 de marzo de 2015

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El cardenal arzobispo de Barcelona ha presidido la celebración religiosa por las víctimas del 24 de marzo de 2015 en los Alpes franceses y de consuelo y solidaridad con sus familiares y amigos

Esta tarde se ha celebrado la celebración religiosa presidida por el cardenal arzobispo de Barcelona Dr. Lluís Martínez Sistach quien ha rezado por las víctimas mortales del accidente aéreo del vuelo Barcelona-Düsseldorf. También han participado representantes de las comunidades evangélica, judía y musulmana que han dirigido su consuelo y sus oraciones a familiares y amigos.

En su homilía, el cardenal Martínez Sistach ha manifestado que: “Todos deseamos encontrar en la plegaria el consuelo y la paz que Dios nos puede dar en estos momentos de sufrimiento, de manera muy especial a vosotros queridos familiares.” También ha expresado la voluntad “de acompañar a los familiares cordialmente todos los que participamos en esta celebración religiosa, los Reyes de España, las primeras autoridades del Estado español y de la Generalitat de Catalunya, las otras autoridades y representantes de Alemania, Francia y de las distintas religiones, y los alumnos del Instituto de Llinars del Vallés.”
Los Reyes de España han encabezado la representación de jefes de Estado y autoridades civiles, entre las cuales el presidente del gobierno de España, Mariano Rajoy, y el presidente del gobierno de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, que han asistido en una celebración religiosa que ha contado con 1.200 personas entre el público, la mayoría de ellas familiares y amigos de las víctimas del vuelo Barcelona-Düsseldorf.

Homili?a del Sr. Cardenal Arzobispo de Barcelona, Dr. Llui?s Marti?nez Sistach, en la eucaristi?a por las vi?ctimas del accidente ae?reo del vuelo Barcelona – Du?sseldorf, de 24 de marzo de 2015, Basi?lica de la Sagrada Familia, 27 de abril de 2015.

Nos hemos reunido, queridos hermanos y hermanas, en esta Basi?lica de la Sagrada Familia para rezar por nuestros queridos difuntos vi?ctimas del tra?gico accidente de aviacio?n de aquel reciente doloroso 24 de marzo. Nuestra celebracio?n religiosa con representantes de diversas confesiones religiosas quiere expresar nuestro afecto a las vi?ctimas y a sus familiares. Llevamos en nuestro corazo?n –de una manera muy especial sus familiares y amigos- el dolor por la muerte de estos queridos hermanos. Todos deseamos encontrar en la plegaria el consuelo y la paz que Dios nos puede dar en estos momentos de sufrimiento, de manera muy especial a vosotros queridos familiares. Les acompan?amos cordialmente todos los que participamos en esta celebracio?n religiosa, los Reyes de Espan?a, las primeras autoridades del Estado espan?ol y de la Generalitat de Catalunya, las otras autoridades y representantes de Alemania, Francia y de las distintas religiones, y los alumnos del Instituto de Llinars del Valle?s. El Papa Francisco se hizo cercano a los familiares con su pe?same el mismo di?a del accidente. Todos llevamos en nuestro corazo?n el dolor y la plegaria por las vi?ctimas y los heridos del terremoto del Nepal y por las vi?ctimas de las pateras en el Mediterra?neo.

El mensaje que ofrece San Pablo llena los corazones de consuelo y de esperanza: “Ninguno de nosotros vive para si? mismo y ninguno muere para si? mismo. Si vivimos, vivimos para el Sen?or; si morimos, morimos para el Sen?or; en la vida y en la muerte somos del Sen?or”. Siempre estamos en las manos paternales de Dios que nos ha dado a su Hijo y que por amor a la humanidad murio? en el Calvario.

El Ge?nesis nos dice que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios, y e?l que es eterno ha puesto en nosotros la semilla de la eternidad. Asi?, el Concilio Vaticano II nos dice que “el hombre juzga certeramente por instinto de su corazo?n cuando aborrece y rechaza la ruina total y la desaparicio?n definitiva de su persona. La semilla de eternidad que el hombre lleva en si?, al ser irreductible a la sola materia, se rebela contra la muerte” (GS 18).

Queridos hermanos y hermanas, Dios nos ha creado para vivir eternamente y para poseer en e?l la felicidad eterna. Por esto, pedimos para que Dios misericordioso haya acogido a nuestros hermanos, gocen de esta felicidad e intercedan por nosotros que au?n peregrinamos por este mundo.

Celebramos el tiempo pascual con la alegri?a de la resurreccio?n de Cristo. San Pablo nos ha dicho que “para esto murio? y resucito? Cristo: para ser Sen?or de vivos y muertos”. Participamos de la resurreccio?n del Sen?or y e?sta es nuestra esperanza ante la muerte de nuestras familiares y pensando tambie?n en nuestra propia muerte. Cristo con su muerte y su resurreccio?n nos ha liberado de la muerte definitiva y nos llama a compartir su misma vida.

La muerte violenta y repentina de nuestros queridos hermanos podri?a como paralizar la vida de quienes les aman muchi?simo. Sin embargo, el mensaje paulino que hemos escuchado nos ha de dar coraje para vivir para el Sen?or y para los hermanos, para amar a Dios y amar a los hermanos, esperando con la ayuda y la misericordia del Sen?or encontrarnos un di?a con ellos en la Jerusale?n celestial. El libro del Apocalipsis nos dice que en la Jerusale?n celestial “Dios enjugara? todas las la?grimas de sus ojos, y no existira? ma?s la muerte, ni duelo, ni gritos, ni penas. Las cosas de antes han pasado”.

Hemos escuchado el texto evange?lico de las Bienaventuranzas. Jesu?s se solidariza con los pobres, con los que esta?n de duelo, con los humildes, con los que tienen hambre y sed de justicia, con los compasivos, con los limpios de corazo?n, con los paci?ficos y los pacificadores, con los perseguidos por el hecho de ser justos…

El Sen?or Jesu?s les dice que son felices porque para todos ellos quiere el reino de los cielos. Dios es compasivo, clemente y misericordioso. Y el Papa Francisco nos ha dicho que Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. Misericordia es quiza?s la palabra ma?s frecuente en el vocabulario del Papa Francisco.

Todos tenemos siempre necesidad de contemplar el misterio de la misericordia divina que es fuente de alegri?a, de serenidad y de paz. Misericordia es el acto supremo con el cual Dios viene a nuestro encuentro. Misericordia es la norma fundamental que habita en el corazo?n de cada persona, cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de la vida. Misericordia es la vi?a que une a Dios y al hombre, porque abre el corazo?n a la esperanza de ser amado, no obstante el li?mite de nuestro pecado y de nuestra muerte. A la misericordia del Padre confiamos las vi?ctimas y tambie?n a sus familias y amigos que sufren esta separacio?n.

Hoy celebramos la fiesta de la Mare de De?u de Montserrat, patrona de Catalun?a. Hemos de mirar a Mari?a, como Madre de Misericordia. La dulzura de su mirada maternal nos acompan?a siempre. Mari?a ha conocido la profundidad del dolor humano, ella que estuvo al pie de la cruz de su Hijo amado.

A ella dirigimos la antigua y actual oracio?n de la Salve Regina, para que hoy y siempre Mari?a gire hacia nosotros sus ojos “tan misericordiosos, y despue?s de este destierro nos muestre a Jesu?s, fruto bendito de su santo vientre”.

A ella confiamos especialmente nuestros hermanos que murieron en aquel vuelo ae?reo que termino? en los Alpes franceses y le pedimos que sea realidad lo que el poeta Jacint Verdaguer pedi?a a la Mare de De?u de Montserrat en su Virolai: “Guieu-nos cap al cel”.

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