Rincón Litúrgico

Homilía de José-Román Flecha para la solemnidad de la Natividad del Señor

UN NIÑO NOS HA NACIDO

Solemnidad de la Natividad del Señor, 25 de diciembre de 2012

 

“Dios ha iluminado esta noche santa con el nacimiento de Cristo, la luz verdadera”. Así lo recordamos en la primera oración de la misa de medianoche. La luz brilla en la tiniebla. En la oscuridad del mundo. Y en la turbación de nuestras conciencias. Dios nos ha ofrecido su luz en la persona de Jesús, nacida para nuestra salvación.

El misal nos ofrece tres formularios diferentes para la celebración de las misas en esta solemnidad de la Natividad del Señor. La variedad y riqueza de las lecturas bíblica nos ayuda a meditar el misterio del Hijo de Dios que se hace hombre y entra con todo derecho en la historia humana.

En la primera misa, precisamente la que se celebra en el corazón de la noche, los ángeles cantan la gloria de Dios y la paz que él regala a sus hijos como don y como tarea. Los ángeles trasmiten a los pastores la buena noticia del nacimiento de Jesús. Su mensaje les invita a superar el temor y a gozar de la alegría de la salvación.

 

LOA MENSAJEROS

 

En la segunda misa el protagonismo pasa a los pastores (Lc 2,15-20). En aquel tiempo los pastores no eran fiables. No podían ser llamados a testificar en los tribunales humanos. Sin embargo, Dios los elige, precisamente a ellos, como testigos privilegiados del acontecimiento más importante de la historia. En tres puntos resume su suerte y vocación el evangelio.

En primer lugar, se ve que la palabra de los ángeles no ha caído en el vacío. A los pastores corresponde la responsabilidad de actuar. De hecho, se pasan unos a otros la palabra, “dialogan” y se animan mutuamente a ir con rapidez a Belén para “ver” lo que han “oído” de parte del Señor. Entran en juego tres sentidos humanos. La fe suscita el coloquio.

En segundo lugar “encuentran” a María, a José y al niño acostado en un pesebre. Con esas pocas palabras, el relato evangélico sugiere la sorpresa ante el hallazgo, la verificación del mensaje, el estupor ante lo inesperado. La fe suscita el asombro ante lo imprevisto, es decir ante el misterio que supera las humanas previsiones.

En tercer lugar, los pastores “cuentan” a María y a José lo que los ángeles les han dicho sobre aquel niño. Los humildes tienen una palabra que puede aclarar el misterio. Sin pretenderlo, los pastores asumen el papel de los ángeles. Se convierten en mensajeros de Dios. En cierto modo, ellos mismos son un mensaje de gracia.

 

EL VERBO DE DIOS

 

En la tercera misa de este día se proclama el comienzo del evangelio de San Juan, que se leerá de nuevo en el segundo domingo después de la Navidad. Pero ya en este día se subraya la frase central de esta profunda meditación: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Una vida no nos bastaría para agotar su riqueza.

• “El Verbo se hizo carne”. La sabiduría que se cantaba ya en los textos de Israel no es tan sólo el contenido o el tono de los discursos humanos. La Palabra de Dios es Dios. Pero se ha hecho carne. No es una mera idea. En Jesús se hace tangible y visible.

• “El Verbo habitó entre nosotros”. El texto original sugiere que la Palabra de Dios ha plantado su tienda de campaña entre los hombres. La Palabra de Dios acompaña la peregrinación humana para iluminar los caminos de todo el que la acoge con fe.

Los relatos de ángeles y pastores atraen más la imaginación que la honda meditación sobre el Verbo de Dios. Pero aquéllos y ésta coinciden en señalar el modo admirable como Dios ha restablecido la dignidad humana por este Niño nacido para nosotros.

– “Dios de misericordia: hoy que nos ha nacido el Salvador para comunicarnos la vida divina, humildemente te pedimos que nos haga igualmente partícipes del don de su inmortalidad”. Amén.

 

José-Román Flecha Andrés

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,