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Homilía de Jesús Catalá en el 350 aniversario del monasterio de las Carmelitas de Cañete la Real

Homilía de Jesús Catalá en el 350 aniversario del monasterio de las Carmelitas de Cañete la Real

Mons. Catalá: «Nuestro mundo necesita “carmelos”, donde se adore verdaderamente a Dios»

 

D. Jesús Catalá, en la homilía pronunciada con motivo del 350 aniversario del monasterio de las Carmelitas de Cañete la Real, ha manifestado que «nuestro mundo necesita “carmelos”, donde se adore verdaderamente a Dios, se viva el discipulado de Jesucristo amando al hermano, y se respire el hálito del Espíritu Santo».

 

EUCARISTÍA CON MOTIVO DEL 350 ANIVERSARIO DE LA FUNDACIÓN DEL MONASTERIO DE LAS CARMELITAS

(Cañete la Real, 18 julio 2013)

Lecturas: 1 Re18,42b-45a; Sal 14,1,2-4; Gál 4,4-7; Jn  19,25-27.

1. El Señor nos concede darle gracias hoy por el regalo de este Monasterio en Cañete. En la lectura del primer libro de los Reyes, que hemos escuchado, se nos presenta a Elías, profeta que vela por la purificación de la fe de Israel. El pueblo ha caído en la idolatría y en el culto a los falsos dioses baales. Los profetas verdaderos han sido asesinados y solo ha quedado Elías, que es perseguido a muerte por la reina Jezabel. También hoy se persigue a los cristianos por mantener la fe en el Dios único.

El profeta Elías sube al monte Carmelo, para adorar al Dios único, creador de cielos y tierra; en las ciudades, en los llanos y en los altozanos se da culto a otros dioses. Este Monasterio, que cumple ahora trescientos cincuenta años, es como el monte Carmelo, donde se adora al Dios verdadero, se le ama y se le rinde culto litúrgico y espiritual en el corazón de cada religiosa, que forma parte de esta comunidad monástica.   Queridas hermanas, sois un “carmelo”, un jardín, donde se respira el aroma de la fe, el perfume de la esperanza y el bálsamo del amor. Nuestro mundo necesita “carmelos”, donde se adore verdaderamente a Dios, se viva el discipulado de Jesucristo, amando al hermano, y se respire el hálito del Espíritu Santo.

2. Nueve siglos antes del nacimiento de Cristo, el profeta Elías predicaba la pureza de la fe en el Dios de Israel. El rey Ajab obró mal a los ojos de Dios y su esposa Jezabel dio culto a los falsos dioses baales, exterminando a todos los profetas del Señor (cf. 1 Re 18,4); solo había escapado el profeta Elías, que era perseguido a muerte.

Elías, huyendo de la persecución se encuentra con el Señor y le dice: «Ardo en celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza, han derribado tus altares y han pasado a espada a tus profetas; quedo yo solo y buscan mi vida para quitármela» (1 Re 19,10).

El profeta Elías, lleno de celo por el único Dios verdadero, es un contemplativo, arrebatado por el absoluto de Dios. Esta experiencia le lleva a predicar al pueblo y a conducirlo al único Dios, solidarizándose con los pobres y los necesitados. El Carmelo ha heredado de él su deseo de interiorizar la Palabra de Dios en el corazón, su ímpetu en la predicación, el testimonio de su vida de fe, la presencia comprometida en el mundo, y la aceptación de Dios en todos los momentos y circunstancias de la vida, como rezan las Constituciones (cf. Cap. V).

Elías mandó convocar en el monte Carmelo a todos los falsos profetas de los dioses baales, para que hicieran un sacrificio a sus dioses; ante el fracaso de los falsos profetas, Elías los degolló en el torrente Quisón (cf. 1 Re 18,40) y tuvo que huir. Quería seguir adorando al Dios de Israel, el único Dios viviente, frente a la idolatría de los falsos dioses.

La Regla de san Alberto invita a los carmelitas a vivir continuamente en obsequio a Jesucristo, es decir, a reconocer a Cristo como Señor y Dios, dedicándole la propia existencia en fidelidad y servicio.

3. Demos gracias a Dios, recordando la historia de este Monasterio de Madres Carmelitas de Cañete la Real (Málaga). Su fundación fue debida al Dr. Melchor de Rojas y Saavedra, hijo ilustre de la ciudad y Rector que había sido de la Universidad de Osuna (1606-1609). Manifestó en su testamento, en 1645, su voluntad de que fuera un convento de monjas de clausura de estricta observancia y que se titulara del Santísimo Sacramento; para ello cedió unas casas de su propiedad en el centro mismo de la población.

Sus albaceas encontraron en las carmelitas observantes de Villalba del Alcor (Huelva) las mejores candidatas para llevar a cabo este proyecto. El arzobispo de Sevilla, Fr. Pedro de Urbina, otorgó las licencias de la fundación, puesto que tanto Villalba como Cañete la Real pertenecían a su jurisdicción.

En 1662 llegaron a Cañete para la nueva fundación seis monjas, de probada virtud, quienes tomaron posesión del convento. Se colocó el Santísimo Sacramento y tuvo lugar una hermosa predicación de un padre carmelita de la comunidad de Antequera, asistiendo a este acto lo más ilustre de esta villa.

4. Esperamos que no haya decaído en este Monasterio la virtud y el buen espíritu de los inicios, a pesar de haber transcurrido tantos años. El vino añejo, cuanto más viejo tiene mejor sabor. Se conserva en el Monasterio un libro, donde se puede conocer la vida ejemplar y virtuosa de varias religiosas.

Por muchas y difíciles circunstancias ha pasado este Monasterio, a punto de extinguirse en varias ocasiones, incluso en fechas recientes. Pero Dios ha querido mantener este “Carmelo” en el corazón mismo del pueblo de Cañete.

Actualmente el Monasterio está compuesto por un grupo de religiosas jóvenes, venidas de diferentes países, que siguen manteniendo las buenas tradiciones, asistidas por jóvenes capellanes, que aprecian el valor la vida religiosa de clausura.

Agradezco a los diversos sacerdotes, que han regentado esta parroquia, y al actual párroco, D. Jesús, que, desde su celo pastoral, han atendido espiritualmente a la comunidad monástica; así como la presencia de quien lleva ya cincuenta años sirviendo a este Monasterio, el p. José, carmelita de Sevilla. También quiero agradecer a los habitantes de esta ciudad de Cañete el aprecio y la ayuda, que ofrecéis a las carmelitas.

5. En este Año de la Fe estamos llamados a purificar nuestra fe de las adherencias a otras cosas, que nos apartan de Dios. Al igual que el profeta Elías, debemos desterrar de nuestra vida los falsos dioses y dar culto al verdadero Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo (cf. Rm 15,6).

Debemos dejar que la luz de la fe penetre en nuestras vidas y las ilumine con su claridad divina. Sin embargo, en nuestra sociedad se ha renunciado a esa luz, como dice el papa Francisco en su primera encíclica: “El hombre ha renunciado a la búsqueda de una luz grande, de una verdad grande, y se ha contentado con pequeñas luces, que alumbran el instante fugaz, pero que son incapaces de abrir el camino. Cuando falta la luz, todo se vuelve confuso, es imposible distinguir el bien del mal, la senda que lleva a la meta, de aquella otra que nos hace dar vueltas y vueltas, sin una dirección fija” (Lumen fidei, 3).

Este Monasterio, queridos hermanos, debe ser un hogar, donde el calor del amor de Dios alcance a las personas que aquí se acerquen; y donde la luz de la fe llegue a quienes sinceramente buscan a Dios.

6. Las bases de la espiritualidad de la Orden carmelitana, junto con la contemplación, son la inspiración en el profeta Elías, del que ya hemos hablado; y la espiritualidad mariana, que los carmelitas han cultivado desde el principio.

El Carmelo encuentra en la Virgen María su modelo y la imagen de lo que anhela ser. Ella es Patrona de la Orden y Madre del Carmelo, fuente de inspiración de su espiritualidad. La Santísima Virgen María vivió la integridad de la fe, la prontitud de ánimo, la apertura a Dios y la aceptación de su Palabra, que fecundó su alma y su seno.

Cada monasterio es como un cenáculo, donde, en compañía de María, la Madre de Jesús, las monjas imploran por la plegaria la acción del Espíritu Santo en el Pentecostés permanente de la Iglesia, como dicen lasConstituciones (cf. Cap. VI). Las monjas carmelitas, fieles a la rica tradición de la Orden, prestáis un servicio inestimable al pueblo de Dios, en el ardor de la oración, de la contemplación y del celo apostólico.

7. Queridas Hermanas, gracias por vuestra presencia en Cañete la Real en estos largos años; gracias por vuestra oración por la Iglesia, por la diócesis de Málaga y por cada uno de nosotros.

Necesitamos de vuestro silencio y de vuestra actitud contemplativa. Nuestra sociedad vive muy inquieta y dice no tener tiempo para la contemplación, ni para la oración; así dicen también muchos cristianos. Pero es necesario el silencio, la contemplación y la oración, para sosegar el espíritu y dialogar con Aquel que nos ama, como decía santa Teresa. Un monasterio carmelita es un remanso de silencio contemplativo y de paz, que transmite a los fieles el sosiego espiritual.

Necesitamos, hermanas, de vuestra oración. En tiempos de Elías, por efecto de su oración, no llovió durante tres años; después volvió a orar y de nuevo vino la lluvia copiosa (cf. 1 Re18,45). Vuestra oración es como lluvia que empapa la tierra (cf. Is 55,10); como incienso, que se eleva al Señor, para implorar el perdón de nuestros pecados y la gracia de la conversión; para pedir que el Evangelio sea conocido en todo el mundo; para rogar al Señor de la mies que envíe operarios a su mies (cf. Mt 9,38).

Damos gracias al Señor y pedimos la intercesión de la Virgen del Carmen, para que os proteja y os siga manteniendo en la fidelidad al carisma fundacional. Y a todos nosotros nos ayude a renovar nuestra fe, en este Año de la Fe, a profundizar en ella y a ser buenos testigos de la misma. Amén.



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