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Homilía de Esteban Escudero, obispo de Palencia, por el inicio del pontificado del Papa Francisco

Os anuncio una gran alegría: “tenemos Papa”.

El pasado miércoles, día 13, poco después de las siete de la tarde, una humareda blanca se alzó desde el techo de la Capilla Sixtina. Tanto los miles de personas congregadas frente a la Basílica de San Pedro, como los millones de personas que pudieron verla por televisión comprendieron pronto lo que esta “fumata bianca” significaba que la Iglesia católica tenía un nuevo Papa, que sucedía en la cátedra de San Pedro al Papa emérito Benedicto XVI, que tan honda influencia había ejercido en la Iglesia en sus ocho años de pontificado.

El cardenal Jorge Mario Bergoglio, que ha adoptado el nombre de Francisco I en su nueva misión en la Iglesia, es argentino de nacimiento, tiene 76 años y ha sido hasta ahora arzobispo de la ciudad de Buenos Aires.

Nos hemos reunido esta tarde en esta Santa Iglesia Catedral de Palencia para dar gracias a Dios por haberle elegido, por medio de los cardenales reunidos en cónclave como nuevo Pastor de la Iglesia. Con gran alegría acogemos su nombramiento y le aseguramos, desde este momento, la filial obediencia y una sincera comunión con su ministerio al servicio de todos los católicos.

Yo quisiera que reflexionásemos ahora brevemente sobre la misión que Cristo confió a Pedro, como el primero de entre los Apóstoles, y cómo esa misma misión se ha perpetuado a los largo de los casi dos mil años, hasta llegar a la persona del Papa Francisco I, nuevo Pastor de la Iglesia universal.

La misión de San Pedro en la Iglesia de Cristo

Con el nombre de “Papa”, desde el siglo IV, se suele designar al obispo de Roma, vicario de Cristo, sucesor de San Pedro, cabeza visible de la Iglesia. Según la doctrina católica, esta misión tiene su fundamento en la elección de Pedro por parte de Jesús como el primero de los doce Apóstoles. En el Nuevo Testamento se le nombra siempre antes que a los demás y el día de Pentecostés se hace portavoz de todos ellos (Hch 2,14). Él es también el primer testigo autorizado de la resurrección del Señor. Son varios los textos de los evangelios en los que se habla de la primacía de Pedro en la Iglesia.

En la región de Cesarea de Filipo, Pedro confiesa a Jesús como Mesías y como el Hijo del Dios vivo. Jesús le respondió: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en los cielos” (Mt 16, 17-19). En la Biblia aparece frecuentemente el cambio de nombre a la persona que Dios quiere confiar una misión particular. Jesús cambia el nombre a Simón por el de “Kefas” (en griego Petros), que quiere decir roca o piedra, indicando con esta imagen que él va a ser el cimiento de la casa del nuevo pueblo de Dios, la Iglesia. A esa Iglesia, construida sobre la fe de Pedro, se le promete una asistencia especial, de forma que los poderes del mal no podrán destruirla.

La misión especial que Pedro va a tener en la Iglesia de Cristo es descrita con la imagen de las llaves y la expresión semítica “atar y desatar”. Jesús, con la imagen de las llaves, indica la autoridad que en adelante va a tener Simón-Pedro sobre la nueva comunidad del Mesías. A él le corresponderá abrir o cerrar el acceso al reino de los cielos, que comienza ya en la Iglesia. La expresión “atar” y “desatar” son dos términos sacados del lenguaje jurídico de los rabinos, que se refieren a las decisiones doctrinales. Pedro, pues, transmitirá autorizadamente las enseñanzas del Maestro, garantizándole Jesús que sus decisiones serán ratificadas por Dios desde los cielos.

A pesar de que Pedro negará a Jesús tres veces antes de la Pasión, el Señor ratificó a Pedro esta misión de confirmar en la fe a sus discípulos: “Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos” (Lc 22, 31-32).

Finalmente, en el evangelio de San Juan se nos narra el momento en el que el Señor resucitado confirmó a Simón Pedro la autoridad sobre su Iglesia, que le anunció en Cesarea de Filipo, al preguntarle por tres veces: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos? Él le contestó: Sí, Señor, tú sabes que te quiero. Jesús le dice: apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas” (Jn 21, 15-17). A la triple confesión del amor de Pedro, se corresponde el triple encargo del Señor de gobernar su rebaño aquí en la tierra.

La continuidad en la Iglesia de la misión de San Pedro

San Pedro murió crucificado en Roma durante la persecución de Nerón. Los restos de su sepulcro se han conservado hasta nuestros días en la colina Vaticana. Conocemos también los nombres de sus sucesores en la sede de Roma. A lo largo de la historia de la Iglesia se han sucedido hasta ahora 266 Romanos Pontífices. Pero ha sido el propio Jesucristo, que nos aseguró su permanencia entre nosotros por la acción del Espíritu Santo, quien ha seguido guiando a su Iglesia por medio de estos Vicarios suyos en la tierra.

El Papa Francisco es, pues, desde el momento de su elección como obispo de Roma y, por lo tanto, como sucesor de San Pedro, el “principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de los fieles” (LG 22-23). Tiene como misión confirmar en la fe a todos los discípulos de Cristo y presidir en la caridad el conjunto de las Iglesias particulares -las diócesis- que forman la Iglesia universal.

Y ya en sus primeras palabras en estos días ha querido enviar a la Iglesia mensajes importantes. En el primero de ellos nos advirtió que sin el anuncio de Cristo –y Cristo crucificado- la Iglesia puede convertirse en una ONG asistencial, un castillo en la arena, que se viene abajo. Estas fueron algunas de sus palabras:

“Edificar la Iglesia, la Esposa de Cristo, sobre aquella piedra angular que es el mismo Señor. Podemos caminar todo lo que queramos, podemos edificar muchas cosas, pero si no confesamos a Jesucristo, la cosa no va. Nos convertiremos en una ONG asistencial, pero no en la Iglesia, Esposa del Señor. /…/ El mismo Pedro que confesó a Jesucristo, le dice: Tu eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo. Yo te sigo, pero no hablemos de Cruz. Te sigo con otras posibilidades, sin la Cruz. Cuando caminamos sin la Cruz, cuando edificamos sin la Cruz y cuando confesamos a un Cristo sin Cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor”.

Y ayer mismo, en una alocución a los Srs. Cardenales afirmó: “Estimulados también por la celebración de Año de la Fe, todos juntos, pastores y fieles, nos esforzaremos en responder fielmente a la misión de siempre: llevar a Jesucristo al hombre y conducir el hombre hacia Jesucristo… Es Cristo quien guía a la Iglesia por medio de su Espíritu… No cedamos nunca al pesimismo, a la amargura que el diablo nos ofrece cada día: no cedamos al pesimismo y al desánimo. Tenemos la firme certeza que el Espíritu Santo da a la Iglesia, con su soplo fuerte, el coraje de perseverar y buscar nuevos métodos de evangelización… Porque la verdad cristiana es atrayente y persuasiva, porque responde a la necesidad profunda de la existencia humana y el anuncio de Cristo es válido hoy como lo fue al inicio del cristianismo”.

Termino. Pidamos al Señor que bendiga su ministerio, le conforte en la ardua misión que se ha depositado sobre sus hombros y sea siempre para todos nosotros modelo de santidad y de servicio pastoral en favor de todos los hombres, especialmente de los más débiles y necesitados. Amen.

+ Mons. Esteban Escudero. Obispo de Palencia.

S.I. Catedral de Palencia.

16 de marzo de 2013. 18.00 horas.

 



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