Rincón Litúrgico

Homilía Cuarto Domingo de Pascua, C, (17-4-2016), por José-Román Flecha de Andrés

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Homilía Cuarto Domingo de Pascua, C, (17-4-2016), por José-Román Flecha de Andrés

El Cordero y las ovejas es el título homilético para Homilía Cuarto Domingo de Pascua, C, (17-4-2016), por José-Román Flecha de Andrés

“Teníamos que anunciaros primero a vosotros la palabra de Dios; pero como la rechazáis y no os consideráis dignos de la vida eterna, sabed que nos dedicamos a los gentiles. Así nos lo ha mandado el Señor”. (Hech 13, 46). Son impresionantes esas palabras de Pablo y Bernabé, al constatar el rechazo de sus oyentes a la palabra que predican.

El discurso de Pablo a los judíos en Antioquía de Pisidía es paralelo al que dirigirá a los griegos en Atenas. Son dos formas de anunciar el mensaje de Jesucristo a las dos culturas antagónicas del momento. El Apóstol es un hombre bicultural y las conoce bien. Sabe y proclama que el evangelio de Jesús es salvación para unos y para otros.

Pero su experiencia es dura. Los judíos esperan un mesías poderoso. Los gentiles del mundo helénico solo buscan una nueva sabiduría. Así que ambos rechazan a Cristo. Como dirá Pablo a los Corintios, el Cristo crucificado es escándalo para los judíos y necedad para los gentiles. Mas para los llamados es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1 Cor, 1-23-24).

EL CORDERO

El Apocalipsis ha sido escrito en una hora de persecución a los que que han aceptado a Cristo como su Señor. Por eso resultan molestos a los poderes del imperio. Ante los ojos del autor de este libro pasa la muchedumbre inmensa de los que “vienen de la gran tribulación y han lavado y blanqueado sus mantos en la sangre del Cordero” (Ap 7,14).

Por tres veces se menciona al Cordero en la segunda lectura de este domingo. Aunque suene a paradoja, la Sangre del Cordero ha blanqueado los mantos de los mártires. Es más, el Cordero les libra del hambre y de la sed, del sol y del bochorno, como anunciaba el libro de Isaías a los que retornaban del destierro (Is 49,10). Además, el Cordero será su pastor y los conducirá hacia fuentes de aguas vivas.

La imagen del Pastor es la señal característica de este domingo 4º de Pascua. Todos los años proclamamos en este día el capítulo 10 del evangelio de Juan. Cada año nos sorprende un detalle que ya creíamos aprendido y asimilado. Este año vemos que Jesús se identifica con el Pastor generoso que guía y protege a las ovejas recibidas del Padre celeste (Jn 10,27-30).

Y EL PASTOR

El breve texto del evangelio de hoy se articula en tres contraposiciones que hablan de la misericordia del Pastor y de sus dones, pero también de la suerte de las ovejas:

• “Mis ovejas escuchan mi voz y yo las conozco”. El primer don es la escucha. Escuchar la voz del Señor en medio de la algarabía de este mundo es signo de fidelidad.

• “Mis ovejas me siguen y yo les doy la vida eterna”. El segundo don es el seguimiento del Señor. Seguirle exige renunciar a nuestro capricho y aceptar su plan.

• “Mis ovejas no perecerán para siempre y nadie las arrebatará de mi mano” El tercer don es la pertenencia. Ser de Cristo da a los creyentes una seguridad que nadie puede imaginar.

– Señor Jesús, Tú eres el Cordero que se entrega por nosotros y el Pastor sabio y generso que nos guía y nos defiende. Queremos permancer a la escucha fiel de tu palabra. Bien sabemos que en ella radica nuestra paz y nuestra confianza. Danos tu luz y tu fuerza para anunciar esta gracia que nos concedes y esta responsabilidad que nos pides cada día. Amén.

José-Román Flecha Andrés

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Sobre el autor José Román Flecha Andrés

José Román Flecha Andrés, sacerdote, catedrático de Teología Moral, especializado en Bioética,