Revista Ecclesia » Homilía 17º Domingo Tiempo Ordinario, C, (28-7-2013), por José-Román Flecha
Jesús y la oración
Rincón Litúrgico

Homilía 17º Domingo Tiempo Ordinario, C, (28-7-2013), por José-Román Flecha

Homilía 17º Domingo Tiempo Ordinario, C, (28-7-2013), por José-Román Flecha

“Regateo y petición” es el título homilético de José Román Flecha para el 17º Domingo Tiempo Ordinario, C, (28-7-2013)

El regateo no tiene sentido en una sociedad corrompida, donde se conceden los servicios a los amigos. Además, la organización de los grandes almacenes impone precios fijos tanto a sus clientes como a sus proveedores. La sociedad occidental ha olvidado el arte del regateo sobre los precios. O lo había olvidado, porque la crisis económica ha obligado a muchos a emplear aquel recurso para vender al menos algunos artículos o prestar algún servicio.

En muchos países de Oriente, el regateo es un arte. Casi una pieza de teatro. Es importante no sólo para la compraventa, sino también para las relaciones sociales. El regateo  lleva al vendedor a conocer las posibilidades, las intenciones y las fantasías del comprador.

Pues bien, el libro del Génesis (18,20-32) presenta al patriarca Abrahán regateando nada menos que con Dios. Trata de ver hasta dónde llega la tolerancia de Dios con el pecado de Sodoma. ¿Cuántos justos bastarían para que Dios perdonase los crímenes de la ciudad?

Este hermoso diálogo que Abrahán mantiene con sus huéspedes, es decir con el mismo Dios, es ante todo una revelación del mismo Dios y de su misericordia. Es un retrato de Abrahán y de su amistad con Dios. Y es una pauta para la oración, confiada e insistente.

 

CAMINO DE ORACIÓN

 

El evangelio de Lucas ofrece muchas alusiones a la oración. El texto que hoy se proclama (Lc11,1-13) podría dividirse en tres partes, que están centradas en el mismo tema. En la primera, se contiene la enseñanza de una oración, en la segunda una doble parábola y en la tercera una exhortación.

– En la primera, aparecen los discípulos, que viendo orar a Jesús, le suplican: “Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos”. Los discípulos sabían orar. Pertenecían a un pueblo que tenía la oración como una característica habitual. Pero piden a Jesús que les enseñe una oración que los distinga para siempre. Y él les enseña el “Padre nuestro”.

Según Benedicto XVI, Jesús “nos hace partícipes de su modo de orar, nos introduce en el diálogo interior del amor trinitario, eleva nuestras necesidades humanas hasta el corazón de Dios… Las palabras del Padre nuestro indican el camino hacia la plegaria interior, contienen orientaciones fundamentales para nuestra existencia, nos modelan a imagen del Hijo”.

– En la segunda parte del evangelio, para subrayar la acogida que Dios presta a nuestras súplicas,  Jesús expone las comparaciones del amigo y del padre. Si el amigo se levanta a dar los panes al que se los pide a media noche, lo mismo hará el Padre. Si el padre terreno da cosas buenas a su hijo, también el Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo piden.

 

DESAMPARO Y ACOGIDA

 

Todavía hay una tercera parte en el texto evangélico de hoy. La que expresa una exhortación y una promesa, seguida de unas motivación de tono sapiencial con sabor a proverbio popular:

• “Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá”. Tres verbos recuerdan la condición humana. Con demasiada frecuencia hacemos gala de nuestro orgullo y de nuestra pretendida autosuficiencia. Nos engañamos a nosotros mismos. Hemos de confesar que nuestra vida está marcada por la necesidad, la desorientación y el desamparo.

• “Porque quien pide recibe, quien busca halla, y al que llama se le abre”. Tanto la presunción como la desesperación nos impiden caminar. Pero la causa humana no está perdida. Basta reconocer con humildad nuestra deficiencia y dirigirnos confiadamente a Dios. Esos versos en pasiva evitan su santo nombre, pero prometen que al que llama Dios le abre.

– Padre de los cielos, Abrahán nos dio ejemplo de confianza en tu misericordia. Y Jesús nos ha enseñado a confiar en tu bondad. Creemos que la verdadera cosa buena que puede alcanzar de ti nuestra oración es el Espíritu de tu Hijo y nuestro hermano.

José-Román Flecha Andrés

 



O si lo prefieres, regístrate en ECCLESIA para acceder de forma gratuita a nuestra revista en PDF

HAZME DE ECCLESIA

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Cada semana, en tu casa