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Homenaje a D. Víctor Garaigordobil, en Urkiola

Homenaje a D. Víctor Garaigordobil, en Urkiola
El 1 de mayo, en el marco del encuentro anual que celebran las Misiones Diocesanas Vascas, se rendirá un homenaje a D. Víctor Garaigordobil quien este año celebra dos aniversarios: 70 años de
sacerdote y 50 años de su ordenación episcopal en Ecuador. El acto homenaje, en el que participará el obispo de Bilbao, se celebrará en el Hotel Santuario Lagunetxea y comenzará a las 11:30 h. A las 13:00 se celebrará una eucaristía en la que concelebrarán junto a D. Mario Iceta, los obispos de San Sebastián y Vitoria junto al obispo emérito D. Juan María Uriarte.

D. Víctor Garaigordobil nació hace 98 años (17-10-1915) en el caserío Amaitermin (Abadiño). Se ordenó presbítero hace 70 años y recibió la ordenación episcopal en la catedral de Babahoyo (Ecuador), el 30 de enero de 1964.
Durante la Guerra Civil estuvo de camillero en Santo Domingo y Artxanda. Le destinaron al frente a Santander, Oviedo, Teruel, Lérida y al finalizar la guerra, a Cuenca. En cuanto volvió a casa entró en el seminario de Vitoria. Una vez ordenado cura (27-6-1943), le trasladaron a la parroquia de San Pedro, de Deusto. Estuvo allí durante dos años. Tras ejercer de formador en el Seminario
de Vitoria, durante tres años, fue a Ecuador como misionero.
Durante 34 años permaneció en tierra de misión y formó parte de los primeros ocho misioneros que salieron en octubre de 1948 desde Euskadi a Ecuador. Este fue el origen de las primeras Misiones Diocesanas. Su opción preferencial por los pobres marcó su tarea primero como ayudante, después
como responsable, administrador apostólico y finalmente como obispo aunque, como siempre ha manifestado, aceptó el nombramiento como “miembro del grupo misionero vasco”, ya que si por algo se ha destacado ha sido por su carácter humilde.
En 1982, cuando D. Víctor consideró que el grupo de misiones de las tres diócesis vascas no le necesitaba, presentó su renuncia a Juan Pablo II. Una vez en Bizkaia, solicitó al obispo D. Luis María Larrea que le encomendara tareas pastorales. Lo destinaron a la comunidad misionera del Santuario de Urkiola y allí prosigue realizando labores de “cura sacristán”, como él mismo se denomina, desde hace 32 años.
La txapela
Pocas veces se le ha visto a D. Víctor con los atuendos episcopales, porque con lo que de verdad se siente cómodo es con la txapela. Así fue ataviado a la última sesión del Concilio Vaticano II, y le denominaron “el obispo de la txapela”. Allí tuvo dos intervenciones: una sobre las Misiones Diocesanas y la otra, sobre la necesidad de un Consejo que ayudara al obispo diocesano.  Es ágrafo, apenas existen escritos suyos. Tampoco ha sido obispo de cartas o Exhortaciones Pastorales. Los que le conocen bien dicen que es reflexivo, poco locuaz, pero de una dicción brillante. Dedica mucho tiempo a la oración. Es también amante del silencio y de la soledad pero disfruta mucho de las tertulias con sus familiares y amigos.



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