Opinión

Hipócrates y el aborto, por Fidel García Martínez

Hipócrates y el aborto, por Fidel García Martínez

El prestigioso ginecólogo Dr. José Martín Lanchas salmantino de nacimiento, gijonés de adopción, pues durante más de tres lustros ha ejercido su profesión en la Villa de Jovellanos, atendiendo a miles de mujeres y ayudando a venir al mundo a miles de niños, colaborando así de esta forma con Dios que es fuente de vida y de amor, disertó el pasado día 25 sobre un tema de vital importancia en la profesión médica como es el de los principios éticos y deontológicos en los que debe fundamentarse el ejercicio de la medicina en unos tiempos en los como afirma el Dr. Lanchas, la medicina se ha deshumanizado y a la pérdida del prestigio profesional hay que añadir que el médico es un profesional con mucha responsabilidad y mal pagado.

Como afirma el Dr. Lanchas, hoy casi ningún varón quiere hacer medicina: de cada 10 licenciados 8 son mujeres… hasta tal hoy nadie dice, fui al médico, sino fui a la médica y no precisamente por la horrorosa imposición lingüística de la ideología de género.

El Doctor Lanchas inició su conferencia en El Ateneo Jovellanos, exponiendo una breve síntesis sobre la evolución de la medicina desde la Antigüedad, que se fundamentó en prácticas fundadas en el mito, en la magia (…) hasta que en el Renacimiento empezó a ser considerada como ciencia basada en la observación y la experimentación, independizándose de la magia y de las prácticas de hechiceros y curanderos. En esta evolución hacia la medicina actual hay tres nombre importantes: Hipócrates, Galeno y Vesalio, qien fue el primero que analizó la anatomía del cuerpo humano (siglo XVI d.C)

Durante su exposición comentó los principios éticos fundamentales que se deducen del juramento hipocrático como son: enseñar la ciencia médica desinteresadamente sin esperar recompensa; tratar al maestro médico con el mismo respeto que a los autores de mi vida: no accederé a pretensiones que se dirijan a la administración de venenos. Guardaré el secreto profesional.

El Dr. Lanchas se detuvo de forma especial, en un principio fundamental como es el de: No dar venenos ni otros productos contrarios a la vida, aunque me los pidieren, una clara alusión y condena de la Eutanasia, porque como dice el Dr. Lanchas el médico no es dueño de la vida del enfermo, por consiguiente tampoco puede disponer de la muerte de las personas. El Dr. Lanchas fue especialmente contundente en denunciar la práctica del aborto directamente provocado y la terrible mentalidad que ve en el aborto signo de progresismo, cuando es una violencia institucionalizada contra el derecho fundamental y base de todos los derechos: el de la Vida. Fundó su argumentación en el principio del juramento hipocrático: me abstendré de aplicar a las mujeres presarios abortivos: pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. En su argumentación contra el aborto y a favor de la vida, denunció la paradoja de que lo que hace unos años era un crimen, ahora es un mérito para recibir una presea. Ninguna mujer que quiera abortar encontrará impedimento alguno, si no es en la sanidad pública, será en la privada por un módico precio. En España afirmó el Sr. Lanchas responsable del primer centro de planificación familiar establecido en Gijón, para evitar precisamente el aborto, porque en España se realizan unos 110.000 abortos. Resulta una monstruosidad según el propio doctor que en España desde que se aprobó la ley del aborto hace 32 años se haya impedido nacer 3.500.000 de niños. En Hiroshima y Nagasaki murieron 200.000. Se pregunta ¿cómo es posible que en Gijón se haya dado el nombre de Tren de la libertad al espacio liberado de las vías: ¿en nombre de qué, de los fetos y embriones triturados? También se mostró crítico con la nueva institución Sociedad Internacional de Bioética con sede en La Gota de Leche de Gijón, así como con la asignatura llamada Bioética porque según afirmó no son necesarias si todo profesional médico asumiera su compromiso hipocrático (…) a veces nos empeñamos en duplicar y triplicar las oficinas sin conseguir nada”

Fidel García Martínez

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