Opinión

Hermanos todos

Tal es título de la última encíclica del Papa, firmada y rubricada  ante el sepulcro de San Francisco de Asís, el hermano de todas las criaturas de Nuestro Señor. El papa Francisco    propone un cántico a la fraternidad y amistad, como camino para lograr y construir  un mundo mejor, más justo y fraterno. 

No es un canto utópico, sino una canción a pie de tierra. Una llamada de atención a todas las personas, pueblos e instituciones. Es un no radical a la guerra, a la globalización del individualismo, egoísmo y pesimismo narcisista. Parte de una visión realista de los tiempos actuales con sus miserias y sus logros, como buen discípulo de  su santo protector San Francisco. No es una encíclica  teológica, sino social basada en el humanismo evangélico, tal como lo vivió el Pobrecillo de Asís, al pregonar las  maravillas de la Creación  obra del Padre común de todos los hombres.  La encíclica  evita toda teoría e ideología política partidista  y abstracta; analiza   con lucidez los graves problemas del mundo actual, bajo  la grave pandemia de la Covid-19. Así, se proclama con solemnidad un “NO” rotundo a todo tipo de guerra, incluida la llama “justa”, como la negación más radical de todos los derechos humanos: las armas nucleares, químicas y biológicas, tienen enormes repercusiones en los más inocentes e indefensos. La acción política tiene que estar alejada de los populismos y  debe estar basada en el respeto de todos los derechos humanos, y en el diálogo, como medios para llegar a resultadas políticos justos y posibles. 

Con energía el Papa rechaza lo que llama cultura de los muros y propone la construcción de puentes de solidaridad, poniendo como modelo al Buen Samaritano de la parábola del Evangelio. La acogida justa y posible  de los migrantes que deben ser respetadas con políticas justas y posibles, para evitar el tráfico  y explotación de  las mafias. Las relaciones internacionales tienen que estar basadas en el respeto y protección de todos los derechos humanos fundamentales, especialmente el de la libertad  religiosa sometida  a persecución sangrienta en países totalitarios y fundamentalistas. Se valora la vocación al servicio público como una de las formas más nobles de la preocupación  por el bien común, meta de toda acción política y económica,  deben estar al servicio de todo los ciudadanos.  Finaliza  la FRATELLI TUTTI proponiendo como ejemplo de  solidaridad y fraternidad universal al beato francés Charles de  Foucauld, modelo para todos de lo que significa identificarse   con los últimos para convertirse el “hermano universal”. El broche de oro   son dos oraciones, una al Creador y otra cristiana ecuménica para que en el corazón de las personas pueda darse: un espíritu de hermandad.

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