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Hemorragia en la vida consagrada, causas y terapias, según el Papa Francisco – editorial Ecclesia

Hemorragia en la vida consagrada, causas y terapias, según el Papa Francisco – editorial Ecclesia

Ya la pasada semana, ecclesia  (páginas 33 y 34) informó del discurso del Papa, en el que calificó las defecciones en la vida consagrada como una «hemorragia», que la debilita a ella y a toda la Iglesia. Según la misma Santa Sede, cada año se producen 2.300 abandonos, cifra que no incluye ni vocaciones nuevas ni defunciones. De este modo, en la actualidad, el número total de consagrados se sitúa por debajo de los 700.000, que, por ejemplo, en España se traduce en un descenso global del 17% de consagrados en la última década. Así, de 51.245 en 2007, hemos pasado en 2016 a 42.460. Y, claro, todo esto –con palabras del Papa- «nos preocupa».

El diagnóstico papal, que los medios de comunicación han acogido de modo unánime, aunque dispar en su valoración y en sus perspectivas de futuro, es, pues, un diagnóstico certero, evidente, doloroso y esperanzado. Y en medio de él, Francisco, una vez más, actúa de «médico» -por continuar con la terminología galena…-, yendo a las causas del problema y proponiendo algunas terapias de sanación. Aspectos estos, dicho sea de paso, que las informaciones y comentarios mediáticos aludidos, han pasado por alto.

Francisco, en primer lugar, atribuye esta situación a la prevalencia de la cultura de lo provisional, de lo fragmentario, del vivir a la carta y ser, incluso, esclavos de las modas, con la consiguiente necesidad «de tener siempre las “puertas laterales” abiertas hacia otras posibilidades» y alternativas.  Esta cultura de lo provisional está imbuida de relativismo práctico, rechaza las opciones y decisiones permanentes y hace imperar «una visión de la existencia por la cual quien no rinde está descartado».

En segundo lugar, «la lógica de la mundanidad» ha abierto también demasiados boquetes en el interior de la Iglesia, idea que el mismo Francisco sintetiza con estas palabras: «Búsqueda del éxito a cualquier precio, del dinero fácil y del placer fácil».

El Papa da un tercer paso para alertar en este conjunto de causas que motivan la hemorragia glosada: algunas «situaciones de contra testimonios que hacen difícil la fidelidad». Son, con coloquiales palabras nuestras, los riesgos de vieja y nueva secularización interna. ¿Cuáles son?: «La rutina, el cansancio, el peso de la gestión de las estructuras, las divisiones internas, la búsqueda de poder —los “trepas”—, una manera mundana de gobernar los institutos, un servicio de la autoridad que a veces se convierte en autoritarismo y otras veces en “un dejar hacer”». Y todo ello acarrea la pérdida o  difuminación de la frescura y de la centralidad de Jesucristo, eje y motor del seguimiento,  de la consagración y de la misión, la consiguiente carencia o anemia de la alegría y esperanza precisas.

A partir de aquí, Francisco –que recordémoslo es consagrado, es religioso jesuita- propone tres grandes terapias con una conclusión final. La primera de ellas es revitalización de la vida fraterna en comunidad, alimentada por la oración, la palabra de Dios, los sacramentos, el diálogo sincero y la misma corrección fraterna. Y es que  «de la renovación de la vida fraterna en comunidad depende mucho el resultado de la pastoral vocacional, el poder decir “venid y veréis” (cf. Juan 1,39) y la perseverancia de los hermanos y de las hermanas jóvenes y menos jóvenes». Y atención, habla de nuevo, el Papa, «porque cuando un hermano o una hermana no encuentra apoyo a su vida consagrada dentro de la comunidad, irá a buscarlo fuera, con todo lo que eso conlleva».

La segunda terapia propuesta es cuidar continua, vigilante, esmerada y celosamente la propia vocación consagrada, a través de la plegaria fiel y asidua, una buena y permanente formación espiritual, humana y teológica y una alerta constante para «no ceder a los criterios de la mundanidad».

Como tercera aportación, Francisco recuerda y subraya la importancia del acompañamiento, de modo que «es necesario que la vida consagrada invierta en el preparar acompañantes cualificados para este ministerio», cuidando de los miembros de la propia congregación religiosa. «No pocas vocaciones se pierden por falta de acompañantes válidos», enfatiza el Papa. Un acompañamiento fiel, sincero, pero sin crear dependencias y marcado por el discernimiento continuo.

La vida consagrada es más importante incluso lo que es que por lo hace (¡y hace tanto y tanto bien!). De ahí, pues, que el consagrado «debe antes dejarse evangelizar para luego comprometerse con la evangelización».

 

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2 comentarios

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  • El Papa como cabeza de la Iglesia visible en la tierra, apunta siempre con certera mirada el desarrollo y devenir de la Iglesia, señalando con el dedo de la vigilancia lo que importa y favorece, más los repuntes de aquello que se considera peligroso a corto o largo plazo.- La causa de este descenso de los consagrados se hace presente en diversas formas de afrontar la vida, en un mundo donde lo que prima es el relativismo y el placer por el placer.- Mantenerse fieles a la gracia de Dios es posible, pero, a veces, cuesta bastante.- Ser fieles para con el Señor, y para con uno mismo, requiere disposición de un corazón grande, enamorado y sin pliegues ni arrugas.- El mundo que nos toca vivir y el ambiente que se respira por todas partes, invita a retozar olvidando el camino estrecho.- La desgana y la falta de celo apostólico se establecen con facilidad en el alma y en el corazón, llegando a minar la disposición interior más arraigada.- La palabra del Papa, es una llamada de atención que no debemos ni podemos olvidar, motivo para pedir al Señor que mande obreros a su mies.-

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  • También se da el caso, al menos se dio hace algún tiempo, que cuando el sacerdote diocesano,(otra hemorragia), acudía a su obispo, en vez de la comprensión paternal, la acogida, el buen consejo y un corazón abierto, encontraba el baculazo y el desprecio. Y la amenaza. Quedaba así aquel sacerdote, casi siempre de buena fe, dejado a su sola fuerza, herido en lo más hondo de su alma, sin ser capaz de ver más salida que la de romper con todo aquello que tanto amó y amaba. También la Iglesia, en forma de Jerarquía, debería hacer una reflexión profunda sobre sus actuaciones para que muchos no tuvieran la sensación de que más que su Madre era su madrastra. Traidor fue lo más bonito que muchos de ellos escucharon. Y aún escuchan. Que el Magisterio repase las normas dictadas a propósito de que un sacerdote secularizado ni siquiera suba a leer las lecturas de la Misa. “Para no escandalizar al pueblo” decían.

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