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Dachoune Sévère, Hermanita de Santa Teresa del Niño Jesús.
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Haití: Liberada la Hermana Dachoune Sévère

En la noche del domingo 10 de enero fue liberada en Haití la religiosa Dachoune Sévère, de la Congregación de Hermanitas de Santa Teresa del Niño Jesús, quien había sido secuestrada por hombres armados en Puerto Príncipe dos días antes. La noticia ha sido confirmada a la agencia Fides por el secretario general de la Conferencia de Religiosos del país, Padre Gilbert Peltrop, que ha declarado a un medio local que los secuestradores habían exigido a la Conferencia de Obispos el pago en el plazo de tres días de un rescate de 250.000 dólares. «Damos las gracias a Dios por su liberación, y también a todos aquellos que han rezado para que esta se produjera», ha añadido el religioso.

El rapto de la Hermana Sévère no es, por desgracia, un caso aislado. El sacerdote misionero Renold Antoine ha declarado a la agencia de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos que solo en el área de Puerto Príncipe, la capital, se registran cada día una decena de secuestros similares, sin que las autoridades estén haciendo nada para combatir a los delincuentes. El pasado mes de noviembre la víctima fue otro misionero, Sylvain Ronald, de la Congregación del Inmaculado Corazón de María (CICM).El Padre Ronald fue capturado en la ciudad del Delmas el día 10 y liberado en Puerto Príncipe el 13. En su caso, y según Fides, los captores exigieron inicialmente cinco millones de gourdes, que fue negociado en 500.000.

Referéndum y elecciones

Haití vive desde hace meses una situación de inestabilidad política y de pobreza extrema que se ha agravado en los últimos tiempos todavía más a causa de la pandemia. La inseguridad y los actos de bandidaje son crecientes. De hecho, son bandas armadas las que ejercen el control en muchos territorios. La crisis institucional es grave. El Consejo Electoral provisional nombrado unilateralmente por el presidente Juvenal Moïse anunció este 7 de enero la celebración de un referéndum sobre la Constitución y elecciones presidenciales, legislativas y locales para este año. El primero tendrá lugar, Dios mediante, el 25 de abril, y las elecciones —que tendrían que haberse celebrado ya en 2018—, a finales de septiembre. El mandato de los diputados expiró hace ahora un año, en enero de 2020, y desde entonces el presidente gobierna por decreto.

Los obispos: Hagan concesiones y lleguen a una solución

En su mensaje para la pasada Navidad, la Conferencia Episcopal se solidarizó con el «dolor y el sufrimiento» del pueblo y volvió a pedir a Gobierno y oposición que hicieran concesiones para sacar al país del caos. «El barco nacional está en peligro, es urgente llegar a una solución histórica. Debe hacerse a costa de costosas concesiones en ambos lados por el bien de este pueblo y del país que todos amamos», dijo el 30 de noviembre el organismo que preside el arzobispo de Cap-Haïtien, Launay Saturné.

En esa declaración, los obispos expresaban su admiración por la fe, el coraje, y la determinación del pueblo, que lucha por «un cambio real en la sociedad» que conduzca a la fundación de «un nuevo Haití» liberado de sus males de siempre, «que hoy —decían— alcanzan una intensidad intolerable»: el desempleo, la miseria, la inseguridad, la exclusión, la impunidad, la delincuencia moral, la manipulación, la corrupción, la represión y la violencia. Eso sí, advertían también que estos deseos de «un cambio profundo que no sea puntual y cíclico, sino estructural y sistémico», no pueden hacerse atentando contra el derecho a la vida, que es sagrada, y los bienes de los otros, que son un derecho inalienable. «Las reclamaciones que desean aprobar son justas y legítimas. Estamos a su lado para el advenimiento de este nuevo día para nuestro querido Haití», señalaban.

«El sistema deseado por Dios y que deseamos —concluían— es uno que tenga en cuenta el bien común, el bienestar de todos los ciudadanos ofreciéndoles la igualdad de oportunidades para realizarse como una persona humana hecha de dignidad». Porque es «inaceptable» que haya personas que se revuelquen «en una opulencia arrogante y escandalosa», mientras la gran mayoría languidece «en una vergonzosa y repugnante miseria».



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