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Cartas de los obispos Última hora

Hacia un renovado Pentecostés, por Eusebio Hernández Sola

En este domingo, 31 de mayo, celebramos una de las fiestas mayores del calendario litúrgico: la solemnidad de Pentecostés, el inicio de la vida de la Iglesia. La Iglesia aclama incesantemente en este día: “Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor”.

El día de la llegada del Espíritu Santo sobre los apóstoles, estaban viviendo en su corazón circunstancias muy especiales. Se sentían desamparados, no estaban seguros del mensaje de Jesús. Estaban invadidos por la duda y el miedo. Con la llegada del Espíritu Santo, experimentaron en sí una fuerza tal que sus inteligencias y sus corazones se abrieron a una luz nueva, y comenzaron a predicar sin temor alguno el mensaje de Jesús.

Coincidiendo con esta solemnidad tenemos presente también el “Día de la Acción Católica y el Apostolado Seglar”, que engloba a todos los laicos. Hoy es la fiesta de toda la Iglesia; de “todos” sin distinción de cometido o papel que ocupa en el pueblo de Dios. Y todos somos importantes en esta Iglesia llamada a evangelizar, a llevar la Buena Noticia del Evangelio.

Los obispos de la Comisión de Laicos, Familia y Vida han enviado en este día un mensaje a todos los laicos con el lema: “Hacia un renovado Pentecostés” siguiendo la línea del Congreso de Laicos celebrado en el mes de febrero.

Congreso de Laicos en el que nuestra diócesis también estuvo presente, en él participamos ocho miembros de la diócesis de distintos lugares de nuestra geografía. La experiencia dejó en nosotros un grato recuerdo y, a la vez, nos impulsó a todos a hacer realidad en nuestra iglesia de Tarazona un renovado impulso de evangelización.

Los obispos de las Comisiones que organizaron dicho Congreso resumen en su mensaje para este día de Pentecostés lo que fue: “Los días 14 al 16 de febrero tenía lugar el Congreso en el Pabellón de Cristal de la Casa de Campo de Madrid. Nos hemos juntado más de dos mil personas, enviadas de las diócesis españolas, de la mayoría de los movimientos y asociaciones laicales, junto con miembros de la vida consagrada, sacerdotes y setenta obispos. Ha sido, sin lugar a dudas, un gran encuentro de comunión, un ejercicio de discernimiento, de escucha, de diálogo y puesta en práctica, a través de una gran variedad de experiencias y testimonios, de la riqueza y pluralidad de nuestra iglesia española. Tanto los mensajes, como las celebraciones, los momentos lúdicos y la puesta en escena fueron cuidados con un especial esmero con el deseo de transmitir a la sociedad española una imagen de Iglesia en salida”.

Esta experiencia debe ayudarnos a emprender en nuestra diócesis y en nuestras parroquias, “Un renovado Pentecostés” (Lema del Congreso).  Para ello, como nos dicen los obispos en su mensaje, debemos valorar: “La vocación laical y lo que aporta a nuestra Iglesia en el momento actual. Se trata de redescubrir la importancia del sacramento del bautismo, como fuente de donde brotan los diversos carismas para la comunión y la misión”.

De esta forma todos los miembros del Pueblo de Dios nos sentiremos, “llamados y enviados”, es decir, “discípulos misioneros”. El Papa Francisco resume muy bien esta dinámica en Evangelii Gaudium (120): “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador”.

Es decir, cada miembro laico de la Iglesia es importante e imprescindible en este momento en que debemos impulsar una nueva evangelización y como nos dice el papa Francisco: “Sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados”.

Para que el protagonismo de cada laico sea verdaderamente eficaz, es necesario abrir el corazón a la acción del Espíritu Santo para que encienda en nosotros el amor de Dios y desde esta experiencia de amor podamos ser discípulos y misioneros, “Si uno de verdad ha hecho una experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida en que se ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos “discípulos” y “misioneros”, sino que somos siempre “discípulos misioneros” (Papa Francisco)”.

Dentro de esta misión que a todos se nos confía, debemos tener en cuenta la situación que vivimos en este tiempo de la pandemia del COVID-19 y lo que nos espera después de él, con una humanidad profundamente herida. Es el momento de ser testigos, de ser fieles discípulos y misioneros que siembren la esperanza, el consuelo, el amor y la paz.

Que la Virgen María nos ayude e ilumine para que en nuestra Iglesia y en cada bautizado sea una realidad este “Renovado Pentecostés”.

Con todo afecto os saludo y bendigo.

+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona

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