Opinión

¿Hacia la canonización de Henri de Lubac?, por José María Salaverri

¿Hacia la canonización de Henri de Lubac?, por José María Salaverri

Una buena noticia

El cardenal Barbarin, arzobispo de Lyon, ha visitado al papa emérito Benedito XVI. Para hablar con él del proyecto que tienen los obispos franceses de iniciar en París la Causa del padre de Lubac. Efectivamente Joseph Ratzinger fue muy amigo de este jesuita y colaboraron juntos en bastantes ocasiones. Fue un teólogo extraordinario que sufrió mucho en su larga vida de 95 años… Pero ¿un santo? Pues sí… y que ha dejado una huella profunda en la Iglesia, no sólo con sus escritos, sino también, y sobre todo, con su actitud. Tuve la suerte de descubrirlo pronto al poder leerlo directamente en francés. ¿Por qué se tardó tanto en traducirlo al español?

No, no soy un especialista en de Lubac; no me he leído los casi cincuenta libros tan variados que escribió en su vida, pero algunos sí. Y me orientaron mucho, tanto en lo espiritual como en lo apostólico.

Hay santos también hoy

         Me permito volver atrás en el tiempo. En 1947, le papa Pío XII canonizaba a Nicolas de Flüe (siglo XV), patrono de Suiza. Leí el discurso del Papa en el que, de paso, recalcaba que la santidad no era cosa de siglos pasados. Copié esta frase que me sé de memoria: “En el día de hoy el número de los buenos cristianos no es tan pequeño; el de los héroes y santos de la Iglesia es acaso mayor que nunca”. Esto me abrió los ojos para ir comprobándolo a lo largo de mi vida; hoy a la altura de mis 90 años puedo afirmar que Pío XII tenía razón. ¿Cuántos buenos cristianos y religiosos sencillos, santos del 1 de noviembre, habré encontrado en mi vida? Imposible calcular, pero muchos. De algunos he escrito una semblanza para que su memoria permanezca. Me asombra también ver la cantidad de santos beatificados, canonizados o en proceso, entre las personas o personajes que han sido contemporáneos míos… El siglo XX ha sido un siglo convulso, con dos guerras mundiales, la civil española, una guerra fría e innumerables conflictos y persecuciones contra los cristianos. Y en él se ha cumplido una ley no escrita de la santidad, la del equilibrio ecológico-espiritual del mundo: “A más miserias morales en el mundo, más santos suscita Dios para compensar”. ¿Es cierto? Creo que sí.

Un teólogo controvertido

Pero volvamos a Henri de Lubac (1896-1991). Joven jesuita, destaca por su piedad y por su inteligencia. Profesor de teología fundamental en Lyon. Con otros, propugna la vuelta a los Padres de la Iglesia. Un obra suya “Sobrenatual” (1946), y alguna otra de otros autores, no es vista con buenos ojos. Se le condena a no enseñar; y hasta Pío XII escribe una encíclica contra esa “nueva teología”. Su mismo superior general le amonesta. Años duros, que acepta con humildad y un inmenso amor a la Iglesia. Escribe:

“Puede suceder que nos desilusionen muchas cosas que forman parte de la contextura humana de la Iglesia. Puede que también, sin que tengamos la menor culpa, seamos profundamente incomprendidos en ella. Y lo que es más, puede darse el caso de que tengamos que padecer persecución en su seno. Sepamos que lo que más vale es la paciencia y el silencio amoroso…”

Y más adelante:

“… en definitiva no hay otra cosa que hacer que insertarse en el plan de Dios que le conduce por sus representantes, que participa de manera infalible en la infalible seguridad de la Providencia, y que finalmente no se traiciona ninguna causa, nunca se es infiel al prójimo, a sí mismo y a Dios, cuando con toda sencillez, se obedece”.

Son dos pequeñas alusiones a sí mismo en el magnífico libro “Meditación sobre la Iglesia” (1953), en honor de esa Iglesia en la que ha sido incomprendido. Su lectura nos entusiasmó a muchos y nos confirmó en el amor a la Iglesia. En 1957 publica en un solo volumen “Paradoxes et nouveaux paradoxes”. Según Urs von Balthasar es la obra que mejor refleja su pensamiento más íntimo. Adquirida inmediatamente, nos ha servido a algunos de faro luminoso en muchos aspectos de nuestra vida.

Juan XXIII lo “descubrió” pronto: lo nombró miembro de la Comisión preparatoria del Vaticano II, y Pablo VI miembro de la Comisión teológica del mismo. En en el postconcilio, Henri de Lubac vuelve a sufrir por la Iglesia, pero esta vez por la tergiversación que bastantes hacen del Concilio. El famoso “humo de Satanás”, como lo llamó Pablo VI. Y Henri de Lubac salió al quite: junto con Urs von Balthasar, Joseph Ratzinger, Walter Kasper y otros… funda la revista “Communio” para su recta interpretación. Juan Pablo II, que lo estimaba mucho desde antes de ser papa, lo nombró cardenal en 1983.

El “por qué” de sus escritos

En 1975 entregó a su amigo Urs el original de un libro “Mémoire sur l’occasion de mes écrits”. Allí explica el por qué de cada una de sus obras y la resonancia que tuvieron. Resulta apasionante pues refleja las inquietudes y los problemas de toda una época en la Iglesia. No son “memorias” -lo dice claramente-, sino “memoria”-recuerdo del contexto de sus libros. Pero al final del capítulo octavo, que él pensó sería el último dada su edad avanzada, se permite hacer ‘memoria’ -una confidencia- sobre su madre, una mujer sencilla:

“Toda su cultura era a base de tradición y de piedad cristiana. En ella siempre he

visto tan solo olvido de sí y bondad. (…) Cuando hacia 1950, un religioso indiscreto creyó obrar bien al inquietarle por mi ortodoxia y mi conducta, ella le replicó suavemente: ‘Conozco a mi hijo; sé que será siempre un hijo sumiso de la santa Iglesia’. Cuando se enteró de que había yo sido elegido para el ‘Institut de France’ y, un poco más tarde, llamado a Roma para el Concilio, preocupada por todo esto que le parecían ‘honores’, en las dos cartas que entonces me escribió, me decía más o menos lo mismo: ‘Pido a nuestro Señor que te conserve en la humildad’. Murió a los 95 años”.

Estas palabras son una auténtica declaración de santidad de su madre, santidad del 1 de noviembre. Y de tal madre, tal hijo. Tal fue el gran teólogo propuesto ahora a la santidad oficial. Algunas de sus obras han llegando a España gracias a la Editorial Encuentro, siempre atenta a lo valioso para hoy en la Iglesia. Lo siguen siendo. ¡Ojalá esta noticia del inicio de su Causa, anime a muchos a alimentarse de este tesoro de amor a Dios y a la Iglesia!

                                                     José María Salaverri, sm

Print Friendly, PDF & Email

Añadir comentario

Haga clic aquí para publicar un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.