Editoriales Ecclesia

¿Ha quedado el Sínodo sobre los jóvenes por debajo de sus expectativas? – editorial Ecclesia

¿Ha quedado el Sínodo sobre los jóvenes por debajo de sus expectativas? – editorial Ecclesia

Aun cuando en nuestros dos últimos comentarios Editoriales, ya fijamos postura acerca del Sínodo de los Obispos sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional,  determinadas reacciones contrarias al mismo nos llevan, en aras a la clarificación y con el fin de servir criterios auténticamente eclesiales, a retomar hoy  el tema.

Para ello,  de entrada, remitimos a nuestros lectores a la página 23 de este mismo número de Ecclesia. En ella, publicamos el discurso del Papa con el que quedaron concluidas las sesiones sinodales en la tarde del sábado 27 de octubre. Fueron palabras nacidas del corazón de Francisco, como él mismo reconoce, en las que ofrece tres claves, a nuestro juicio de lectura obligatoria, para entender lo que sucedió en el Sínodo.

En primer lugar, el Papa reitera la naturaleza e identidad sinodal. “El Sínodo no es un parlamento. Es un espacio protegido para que el Espíritu Santo pueda actuar”. En segundo lugar, Francisco explicó cuál es el sentido de su documento final. “Nosotros hecho el documento; nosotros lo hemos estudiado, lo hemos aprobado”.

Y subrayó: “Ahora es el Espíritu -leamos y captemos bien la frase- quien nos da a nosotros el documento, no a la gente de fuera”. “Este es –prosiguió- un documento de trabajo; y ahora es necesario hacer oración con el documento, estudiarlo, pedir luz…  Es para nosotros, el documento, es para nosotros principalmente. Sí, ayudará a otros, pero los primeros destinatarios somos nosotros: es el Espíritu quien ha hecho esto y vuelve a nosotros. No debemos olvidarlo, por favor”.

Por último, Francisco dedicó un amplio párrafo a la que es, sin duda, su principal preocupación actual: el furibundo ataque, obra del Maligno, al que la Madre Iglesia se ve sometida, por razones varias y de todos conocidas. Y añadió: “Es un momento difícil porque el Acusador, atacándonos a nosotros, ataca a la Madre y a la Madre no se la toca”.

Sin tener en cuenta estas tres claves, las interpretaciones que puedan hacerse del Sínodo y de sus primeros resultados, como su documento final, creemos que son inadecuadas. El Sínodo es una realidad inserta en la naturaleza misma de la Iglesia.  Es Sínodo el encuentro, la celebración, el diálogo, el debate, la escucha de unos con los otros y jamás de los unos contra los otros.

El Sínodo es expresión eclesiológica de la corresponsabilidad, de la comunión y de participación desde la polifonía y la armonía. Y no la imposición de determinadas voces, de uno u otro signo.  El Sínodo es con Pedro y bajo Pedro, con los obispos y bajo los obispos, porque así lo quiso Jesucristo al constituir y estructurar su Iglesia desde del colegio apostólico y sobre la roca firma de Pedro.  Y ni la Iglesia ni el Sínodo se hacen, crecen y dan frutos de evangelización –la  Iglesia es para evangelizar- desde la contraposición, la confrontación, la fragmentación o las hermenéuticas y dialécticas ni de la ruptura ni del inmovilismo.

Ya lo fue advirtiendo también Francisco, amén de que asimismo la experiencia lo demuestra: no esperemos recetas mágicas y maravillosas del Sínodo y de sus conclusiones. El Sínodo es un camino, es caminar con. El Sínodo es comunión y no división. Es inclusión y no exclusión.  Y por ello, ¿cómo no congratularnos de que el documento final de esta asamblea se haya aprobado, en todos sus puntos, con más de dos tercios de los votos?

¿No son ya frutos del Sínodo sobre los jóvenes los dos intensos años de preparación, trabajo, reflexión y oración, en los que toda la comunidad eclesial ha visibilizado y ha priorizado más y mejor el reto de la pastoral con los jóvenes? ¿No es fruto del Sínodo que ahora en nuestras diócesis y comunidades se vaya a seguir trabajando al respecto y se vaya dando a conocer y a difundir  su documentación completa –homilías y discursos del Papa, documento conclusivo y otros materiales- y, que en tantos casos, esta guíe y oriente la acción y compromiso pastoral con los jóvenes?

¿No es en sí mismo un precioso fruto sinodal el ambiente gozoso,  sereno, orante, esperanzado y esperanzador vivido durante un mes en el aula sinodal y así transmitido por sus más de 300 participantes? Y, por cierto, ¿por qué hemos de trasladar a la Iglesia las políticas de cuotas de representación y los esquemas de poder mundano?

 

 

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