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Ha muerto el jesuita Mauricio Bacardit, «servidor de los pobres» en Bolivia

El jesuita catalán Mauricio Bacardit Busquet falleció el 20 de mayo en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) a causa de un paro cardiaco. Tenía 84 años y dedicó toda su vida a la defensa de los pobres y de las víctimas de la exclusión social en este país.

En 2016, año en que le fue concedida la Orden del Cóndor de los Andes junto al también jesuita Xavier Albó (La Garriga, 1934), afirmó que él no era más que «un servidor de la gente pobre». «Por el bien de nuestras mayorías postergadas y marginadas, esta condecoración no creo que tenga que ser para mí, sino para toda la gente pobre de nuestra querida Bolivia», dijo al recoger la distinción, la más alta que otorga la República por los servicios a la nación o a la humanidad.

Catalán de nacimiento, el Padre Bacardit era boliviano de corazón. Había nacido en Manresa (Barcelona) en 1936, pero llegó a Bolivia muy joven, con solo 19 años. Ingresó en la Compañía de Jesús el 14 de agosto de 1954 y al año siguiente ya se había unido al equipo de jesuitas que trabajaba con las organizaciones obreras y campesinas que protagonizaban los cambios que estaba viviendo el país. Luego, en junio de 1968, se ordenó sacerdote. Fue también durante muchos años profesor de secundaria en el Colegio Sagrado Corazón de Sucre.

En los años setenta, Bacardit se especializó en Santiago de Chile en el método psicosocial de Paulo Freire para la educación de adultos, volviendo a trabajar luego para el campesinado boliviano desde el Instituto de Promoción Campesina de ACLO. Desde allí puso en marcha «innovadores programas de alfabetización y educación popular», recuerda ahora una nota de los jesuitas de Bolivia, que habla asimismo de su contribución «en las luchas populares por la recuperación de la democracia desde un perfil bajo, pero con gran incidencia en los círculos del poder». «Bacardit —dice ese comunicado— promovía espacios de diálogo para evitar el retorno de los regímenes dictatoriales y afirmar la democracia. Fue un impulsor de la inclusión social y los derechos humanos, siempre del lado de los sectores más desfavorecidos».

El año pasado cumplió 65 años como hijo de San Ignacio. En la celebración de la efeméride quiso agradecer a Dios la senda que el Creador había trazado a su vida, «un camino —dijo— no para ganar dinero, sino para servir a la gente pobre». «He tratado en lo posible de cumplir la voluntad de Dios en todo momento, con los campesinos, tratando de ayudarles y acompañarles», subrayó en un vídeo en el que expresó también su deseo de ser enterrado en Bolivia.

El funeral por su eterno descanso fue oficiado el día 21 por el arzobispo de Santa Cruz, Sergio Gualberti.

 

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