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¿Cuál ha de ser la posición de la Iglesia sobre la actual situación en Cataluña? – editorial Ecclesia

¿Cuál ha de ser la posición de la Iglesia sobre la actual situación en Cataluña? – editorial Ecclesia

 

En fidelidad al Concilio Vaticano II y al magisterio de los Papas de este último siglo, la Iglesia española apostó ya desde los años de la Transición por una posición política muy clara, que podríamos sintetizar en la independencia en relación con los poderes políticos y sus partidos -incluida la militancia y la participación con candidatos en elecciones- y la colaboración en aras al bien común con las instituciones y las mismas formaciones políticas.

Desde este doble principio y sus derivadas, como luego se indicarán,  nuestra Iglesia –entendida, sobre todo, en este caso, en relación a sus pastores, sacerdotes y consagrados; con respecto a los laicos, precisamente la política es uno de los ámbitos propios y probablemente más necesitados de contar con verdaderos católicos fieles a la Doctrina Social de la Iglesia y a estos principios- jamás ha apoyado ninguna opción política partidista, ni ha entrado en cuestiones o temas meramente políticos o temporales, salvo que estos afectan al bien común y en lo que afecten al bien común.

Por esta misma lógica, la Iglesia sí apoya el orden jurídico legítimo y constitucionalmente establecido, y reitera su llamada  al respeto a la ley, sin cuyo cumplimiento por parte de todos, la convivencia social y el bien común se pueden ver gravemente perturbados.

Nada tiene, pues, de extrañar el inequívoco y meridiano pronunciamiento realizado por el presidente de la CEE, en su discurso de la apertura de la Asamblea Plenaria de noviembre (páginas 7 a 12) sobre la situación en Cataluña, máxime tras los acontecimiento del 27 de octubre, con la autodenominada declaración unilateral de independencia (DUI). Estas palabras de ahora del cardenal Blázquez son el desarrollo de las que ya hizo público aquel día, tal y como recogió ecclesia, en su número 3.905.

¿Cuál es, entonces y siempre desde la esperanza, la posición de la Iglesia ante la actual situación en Cataluña?: tristeza, preocupación y reprobación de la DUI, «un hecho grave y perturbador de nuestra convivencia»; apelación al restablecimiento del orden constitucional, que «es un bien común», y al «respeto de la ley»; y renovada apuesta por la concordia, como aconteciera en la Transición, ya que ahora como entonces «es posible la convivencia en la diversidad», una concordia que también se construye, desde los criterios antedichos, mediante «el diálogo de los ciudadanos y en las instituciones».

Pero todavía podríamos ahondar más acerca de los criterios que el presidente de la CEE  ha brindado para valorar y servir la situación actual. Antes dijimos que, junto a la autonomía, independencia o separación entre la Iglesia y los poderes y partidos políticos, la colaboración y cooperación en aras al bien común es la segunda misión eclesial esencial en medio de la vida pública y política.

Ello se traduce asimismo en esta coyuntura y siempre en un nuevo y coherente doble servicio. En primer lugar, la no politización de los pastores de la Iglesia, quienes deben servir a la entera comunidad a ellos confiada, haciendo efectiva la  «renuncia a la militancia política» y favorecer «que nadie se considere extraño a la comunidad cristiana por opciones legítimas». Así, los artículos 285 (§ 3) y 287 (§ 2) del  vigente Código de Derecho Canónico prohíben a sacerdotes y religiosos participar (tomar parte, tomar partido) activamente de la vida política de un país, ni presentarse en unas elecciones.

Y la segunda derivada es también una extraordinaria colaboración al bien común y a la concordia: servir a la reconciliación y pacificación. Y hacerlo partiendo desde la comunión eclesial de los obispos y de los presbíteros y en pro de la convivencia pacífica de los ciudadanos, independientemente de sus ideologías políticas.

Por ello y desde ello, «la Iglesia por su misma naturaleza –afirmó el cardenal presidente de la CEE- puede contribuir a la pacificación personal y social, acentuando particularmente la solidaridad entre todos y la atención a los pobres».

Dicho con otras palabras: en medio de la actual situación en Cataluña y siempre, la misión de la Iglesia es respetar la ley justa (como lo es la Constitución de 1978, sin que esto quiera decir que no se pueda reformar o añadirle «aspectos nuevos»), pacificar y reconciliar, incluir y no excluir y trabajar en comunión y unidad. O como tanto repite el Papa Francisco –y así lo recoge también Blázquez en su discurso del 20 de noviembre- destruyendo muros y construyendo puentes.

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4 comentarios

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  • Es evidente que el respeto a la ley legítima es principio fundamental, pero la legitimidad de la ley nace de la voluntad del pueblo y la política debe dejar que este voluntad se exprese libre y legítimamente como enseña el n. 157 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, sobre el derecho a la autodeterminación e incluso independencia de los pueblos. Y esto es problema político, y cuando los que gobiernan no permiten que políticamente se manifieste este querer de un pueblo, provocan una grave y prolongada situación de abuso de poder que les lleva a someter a los que reclaman sus derechos, también con medios contrarios a la ley, como se ha visto en la aprobación más que laxa del artículo 155 aplicado en contra del sentido del mismo texto constitucional. Por eso no se puede decir que sólo es legítimo un poder que, bajo la sacralización de la unidad y de la ley, no permite a los pueblos expresar su voluntad con libertad, en contra de los derechos fundamentales de las personas y de los pueblos. Se dice que esto es nacionalismo catalán y separatismo, y pienso muchas veces que quizá el problema es mas bien de un notorio «nacionalismo español» bien alimentado… Por eso me parece que las declaraciones de la CEE vistas por los españoles de Cataluña nos parecen muy de parte, que es lo que dicen que pretenden evitar. ¿Han escuchado suficientemente las opiniones de los obispos que viven la realidad de nuestra tierra? Las declaraciones que he visto de ellos me parece que no tenían esta visión partidista. Con afecto y deseos de comprendernos mejor.

  • Desde luego una buena parte del clero catalán ha ofendido gravemente a los católicos no independentistas por no hablar de la monja Caram cuya conducta es escandalosa. Yo estoy con DAD A DIOS LO QUE ES DE DIOS Y A CÉSAR LO QUE ES DE CÉSAR. Bien venga por lo tanto la posición de la CEE aunque parece que el obispo de Solsona y el abad de Montserrat están de vacaciones y no se han enterado.

  • Cristianismo es Humanismo; resulta acongojante que se tenga que lidiar en la Europa del SXXI con patologías tribales.Se es o no se es.

  • Los «catalanes » de Cataluña son todos los que viven y trabajan en Cataluña, de todos los oficios y clases , no son solamente los que tienen cuatro apellidos catalanes o los que quieren imponer una independencia, una lengua y una difamación de la Historia a golpe de represión, no es de recibo que los Obispos hagan apología del golpismo y menos defiendan a los violentos que machacan coches de la guardia civil, acorralan a la policía judicial o acosan a los hijos de no independentistas o de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, parte de la Iglesia en Cataluña se ha puesto de forma reiterada de parte de la kaleborroka imperante como antaño en el País Vasco de parte de los terroristas, es inmoral como parte de la Iglesia en Cataluña se hace eco de mentiras que alimentan el odio y la separación entre catalanes, soy catalana y católica y hoy por hoy estoy tremendamente avergonzada del comportamiento del clero en Cataluña, unos por acción y otros por omisión están alimentando la separación y el segregacionismo, y, por ende alimentando a un dragón del nazismo que cada dia se cree mas que tiene derecho a reprimir a los que piensan diferente ……. España NO es una dictadura pero parece que la están buscando.