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Guardianes, no asesinos, por José-Román Flecha en Diario de León (21-9-2013)

Guardianes, no asesinos, por José-Román Flecha en Diario de León (21-9-2013)

El día 1 de septiembre, antes del rezo del “Ángelus”, el Papa Francisco se hacía eco de un clamor que se levanta en todas las partes de la tierra:  “Queremos un mundo de paz, queremos ser hombres y mujeres de paz, queremos que en nuestra sociedad, desangrada por divisiones y conflictos, estalle la paz. ¡Nunca más la guerra! ¡Nunca más la guerra! La paz es un don demasiado precioso, que tiene que ser promovido y tutelado”.

Esas palabras nos recordaban la carta encíclica “Paz en la tierra”, que  Juan XXIII publicaba mes y medio antes de su muerte.

Nos recordaban también el lamento en que prorrumpía Pablo VI el 4 de octubre de 1965 ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: “¡Nunca más la guerra! Si queréis ser hermanos dejad caer las armas de vuestras manos”.

Nos recordaban las jornadas de oración que tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han convocado en Asís, invitando a los líderes de todas las religiones a unir sus esfuerzos para la supresión de la violencia y la promoción de  la paz.

Bien sabemos que las guerras de Afganistán y de Irak no han logrado más que quebrar de forma trágica el débil equilibrio que, aun en medio de injusticias, se mantenía en aquellos países.

Por eso, el Papa Francisco nos invitaba a una jornada de oración y de ayuno que había de celebrarse el día 7 de septiembre. Es interesante comprobar el eco que esa llamada ha alcanzado también entre los cristianos no católicos, entre los judíos y los musulmanes.

Ante unas setenta mil personas, reunidas en la plaza de San Pedro para una vigilia de oración, el Obispo de Roma repetiría con firmeza: “¡Que se acabe el ruido de las armas! La guerra significa siempre el fracaso de la paz, es siempre una derrota para la humanidad”. Como contrapartida proponía los caminos del perdón, el diálogo y la reconciliación.

Con palabras dirigidas tanto a los poderosos de la tierra como a cada uno de nosotros decía: “Mira el dolor de tu hermano y no añadas más dolor, detén tu mano, reconstruye la armonía que se ha roto; y esto no con la confrontación sino con el encuentro”.

Hay que reconocer que han fracasado los grandes ideales de la modernidad: la libertad, la igualdad y, sobre todo, la fraternidad. Pero ya es hora de cambiar de rumbo y de soñar y programar un mundo de paz.

Es un crimen colocar como primeros valores la hegemonía, o el interés. Un crimen y un fracaso cultural. La indecente industria de las armas no duda en sacrificar a los inocentes, a los que califica como simples “efectos colaterales”. Desde la mirada de la fe, eso es un tremendo pecado.

Tiene razón el Papa al afirmar que “cuando se pone en el lugar de Dios, el hombre altera todas las relaciones, lo arruina todo y abre la puerta a la violencia, a la indiferencia, al enfrentamiento.”. Del Génesis al Evangelio, nuestra fe nos lleva a comprender que “ser persona significa ser guardianes los unos de los otros”. Guardianes, no asesinos.

José-Román Flecha Andrés

 

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