Carta del Obispo Iglesia en España

Gritar y responder, por el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza

Gritar y responder, por el arzobispo de Toledo, Braulio Rodríguez Plaza

 El Papa Francisco quiere que las comunidades cristianas celebren una Jornada de los Pobres en todo el mundo. Sería la segunda, la del domingo 18 de noviembre, dedicada a que demos pasos concretos en nuestra atención al que sufre, en definitiva, al pobre.

Y nos pone ante algo que parece un poco imposible a nuestras fuerzas y miserias. Nuestra meta es actuar como el Padre los cielos: “El afligido invocó, y el Señor lo escuchó” (Sal 34, 7). De modo que nos parezcamos a Dios en nuestra respuesta al que sufre. El Papa, pues, indica algo que parece inalcanzable, pero busca a la vez, de manera práctica, cambiar nuestro modo de acercaros al mundo de los pobres, o, mejor al pobre y afligido que lo pasa mal por tantas circunstancias.

El Salmo 34 nos hace comprender quienes son los verdaderos pobres a los que estamos llamados a volver nuestra mirada para escuchar su grito y reconocer sus necesidades. Y nos invita a un serio examen de conciencia para darnos cuenta si realmente hemos sido capaces de escuchar a los pobres. El Papa dice, a este respecto: “Los pobres no necesitan un acto de delegación, sino un compromiso personal de aquellos que escuchan su clamor”. ¿Cómo podemos pues, conseguir un verdadero acercamiento a los que sufren la pobreza? ¿Cómo vivir esto en una Jornada Mundial? No vale representaciones, ni mascaradas. Es un tema delicado y cada uno de nosotros, y cada comunidad cristiana, ha de pensar y ser creativos y activos para poder responder como Dios al grito del que sufre. Porque gritos hay de los pobres y en todo el mundo y en nuestro entorno.

No se trata solo, de una manera de asistencia momentánea a las necesidades de los que sufren. Exige, dice el Papa, “una atención amante” (EG, 199), que honra al otro como persona y busca su bien. No se trata de buscar culpables de la situación actual. La pobreza no es, normalmente, buscada, aunque muchas veces se llega a ella por fallos humanos; la pobreza es creada más por el egoísmo, el orgullo, la avaricia y la injusticia. Tantas veces, por una manera de gestionar la economía, condena a muchas personas y pueblos a la pobreza. Hay muchas cosas a considerar en esta situación de pobreza, pero me parece bueno que, al menos, admitamos que hay muchos como el ciego Bartimeo que quieren salir de su penosa situación (cfr. Mc. 10, 46-52), y han de encontrar a otros que les digan: “Ánimo. Levántate, que te llama” (v. 49).

Para superar, por ello, la opresiva condición de pobreza es necesario que los pobres perciban la presencia de los hermanos y hermanas que se preocupan por ellos y que, abriendo la puerta del corazón y de la vida, los hacen sentir amigos y familiares. “Son innumerable las iniciativas que diariamente emprende la comunidad cristiana para dar un signo de cercanía y de alivio a las variadas formas de pobreza que están ante nuestros ojos”.

En la Primera Jornada Mundial de los Pobres fueron muchas las iniciativas que se hicieron: la alegría de una comida festiva, la solidaridad de cuantos quisieron compartir la mesa de una manera sencilla y fraterna, el calor de una casa que acoge. El Papa quiere que la Jornada se celebre bajo el signo de la alegría por descubrir el valor de estar juntos. Tal vez recordando lo que san Lucas dice en los Hechos de los Apóstoles: “Todos se reunían asiduamente, para escuchar la enseñanza de los Apóstoles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones (…) Todos los creyentes, se mantenían unidos y ponían en común lo suyo: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno” (Hch 2, 4.44-45).

+ Braulio Rodríguez Plaza
Arzobispo de Toledo, Primado de España

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