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Gregorio Aboín: «Tenemos que ser críticos para procesar y discriminar la información en Internet»

«No hay que ir en contra de la libertad de expresión, pero sí ser críticos, tenemos que tener criterio para procesar y discriminar la información. Tenemos que fomentar el espíritu de crítica». Este es uno de los mensajes que ha querido transmitir el profesor de la Universidad Eclesiástica San Dámaso Gregorio Aboín en su intervención de hoy martes, 2 de febrero, en las «IV Jornadas de actualización pastoral para sacerdotes de la archidiócesis de Madrid», que se están celebrando en la capital de España bajo el lema «Evangelizar en la era digital».

En su ponencia, titulada «Oportunidades y riesgos para la vida de la comunidad cristiana», Aboín ha subrayado las enormes ventajas y oportunidades que supone la red para la evangelización, pero también ha advertido sobre los peligros que también conlleva. Uno de ellos, ha dicho, tiene que ver con la posible configuración por parte de los fieles de «un credo a la carta», tomando cosas de aquí y de allí; otro, relacionado con el cuestionamiento de la autoridad en la Iglesia; y un tercero, con la propia esencia de los sacramentos.

«La cultura digital —ha explicado el sacerdote, miembro del Departamento de Evangelización y Catequesis de San Dámaso— lleva al ser humano a una vivencia de la libertad cuasi total, puesto que se convierte en el protagonista de su formación, también a nivel religioso, lo que debilita notablemente el papel de control de las instituciones sociales». Internet, ha afirmado, no es un simple instrumento de comunicación del que podemos hacer uso o no, sino «un nuevo escenario cultural» que requiere de «un proceso de cambio mental para la Iglesia», en el sentido de que no debe considerarlo como «lugar de batalla para conseguir adeptos», sino como foro de «diálogo que armoniza las diferencias». «Y dialogar —ha recalcado, citando el mensaje del Papa Francisco para la Jornada de las Comunicaciones Sociales de 2014— significa estar convencidos de que el otro tiene algo bueno que decir, y dar espacio a sus puntos de vista y propuestas, sin renunciar a las propias ideas y tradiciones, sino a la pretensión de que sean únicas y absolutas».

Aspectos problemáticos

El ponente, coordinador también del área de Teología del Centro Universitario de Magisterio (ESCUNI) adscrito a la Universidad Complutense de Madrid, ha señalado que, «siendo un don de Dios», Internet no está exento de aspectos problemáticos, como la velocidad a la que se suceden las informaciones o el encierro de los usuarios en sus expectativas e ideas en función de sus intereses políticos y económicos… «El diluvio de informaciones, la inmediatez de las mismas, la fragmentación comunicativa puede influir en la salud psicológica del homo digitalis», ha dicho recordando que los mensajes continuos y las notificaciones permanentes a través de las redes sociales hacen que las personas vivan en «un estado de alerta permanente, de sobreexcitación comunicativa, y de trastornos adictivos y obsesivo-compulsivos». Esta excesiva comunicación, constata, «impide la reflexión personal, las conclusiones propias, la originalidad y la creatividad», y favorece, por el contrario, «la cultura del plagio, sobre todo en el mundo educativo», al tiempo que aumenta el riesgo de que la persona digital renuncie a su intimidad, «al obligarse libre y voluntariamente a compartir sus fotografías y experiencias continuamente, haciendo un espectáculo extraordinario de su vida ordinaria».

La autoridad

Una de los peligros para la Iglesia que ha citado el profesor Aboín atañe al desempeño de la autoridad. En la web hay muchas maneras de creer, rezar y participar. Allí se puede encontrar desde al Papa y las Conferencias Episcopales a creyentes que dudan de todo o que lo cuestionan todo. «Hace falta una mínima formación que ayude a filtrar y a catalogar toda esta información evitando una aceptación acrítica o sincretista de contenidos que no forman parte o incluso pueden llegar a ser contrarios al cuerpo doctrinal de una determinada confesión», ha dicho al respecto.

«Y existe también una problemática más profunda, y que tiene que ver con la aceptación de la autoridad jerárquica», ha añadido. «La web, por definición, se funda en los links, en conexiones reticulares horizontales no jerárquicas. La Iglesia vive de otra lógica: vive de la dinámica del don, que invita a pasar de la lógica de la conexión a la lógica de la comunión; y vive de una sabiduría adquirida no a través del intercambio de saberes humanos, sino sobre todo mediante la revelación gratuita y amorosa de Dios, que va más allá de toda dimensión horizontal. Por ello en la Iglesia son fundamentales los testimonios de autoridad, de la Tradición y el Magisterio, realidades todas ellas que acontecen en una dinámica distinta en la de la web».

En este sentido, Gregorio Aboín ha reivindicado el valor del testimonio para hacer creíble hoy el mensaje cristiano. Y ha puesto el siguiente ejemplo: «En la web, cuando queremos comprar algo acudimos a las opiniones de personas que valoran con comentarios ese producto, porque nos fiamos más de esas personas aunque nos sean desconocidas que de las entidades que nos los ofrecen. Pues bien, en ese sentido, la Iglesia en la red está llamada no solo a ofrecen contenidos, por muy importantes que sean, sino a testimoniar el mensaje cristiano en un contexto de relaciones amplias, compuesto por personas católicas, cristianas, creyentes y no creyentes. De este modo, la Iglesia seguirá teniendo una autoridad no basada en el poder sino en el testimonio y el valor de las obras buenas en sí mismas».

¿Sacramentos on line?

El ponente también ha relatado que, cuando desaparecieron las celebraciones on line del periodo de confinamiento, muchas personas escribieron correos a parroquias pidiendo la continuidad de las mismas, pues se habían habituado a vivir la fe de ese modo. Incluso se preguntaban si ese contexto especial válido para la Eucaristía no lo era también para la celebración de la penitencia con absolución on line. «La Iglesia —ha recordado Aboín al respecto— siempre ha sostenido que nunca es sustituible la participación en la celebración de la Eucaristía por estos medios digitales. (…) Tras esta pregunta lo que está en cuestión es la naturaleza del sacramento como tal. Y la Iglesia insiste siempre es que es imposible, además de erróneo desde el punto de vista antropológico, considerar que la realidad virtual sea capaz de sustituir la presencia real, tangible y concreta de la comunidad cristiana visible e histórica. Lo cual es también aplicable para los sacramentos. El acontecimiento litúrgico no es nunca técnicamente reproducible porque incorpora en el aquí y ahora en que se celebra la acción del Espíritu Santo que hace presente y actualiza el misterio de Cristo. La red desafía de una manera muy significativa la comprensión de la realidad cristiana».

La evangelización no consiste en tener más visitas y «me gusta»

El docente de San Dámaso ha indicado asimismo que no hay que confundir «nuestra acción evangelizadora con un mercado de bienes religiosos, con la competencia religiosa, con el aumento de fieles, con la búsqueda de mayor número de visitas o de likes, o con evangelizadores estrellas de la pantalla o de la red». La red, ha insistido, debe ser entendida como «lugar para construir la justicia y la paz en el mundo».

En este sentido, y ya en el turno de preguntas, Aboín ha sido preguntado sobre qué se puede con «los muy dañinos blogs de cotilleo clerical». Dejar de leerlos, ha respondido. Ocurre como en la televisión: si uno deja de ver determinados programas, su publicidad es cada vez menor y al final desaparecen. «De manera similar, y si entendemos que estos blogs son dañinos, lo mejor que podemos hacer es no visitarlos para dejar claro que no estamos de acuerdo con la filosofía que puedan tener. Hoy día, todo está estudiadísimo por parte de las compañías de publicidad».



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