Carta del Obispo

Gratitud a nuestros abuelos

Mons. Casimiro López
Mons. Casimiro López

Queridos diocesanos:

La festividad de San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen, el día 26 de julio, es una fecha muy oportuna para recordar a los abuelos y mostrarles nuestro afecto, reconocimiento y gratitud. Es una fecha propicia para rendir nuestro homenaje a tantos hombres y mujeres que juegan un papel tan importante en nuestras vidas, sobre todo en esta época que nos ha tocado vivir. Ellos nos recuerdan que la familia sigue siendo de lo más grande que tenemos: ella es la base y el cimiento de nuestra sociedad.

Nuestro recuerdo agradecido de nuestros abuelos es ante todo un acto de amor: es una devolución de ternura hacia ellos y, sobre todo, una acción de gracias respetuosa y alegre para hacerles arrancar una sonrisa y para que vuelvan a sentirse protagonistas. El respeto y el cariño hacia nuestros mayores debería ser algo connatural a nuestra sociedad, ya que la figura de los padres de nuestros padres está presente en la memoria de nuestra infancia. Nuestros abuelos no pueden ser arrinconados ni en nuestra sociedad ni en nuestra Iglesia. Ellos son punto de referencia de nuestros primeros pasos, de nuestros primeros juegos, de nuestros primeros actos de toma de conciencia, de nuestras primeras alegrías, de nuestras primeras reprimendas, de nuestros primeros cumpleaños y de tantos y tantos momentos inolvidables en nuestros primeros años de vida.

Los padres muchas veces  a causa de sus trabajos encomiendan a los abuelos el cuidado de los niños, el levantarles, llevarles al colegio, recogerles del colegio, el darles de comer o merendar. Infinidad de veces, los abuelos hacen las funciones de padres con todo amor y dedicación: van educando a sus nietos con la ternura que se merecen, a fin de que descubran la vida sin traumas y sin complejos; les ayudan en todo lo que pueden, mejorando, incluso aquellas cosas que saben por experiencia que han de hacer de otra manera, recordando los errores que tuvieron con sus propios hijos. Por eso y por mucho más creemos que los abuelos se merecen un sitio especial en los corazones de los hijos, en la familia y en la sociedad.

Y también en nuestra Iglesia. Los abuelos tienen hoy una impor­tancia capital en la delicada pero di­fícil tarea de la educación en la fe cristiana y en la transmisión de la fe a las generaciones más jóvenes. Cuando al final de las Confirmaciones felicito a los abuelos y les agradezco haber sido educadores y transmisores de la fe de sus nietos, que han recibido la Confirmación, ellos asienten siempre con satisfacción y alegría.

Por distintos motivos los padres no ejercen siempre su responsabilidad de ser los primeros y principales educadores de sus hijos; de hecho, muchos abuelos se han convertido hoy en los verdaderos educadores en la fe de sus nietos. Muchos niños, adolescentes y jóvenes han sido iniciados en la fe y educados en los valores cris­tianos gracias a sus abue­los. Ellos les han enseñado a rezar de pequeños, les han hablado de Dios, les han acercado a Jesús, a su Evangelio y a la Iglesia, y les han enseñando con su palabra y ejemplo a vivir como cristianos.

Muchísimas gracias, queridos abuelos, por vosotros y por los que hacéis con los nietos. Que San Joaquín y Santa Ana os protejan en esta sublime misión que el Señor también ha dejado en vuestras manos de ser educadores en la fe de vuestros nietos.

Con mi afecto y bendición,

+ Casimiro López Llorente – Obispo de Segorbe-Castellón

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