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¡Gracias, Santo Padre!:III Domingo de Cuaresma, C, (3-3-2013)

Por Fray Gregorio Cortázar Vinuesa

NVulgata 1 Ps 2 E – BibJer2ed (en) – Concordia y ©atena Aurea (en)

(1/3) Benedicto XVI, Ángelus 11-3-2007 (ge hr sp fr en it po)

(2/3) Benedicto XVI, Homilía en la parroquia de San Juan de la Cruz 7-3-2010 (ge sp fr en it po)

(3/3) Juan Pablo II, Homilía en la parroquia de San Eugenio 2-3-1986 (it):

«1. Hoy es el tercer domingo de Cuaresma. Lo mismo que Moisés cuando pastoreaba su rebaño, también nosotros somos llamados por Dios en el desierto, Dios nos llama por nuestro nombre, como le llamó entonces a él: “Moisés, Moisés” (cf Ex 3, 4).

Dios nos manda como ordenó a Moisés: “Quítate las sandalias de los pies, pues el sitio que pisas es terreno sagrado” (Ex 3, 5).

Quítate la incredulidad de los ojos del corazón. Rechaza la soberbia de tu mente y de tu voluntad. El tiempo que se te da en la liturgia de la Iglesia es tiempo santo. Es tiempo fuerte. Es tiempo de una particular presencia de Dios: Dios y Moisés, Dios y tú.

2. ¿Quién es Dios?

La Cuaresma manda a nuestros pensamientos y a nuestra conciencia retornar a este Dios que se dio a conocer a Moisés en el desierto.

Es “el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob” (Ex 3, 15). Es el Dios de la Infinita Majestad, que busca, al mismo tiempo, al hombre, para hacer con él una alianza.

Mirad, Dios se revela bajo la forma de la zarza que ardía y no se consumía (cf Ex 3, 2). Lo Absoluto de la Existencia y del Amor se revela a los ojos de Moisés en forma de zarza ardiente, una zarza que arde y no se consume.

Dios es trascendente. El hombre no puede mirarlo a simple vista aquí en la tierra. Moisés cubre su rostro, porque tenía miedo de mirar a Dios (cf Ex 3, 6), y oye la voz: “No te acerques” (Ex 3, 4). Al mismo tiempo es atraído lentamente hacia el que habla desde la zarza ardiente, queda totalmente absorbido (rapito) por él. Se siente invadido hasta el fondo por su presencia.

3. En el corazón de la liturgia de la Cuaresma se nos anuncia el misterio de la infinita santidad de Dios, de la que Moisés se convierte en testigo particular. Este misterio debe acompañarnos durante todos los días de la Cuaresma, hasta los últimos, cuando la santidad y el amor se proclamen hasta el fin (cf Jn 13, 1) mediante la cruz y la resurrección de Cristo.

Sin embargo, para que la realidad pascual pueda dar plenamente sus frutos en nuestro corazón y en nuestra conciencia, es necesario, durante la Cuaresma, un encuentro con Dios como el que experimentó Moisés al pie del monte Horeb.

4. ¿Quién es el Dios que habla con el hombre al pie de este monte? Moisés pregunta su nombre y oye la respuesta: “Yo soy el que soy” (Ex 3, 14). Según el pensamiento de santo Tomás de Aquino, esta respuesta suele traducirse así: “Yo soy aquel cuya sustancia es existir”. Al mismo tiempo el nombre propio de Dios, en la respuesta dada a Moisés, se explica, por así decirlo, desde el punto de vista de la Alianza. Se trata de un nombre que habla de la intimidad de Dios con el hombre, y en particular con el pueblo que él eligió en Abrahán y en su descendencia como heredad suya: “Yo soy el que libera”.

En la respuesta que recibe Moisés se contiene la solicitud de Dios por cada uno de los hombres y por todo el pueblo: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Voy a bajar a liberarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra” (Ex 3, 7-8).

Dios se revela a Moisés como el que Es [cf Audiencia general 7-8-1985 (sp it)]. Se revela como el que libera. Es Creador y Dios de la Alianza. Es Providencia salvífica.

5. Por medio de la liturgia de este domingo de Cuaresma cada año hunde sus raíces en esta teofanía de Moisés. En lo más profundo de nuestra fe debe revivir la grandeza inescrutable del Nombre de Dios. Dios, que es inaccesible para nuestros sentidos, impenetrable para nuestra mente, debe hacerse presente en nosotros y ante nosotros como se hizo presente en Moisés y ante Moisés.

Esta presencia desencadenó en el mismo Moisés una fuerza que antes no poseía. Sí, Moisés ya había sentido profundamente la opresión de su pueblo en Egipto y había deseado su liberación de la esclavitud, pero no había sido capaz de realizarla porque el mal se había manifestado más fuerte que él, y tuvo que salvarse huyendo a la tierra de Madián.

Ahora Dios lo llama por su nombre y le revela el propio Nombre. Por medio de este Nombre Dios se hace presente en Moisés, presente para actuar a través de él. La presencia de Dios desencadena en Moisés una nueva fuerza.

Volvió a Egipto, se presentó ante el Faraón, y venció su resistencia con la fuerza del nombre de Dios. Así venció también la debilidad y la pusilanimidad de su pueblo. Lo sustrajo de la esclavitud de Egipto. Moisés se convirtió en el siervo del Éxodo, es decir, de la Pascua de la Antigua Alianza. Dios se reveló en este Éxodo como el que libera: “Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud” (Ex 20, 2).

6. La Pascua de la Antigua Alianza se convierte en imagen y preparación de la Pascua nueva en Cristo.

Durante la Cuaresma nos preparamos a esta Pascua de la Nueva Alianza. Dios, que durante la noche de la huida de Egipto se reveló como el que libera de la esclavitud, quiere revelarse como el que abraza a cada uno de los hombres con la fuerza salvífica de la cruz y de la resurrección, Dios que libera al hombre en Cristo: Yo soy el Señor, tu Dios, que mediante el sacrificio de la cruz de Cristo te hago salir de la esclavitud. ¿No sabes cuánta esclavitud es el pecado, que engendra la muerte? ¿No sabes cuánta esclavitud es todo mal uso de tu libertad creada?

¿Acaso el hombre contemporáneo no vive en otra múltiple esclavitud de Egipto, preocupado por defender frecuentemente solo las apariencias de una libertad sin límite? Hace falta, pues, un gran trabajo para restituir a la libertad humana la verdad que le es propia. Hace falta un gran trabajo para llamar por su nombre a cualquier pecado. Es necesaria una gran gracia para liberarse de él. Es necesaria esta luz que se deriva de la presencia del Dios viviente, del que Es, a fin de que cada uno de nosotros pueda entrar en el camino de la libertad para la que Cristo nos ha liberado (…).

10. Haciendo referencia a Moisés, que con la fuerza del nombre de Dios liberó al pueblo de la esclavitud de Egipto y durante cuarenta años lo guio hacia la tierra prometida, san Pablo nos habla de Cristo.

Cristo estaba ya presente en el gran acontecimiento salvífico de la Antigua Alianza. Precisamente él era esa roca, la roca espiritual de la que los israelitas bebieron la bebida espiritual. Lo mismo que comieron el alimento espiritual bajo la forma de maná en el desierto. La bebida y la comida eran figura y anuncio de las cosas futuras.

Para nosotros estas cosas futuras son ya una realidad actual. Solo es necesario que en nuestros corazones y nuestras conciencias se haga viva la misma presencia de Dios que experimentó Moisés al pie del monte Horeb. Es necesario que acojamos la fuerza liberadora de Dios en Cristo que vive en los sacramentos de nuestra fe, en la Penitencia y en la Eucaristía. Es necesario que bebamos de la roca espiritual».

LA PALABRA DEL PAPA.– «Jesús, al dar a Simón (…) el título, más aún, el don, el carisma de la fuerza, de la dureza, de la capacidad de resistir y sostener –como es precisamente la naturaleza de una piedra, de una roca, de un peñasco–, asociaba el mensaje de su palabra a la virtud nueva y prodigiosa de este apóstol, que había de tener la función, él y quien le sucediera legítimamente, de testimoniar con incomparable seguridad ese mismo mensaje que llamamos Evangelio» (Pablo VI, Audiencia general 3-4-1968 fr it). «El mensaje de Cristo, de generación en generación, nos ha llegado a través de una cadena de testimonios, de la que Nos formamos un eslabón como sucesor de Pedro, a quien el Señor confió el carisma de la fe sin error» (Pablo VI, Homilía 20-9-1964 it). «Junto a la infalibilidad de las definiciones “ex cáthedra”, existe el carisma de asistencia del Espíritu Santo concedido a Pedro y a sus sucesores para que no cometan errores en materia de fe y de moral y para que, por el contrario, iluminen bien al pueblo cristiano» (Juan Pablo II, Audiencia general 24-3-1993 sp it). «Al escogerme como Obispo de Roma, el Señor ha querido que sea su Vicario, ha querido que sea la “piedra” en la que todos puedan apoyarse con seguridad» (Benedicto XVI, Homilía en la capilla Sixtina 20-4-2005 ge sp fr en it lt po).

LOS ENLACES A LA NEO-VULGATA.– «Esta edición de la Neo-Vulgata puede servir también (además de especialmente para la liturgia) para que la tengan en cuenta las versiones en lengua vulgar que se destinan a uso litúrgico y pastoral, y (…) como base segura para los estudios bíblicos» (Juan Pablo II, Constitución apostólica Scripturarum thesaurus 25-4-1979 ge sp fr en lt po). «La palabra sagrada debe presentarse lo más posible tal como es, incluso en lo que tiene de extraño y con los interrogantes que comporta» (Benedicto XVI, Carta al presidente de la C.E. Alemana sobre un cambio en las palabras de la Consagración 14-4-2012 ge sp fr en it pl po).



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