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Carlos EscribanoSubías

“Gracias, queridos misioneros”

“Gracias, queridos misioneros”

OMPRESS-TERUEL (25-7-14) El obispo de Teruel y Albarracín, Mons. Carlos Escribano Subías, recuerda con gratitud a los misioneros turolenses en su carta pastoral con motivo del día de los misioneros de Teruel que se celebrará el 2 de agosto en el Monasterio del Olivar.

“El mes de agosto tiene en nuestra diócesis sabor misionero. El primer sábado del mes celebramos todos los años una entrañable jornada misionera, en la que nos gusta tener especialmente presentes a nuestros hermanos y hermanas que están llevando adelante una tarea evangelizadora en distintos países del mundo. Es una jornada fraterna, de acción de gracias, en la que los misioneros que están en España en ese día se hacen presentes en el encuentro. Y nos juntamos también con sus familias para darles también a ellos las gracias por seguir apoyándoles sin descanso. Son actualmente setenta y ocho los misioneros y misioneras salidos de tierras turolenses. Ellos anuncian a Jesucristo en los cinco continentes, cumpliendo así una tarea que corresponde a toda la comunidad cristiana. Siempre, pero especialmente en este día, los recordamos con gratitud y cariño.

Esta jornada se convierte también en una invitación a nuestra comunidad diocesana a reflexionar sobre lo que significa la tarea misionera para la Iglesia. El Papa Francisco nos exhorta en la Evangelii Gaudium a tomar conciencia de que pertenecemos a ‘una Iglesia en salida’ (Cfr. EvG 20) que debe sentirse enviada al mundo, a anunciar constantemente el Evangelio: ‘Fiel al modelo del Maestro, es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo. La alegría del Evangelio es para todo el pueblo, no puede excluir a nadie. Así se lo anuncia el ángel a los pastores de Belén: «No temáis, porque os traigo una Buena Noticia, una gran alegría para todo el pueblo» (Lc 2,10). El Apocalipsis se refiere a «una Buena Noticia, la eterna, la que él debía anunciar a los habitantes de la tierra, a toda nación, familia, lengua y pueblo» (Ap 14,6)’ (EvG 23).

Observando y agradeciendo el trabajo misionero que nuestros hermanos realizan en sus lugares de trabajo, escuchando sus testimonios, apoyándoles en sus necesidades y rezando por sus intenciones, pedimos en esta jornada que también nosotros, como comunidad diocesana, veamos crecer nuestro compromiso evangelizador y misionero: ‘La misión en el corazón del pueblo no es una parte de mi vida, o un adorno que me puedo quitar; no es un apéndice o un momento más de la existencia. Es algo que yo no puedo arrancar de mi ser si no quiero destruirme. Yo soy una misión en esta tierra, y para eso estoy en este mundo. Hay que reconocerse a sí mismo como marcado a fuego por esa misión de iluminar, bendecir, vivificar, levantar, sanar, liberar. Allí aparece la enfermera de alma, el docente de alma, el político de alma, esos que han decidido a fondo ser con los demás y para los demás. Pero si uno separa la tarea por una parte y la propia privacidad por otra, todo se vuelve gris y estará permanentemente buscando reconocimientos o defendiendo sus propias necesidades. Dejará de ser pueblo’. (EvG 273).

El sábado 2 agosto nos reuniremos este año en el Monasterio del Olivar para participar en esta jornada organizada por la Delegación diocesana de Misiones. Os invito a participar en ella con vuestra presencia y también con vuestra oración. ¡Que Dios nos ayude a salir a todos renovados en nuestra vocación misionera!”.



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