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Birmanos exiliados en Tailandia protestan contra el golpe de estado / EFE.
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Golpe de estado en Myanmar

Se acabó el sueño democrático en Myanmar. Este lunes 1 de febrero, el ejército birmano ha sacado los tanques a las calles y, tras proclamar el estado de emergencia, ha confiado todos los poderes al comandante de las fuerzas armadas, el general Min Aung Hlaing, uno de los dos vicepresidentes de gobierno. Según las primeras noticias, tanto el presidente Win Myint como la Consejera de Estado Aung San Suu Kyi se hallan bajo arresto, al igual que otros dirigentes políticos. Estados Unidos y la ONU, esta última a través de su secretario general Antonio Guterres, han condenado la asonada. El golpe se produce unos días después de que los militares manifestaran públicamente su compromiso con la democracia, de ahí la sorpresa entre la población. «Anoche vimos algunos tanques por las calles, pero no podíamos pensar que la cosa iba a llegar tan lejos», relatan a ECCLESIA fuentes desde el terreno.

El pronunciamiento llega horas antes de la constitución del nuevo Parlamento surgido de las elecciones de noviembre. En ellas, la Liga Nacional por la Democracia (LND), la formación de Aung San Suu Kyi, obtuvo una victoria incuestionable al lograr 346 escaños, por solo 25 de los partidos militares. El miedo del ejército a una posible reforma constitucional que les lleve a perder más poder —la actual ley les garantiza uno de cada cuatro representantes de la Cámara— explicaría el golpe de mano, preparado con una campaña mediática que tildó los comicios de «fraudulentos».

En Yangón (Rangún), la principal ciudad del país y antigua capital, las comunicaciones no funcionan. La televisión nacional e internet han sido intervenidos y bloqueados. Los bancos permanecen cerrados. La televisión castrense, por su parte, ya ha anticipado que el estado de excepción durará al menos un año y que en este tiempo el general Hlaing (uno de los principales responsables de la limpieza étnica «de manual» de los rohingyas en el estado norteño de Rakhine) ejercerá la presidencia de manera interina. Los analistas creen que los militares forzarán la realización de unos nuevos comicios —cuyo resultado ya casi se puede anticipar— para legitimar su intervención.

Sus apelaciones sobre la limpieza del proceso electoral estaban pendientes de resolución por parte de la Corte Suprema de Justicia. No obstante, la junta electoral había desestimado las denuncias argumentando que los errores detectados no tenían entidad como para cuestionar la credibilidad del proceso.

«Insto a la población a no aceptar, a responder y a protestar de todo corazón contra el golpe militar», dice un comunicado emitido en nombre de Aung San Suu Kyi. El nuevo secretario de Estado estadounidense Antony Blinken ha pedido al ejército birmano «que libere a todos los funcionarios del gobierno así como a los líderes de la sociedad civil y que respete la voluntad del pueblo birmano expresada en las elecciones democráticas del 8 de noviembre».

El general Min Aung Hlaing y Aung San Suu Kyi, en una imagen de 2015 / EFE.

 

El ejército llegó al poder en Myammar mediante un golpe de Estado en 1962. Desde entonces, el estamento castrense lo controla todo: desde la seguridad —además de la cuarta parte de los diputados, la ley les otorga hoy también una vicepresidencia y los ministerios de Defensa, Interior y Fronteras— hasta la economía. Las protestas del pueblo y la presión internacional consiguieron que en 2008 se redactase una nueva Constitución, piedra angular de la lenta transición hacia la democracia. En 2011 se dio un nuevo paso en la buena dirección con la puesta en libertad de Aung, que estaba en arresto domiciliario desde 1989 y cuyo partido ganó las primeras elecciones celebradas en 2015. La cohabitación de los líderes políticos con los militares afrontó una primera prueba de fuego con la crisis de los rohingyas.

Hoy, «la Señora», la «Mandela birmana», la mujer galardonada con el Nobel de la Paz de 1991 y que pasó 19 de sus 75 años entre cuatro paredes luchando por la democracia, vuelve a estar entre rejas.



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