Rincón Litúrgico

Gloria a ti, por José-Román Flecha

“En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”  (Mt 28,19)

  • Gloria a ti, Padre sin principio y sin coacción, origen de la luz y de la vida, Señor del tiempo y del espacio. Dios amor en gratitud hecha promesa, dádiva y pacto, liberación y cercanía, misericordia y compasión.

Gracias por el milagro del ser y la existencia. Por la fresca amanecida, y por el lento ocaso que arrulla y adormenta. Y por ese gesto de tu mano que nos dice y asegura que la puerta de tu casa nunca tuvo cerrojos contra nuestra libertad. Gracias por ser padre y salir a recibirnos cuando los sueños se vuelven soledad.

  • Gloria a ti, Palabra que resuena por cerros y vaguadas. Palabra del principio y del final. Modelo para todo lo creado para el hombre y juez de todo lo urdido por los hombres. Pastor y puerta del rebaño. Camino, verdad y vida. Mensaje y mensajero, profeta y profecía.

Gracias por haberte humillado hasta el servicio. Por tu gracia y cercanía. Por tu amistad sin fingimiento. Por tu mano curadora de sorderas y cegueras. Por escuchar el tintineo de dos monedas de una viuda. Por tu entrega generosa y tus pasos de hortelano en una sorprendente amanecida. Gracias por tu nombre de  Emmanuel y por quedarte como tal en los altares.

  • Gloria a ti, Espíritu de Dios. que desde siempre te cernías sobre las aguas primordiales. Aliento de la vida y viento que se lleva las semillas. Susurro en el silencio del profeta. Brisa en los calores y vendaval que nos despierta.

Gracias por ese amor que acerca corazones y teje convivencias. Por los frutos del gozo y el encuentro, la paciencia y el perdón.  Por la gracia feliz de la armonía. Por llevarnos paso a paso a la sorpresa de la verdad plena y no soñada. Por ese consuelo indefinible en el oscuro rincón de los sollozos y por esa voz que remueve las conciencias.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

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