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Gestos… y palabras de Francisco: también, sí, hay que leer al Papa – editorial Ecclesia

Ya lo dijimos y escribimos desde el primer momento: el Papa Francisco habla con los gestos. Impresiona, admira y hasta emociona comprobar su lenguaje de gestos, su cercanía, su sensibilidad, sus intuiciones, su cuerpo y alma de pastor al servicio de la misión evangelizadora. Sin ir más lejos, en los últimos días Francisco ha mantenido en Santa Marta sendos encuentros conmovedores (ver páginas 35 y 36) con niños enfermos de cáncer y con militares heridos y familiares de militares muertos en misiones de paz. Y no cabe duda de que todo esto es una gracia de lo alto para la Iglesia y para el mundo. No cabe duda de que el Papa Francisco está dotado de un especial don, que pone extraordinariamente al servicio de los demás y de la Iglesia.

Casi tres meses después de su elección pontificia, Francisco está llegando con primor y con fuerza al corazón del pueblo de Dios y al corazón de tantas otras personas, alejadas e incluso ajenas a la vida de la Iglesia. Lo demuestra la espléndida acogida que sigue recibiendo en la opinión pública, en los comentarios y en el sentir de católicos y no católicos. Así lo prueba, por ejemplo, el hecho de que Roma quede colapsada los días de sus intervenciones públicas, que está registrando índices altísimos de participación ciudadana y de fieles. Escuchar al Papa, verle celebrar la eucaristía o rezar, contemplarle al acercarse a la gente –singularmente a los niños, a los necesitados y a los enfermos- es una experiencia de altísima humanidad y de indudable nervio y vigor religioso y cristiano.

Pero –y esta conjunción adversativa no indica contraposición, sino complementariedad- es necesario también leer al Papa, es, sí, preciso asimismo seguirle, conocerle y admirarle a través de sus gestos –por supuesto- y también de sus palabras. Permítasenos la expresión coloquial: no tienen desperdicio las homilías, las catequesis y los discursos de Francisco, que ECCLESIA –como viene haciendo desde su fundación, en 1941, con todos los Papas- sirve puntualmente. El magisterio de Francisco es un magisterio doctrinal, pastoral y espiritual a la vez. Destaca en él, la claridad, la sencillez, la concreción, la esquematización, la belleza de las imágenes, de los ejemplos y de las metáforas, la interpelación, el corazón de pastor que fehaciente, indudable y gozosamente se trasluce en todas sus intervenciones y palabras. Por ello, la comunidad eclesial no puede permitirse el lujo de no conocer al Papa Francisco por sus palabras, por sus dichos, por sus enseñanzas. O expresado de otro modo, igualmente coloquial: leerle es también una “gozada”, una suerte, un reconfortante “deber”, una fuente y una escuela de formación para la vida cristiana y para la acción evangelizadora de todos los miembros de la Iglesia.



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