Cartas de los obispos Última hora

Gentes del Carmen y del mar

Un saludo cordial en Jesucristo, el Hijo de Dios nacido de María Virgen, timonel de la bella y frágil barca de la humanidad, tal y como la hemos descubierto singularmente durante este tiempo de pandemia. Saludo con especial cercanía y afecto a los hombres y mujeres del mar junto con sus familias en la fiesta de la Virgen del Carmen.

Este año se conmemora el centenario del apostolado del mar, recordando que en 1920 se fundó el primer centro Stella Maris como respuesta pastoral a las necesidades de las gentes del mar en puertos extranjeros. Lo que se había venido realizando de muchas formas anteriormente tomó cuerpo de compromiso en la Iglesia, llegando a servir a las gentes del mar durante cien años y con presencia actualmente en más de trescientos puertos de cincuenta y seis países.

La Virgen del Carmen nos invita a mirarnos en los ojos de los hombres y mujeres del mar sintiéndonos todos gentes del Carmen y del mar. María es estrella que guía y protege a los trabajadores del mar y a sus familias, tanto en el puerto como en la singladura. En casa y en el barco se invoca a Nuestra Señora del Carmen pidiendo su protección durante el trabajo y el temporal, así como consuelo y acierto para surcar los mares y llegar a buen puerto.

Con este mismo espíritu, podemos hacer nuestras las preocupaciones de tantas personas que trabajan directa e indirectamente en las faenas del mar. En medio de la emergencia sanitaria y de dificultades inimaginables, han contribuido a sostener la economía y el abastecimiento de primera necesidad por medio del transporte de productos básicos. Son igual que tantos claros destinatarios de nuestros aplausos. Aún más, si cabe, cuando a las dificultades que ya arrastraban se suman ahora las que el «coronavirus» les ha traído, tales como un tiempo más prolongado sin reunirse con sus familias, restricciones para desembarcar o el aumento de la incertidumbre económica del sector.

De un modo diferente este 16 de julio de 2020, privados de las tradicionales procesiones, pero con fe profunda de gentes del Carmen y del mar, honramos a quienes han perdido la vida en el mar y elevamos una sentida oración por ellos.

Hermanos y hermanas, os invito a renovar la confianza en Nuestra Señora del Carmen. Con Ella respiramos la reconfortante brisa marina de consuelo y esperanza que viene de Dios para compartirla con tantos hermanos nuestros necesitados, hijos de un mismo Padre y de una misma Madre. Ella es la estrella inigualable en la difícil travesía universal de la pandemia del «coronavirus» y de cualquier mar proceloso. Mirando a la estrella, invocando a María, confiamos el timón a su hijo Jesús, Cristo vivo, y continuamos bregando mar adentro con la prudencia y respeto que requiere cualquier tempestad, pero con la confianza y seguridad que Dios nos otorga generosamente.

Os encomiendo en una sencilla plegaria esperanzada con mi afecto y bendición.

✠ Luis Ángel, cmf
Obispo de Mondoñedo-Ferrol

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