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García Burillo: «La esperanza prevalece sobre el sufrimiento»

Monseñor Jesús García Burillo, obispo administrador apostólico de Ciudad Rodrigo, ha presidido esta mañana la misa funeral por las víctimas de la pandema del COVID-19, en una ceremonia que ha tenido lugar en la catedral de Santa María, y que ha coincido con la festividad de Santiago Apóstol, patrón de España.

Durante su homilía, García Burillo se ha dirigido a las familias de las víctimas a las que ha querida dedicar unas palabras de consuelo. «Ha sido una partida abrupta, inesperada. Ingresamos a un ser querido y nos han devuelto sus cenizas pocos días después. Esto ha sucedido con millares de enfermos. Las familias no habéis tenido tiempo para despedirlo, para apretar su mano en el momento del adiós. Han muerto en soledad, solo acompañados por el médico o la enfermera que les asistió en el momento final. El Señor que nos espera al final del camino ha sido su consuelo; por eso la esperanza prevalece sobre el sufrimiento. Hoy queremos acompañar a estas familias, sintiendo vivamente su aflicción».

El prelado quiso compartir cuatro lecciones de la Palabra de Dios que, «en esta fiesta de Santiago el Mayor, nos abren a la esperanza». «La primera lección, es que los seres humanos no somos todopoderosos. Omnipotente solo es Dios. El Señor nos ha ofrecido además una inesperada lección de humildad. No somos nosotros quienes disponemos de nuestras vidas, es Dios quien está sobre todo y sobre todos».  «En segundo lugar, – ha indicado- esta prueba nos ha ayudado a crecer como personas y como comunidad de hermanos. Hemos aprendido que no estamos solos, que somos una familia, vivimos en familia y nos necesitamos mutuamente. La ausencia de nuestros difuntos nos lleva a pensar cuán fugaz es nuestra existencia y cómo no es posible vivirla si no es compartiéndola con los demás, particularmente en tiempos de escasez».

En palabras de García Burillo, «en tercer lugar, pongamos los ojos en Jesucristo, que sube a Jerusalén, muere por nosotros y nos otorga con su resurrección el don de la vida eterna. Por su muerte, Cristo nos regala una vida nueva, que gozamos ya en este mundo con la mirada puesta en el cielo, en los bienes de arriba».

Para finalizar, explicó que «el Señor nos ha dejado una tareaen este mundo: vivir el evangelio y llevarlo a los demás. Nuestros difuntos, a quienes hoy lloramos, con su vida y su muerte han puesto su granito de arena y ahora han sido llamados a la vida gloriosa con Cristo. Nosotros tenemos la hermosa tarea de hacer presente el Reino de Dios en Ciudad Rodrigo, donde Jesús nos ha plantado para crecer y dar fruto».

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