Opinión

Galdós: de Doña Perfecta a la desheredada

Hace un siglo el día 4 del mes de enero, moría ciego y consumido  por la arterioesclerosis el gran novelista del XIX, junto con Clarín, Benito Pérez Galdós. Republicano convencido y con cierta tendencia al maniqueísmo literario entre conservadores y progresistas, (algo que después de un siglo sigue máxima actualidad tanto en  mundo de la ideología y de la política), lo que no impidió que SM Alfonso XIIII, lo nombrara capitán general con mando en plaza.

La narrativa de Galdós se caracteriza por una evolución que va desde el realismo más moderado al naturalismo más crudo, según  la influencia de padre del naturalismo francés E. Zola. En esta novela cruda  por  su temática y por su estilo, quedan atrás tanto la novela de tesis como puede  ser Doña Perfecta, en la que desde una perspectiva excluyente y maniquea, plantea el tema de la intolerancia, con una visión muy parcial: nos ofrece dos formas de ver la sociedad una tradicional representa por la propia doña Perfecta y su mundo social, y la progresista representada por Pepe Rey, el alter ego literario del propio Galdós. Ambos personajes son antitéticos y excluyentes. Si doña Perfecta se muestra  radicalmente intolerante como el mundo social de Pepe Rey, este se manifiesta con igual de intolerancia con el mundo de doña perfecta: es decir Galdós plantea un maniqueísmo  excluyente entre buenos y malos: Tradición E ilustración. Una especie de guerra entre dos fanatismos: uno progresista y otro conservador. Doña Perfecta y Pepe Rey (religiosidad vs ilustración y progresismo).  No es de extrañar que esta novela suscitara  una fuerte polémica que aumentó la fama de Galdós  de  novelista iconoclasta radical  y de excelente escritor.

En La desheredada Galdós agudiza la crítica naturalista y desencarnada de la sociedad de su tiempo. La historia de una bella muchacha, Isidora, que víctima de su ambición y de una vida familiar desgraciada, su padre Tomás, muere loco en una manicomio: ella  pretende casarse con un personaje fantoche, el marqués Saldeoro, lo que no logra, y víctima de toda clase de injusticias, desesperada se arrojará a la vida pese a las advertencias de su padrino  Relimpio y su amigo Miquis. El tono moralizante de la novela es evidente. Nos ofrece un retrato literario del Madrid de su tiempo, de gran exactitud: calles, ambientes, usos y costumbres y lugares. Sin duda un excelente  documento para conocer el Madrid de Galdós. Además para Galdós en esta novela lo importante no es el estilo por sí mismo  sino que está en función del contenido. Se  puede captar un  eco de la ironía cervantina. Para muchos estudiosos actuales de la narrativa galdosiana, La desheredada es una de las novelas más importante, después de Fortunata y Jacinta, mientras que en su tiempo no tuvo especial resonancia.

Fidel García Martínez , doctor Filología Románica  Catedrático Lengua Literatura

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