Congreso de Laicos

Gabino Uríbarri recuerda que en los procesos formativos es necesario el silencio, la oración y la revisión de vida

El itinerario de procesos formativos, en el Congreso de Laicos Pueblo de Dios en salida, contó con la ponencia del profesor Gabino Uríbarri SJ, de la Universidad Pontificia Comillas y miembro de la Comisión Teológica Internacional. Tras recorrer las afirmaciones que realiza el Instrumentum Laboris sobre esta cuestión, recordó que «todos necesitamos formación para ser Iglesia en salida» y que «esta formación ha de ser personalizada, según las circunstancias personales y el campo de misión». Entre las pistas que ofreció para ayudar a un discernimiento que personalice el tipo de formación necesario, destacó: el silencio, la oración, la lectura, revisión de vida y contraste, discernimiento, la formación permanente, eclesiál, profética y personal.

Silencio

«Necesitamos silencio. Todos. Sin silencio no hay profundidad. No hay encuentro con uno mismo. No hay encuentro con Dios. En una sociedad de la prisa, de la aceleración, del estrés, de la angustia, del bombardeo continuo, el silencio es fundamental. ¿Tengo espacios regulares y suficientes de silencio?».

Oración

«Sin oración, sin relación con Dios, la fe se vuelve mortecina, no se renueva, se refresca, sino que se apaga. La oración incluye el silencio, pero no es solo silencio. En la oración cristiana la frecuentación de la Palabra de Dios, de diferentes formas, lectio divina, liturgia de las horas, contemplación, meditación, habrá de ocupar un espacio significativo. Junto con la Palabra de Dios los sacramentos, celebraciones eclesiales de la fiesta de la fe».

Lectura

«Las lecturas amplían y enriquecen mi mundo. Me ponen en contacto con grandes creyentes, que me animan y sirven de estímulo. Me proporcionan conocimientos que me ayudan a creer mejor, más consciente, más profundamente. Me ayudan a entender mejor la Escritura, los diversos artículos del credo o de la doctrina cristiana, la postura de la Iglesia en temas morales. Sin lectura, un programa de formación está cojo. Hemos de leer los principales documentos del papa y del magisterio; acerca de los temas candentes de nuestro tiempo; acerca de nuestra fe. Me impresionó mucho la tesis de un teólogo pastoral alemán con mucha experiencia. Decía, «contra tibieza, lectura espiritual». Sin leer no vamos a evangelizar la cultura».

Revisión de vida y contraste

«La formación es una empresa personal, desde luego, pero también comunitaria. La mirada desde fuera me contrasta, interpela, completa y complementa lo que yo veo. Por eso, los procesos de revisión de vida, de contraste en dirección espiritual o del modo que sean ayudan no solo a descubrir engaños, carencias, deficiencias y perezas. También espolean y son acicate, enriquecen y amplían el horizonte».

Discernimiento

«La clave está en el discernimiento, que orienta mi vida como misión. No se trata de saber más por prurito, sin que eso sea de por sí negativo. La curiosidad intelectual, en general, y sobre nuestra fe, en particular, es un elemento positivo. Sino de qué formación necesito para ser apóstol, para anunciar a Jesucristo, para vivir mi fe de modo maduro, para transformar según el evangelio la realidad en la que vivo. Hemos de estar atentos a generar una sana ecología de crecimiento en la fe y en su dimensión misionera, evitando los dos grandes peligros que nos acechan: un activismo desenfrenado, que amenaza con quemarnos y que solamente transmitamos angustia y estrés; un cristianismo de grupo cerrado y cálido, de «comunidades estufa», que no interacciona con el entorno y no transmite la fe».

Permanente

«Puede haber periodos más intensos de formación, al hacer un curso o prepararme para una misión concreta. Sin embargo, en nuestra sociedad del conocimiento la formación ha de ser permanente. También como cristianos que somos una misión hemos de vivir la formación como un proceso continuo de crecimiento en la fe: en la coherencia con la misma, en su puesta en práctica para la transformación de la realidad, en el conocimiento sapiencial de la misma».

Eclesial

«La formación me hará crecer en sentido de pertenencia, en comunión eclesial. Me pondrá en camino de ser más Iglesia. En este sentido se puede denominar sinodal. La palabra «sínodo» viene de syn: con; y odos: camino. Sínodo entonces significa caminar juntos, escucharnos unos a otros, apoyarnos unos a otros, avanzar juntos. Lo contrario del espíritu sinodal es el francotirador. La misión es individual y comunitaria simultáneamente. La formación nos ha de preparar para realizar tanto la dimensión personal como la comunitaria de la misión de ser Iglesia en salida».

Profética

«La formación ayudará a transformar, mediante signos proféticos, la realidad según el evangelio. No se trata de saber más, sino de ser más y mejores cristianos. Lo cual implica la transformación de la realidad. Esta no se dará sin la conjunción de vida y misión».

Personal

«Finalmente, la formación ha de ser personal, pues su sentido estriba en potenciar mi vida cristiana, mi vocación como cristiano, como bautizado, maduro, adulto, responsable, que anuncia a Jesucristo, como el Señor de su vida, como el tesoro que le colma de alegría».

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