Firmas Iglesia en España Nacional

Funeral, miércoles 5 de abril 8 de la tarde iglesia de los Jerónimos de Madrid: Paloma, siempre Paloma…

Funeral, miércoles 5 de abril 8 de la tarde iglesia de los Jerónimos de Madrid: Paloma, siempre Paloma…

Funeral, miércoles 5 de abril 8 de la tarde iglesia de los Jerónimos de Madrid: Paloma, siempre Paloma…, por José Alberto Rugeles Martínez

Este miércoles en la histórica Iglesia Parroquial de San Jerónimo el Real de Madrid, el Señor Cardenal Arzobispo, D. Carlos Osoro Sierra presidirá un Funeral por el eterno descanso de Paloma Gómez Borrero, fallecida inesperadamente el pasado 24 de marzo.
Mucho se ha escrito y dicho sobre ella en los últimos días. Las más variadas personas de los más diversos ambientes profesionales y sociales -en donde Paloma desarrolló por décadas su trabajo- se han manifestado y todos han sido unánimes en destacar que fue una gran profesional, pero antes que nada una buena persona y una gran dama.
Muchos se han referido a la gran capacidad que tenía Paloma de sumar amigos, de estar siempre dispuesta a ayudar a los demás en la Città Eterna, de difundir la alegría del Evangelio, de transmitir las noticias del Vaticano y de Italia, de ser Embajadora de España sin el nombramiento oficial, pero con el nombramiento popular del cariño de quienes le conocían y se habían acostumbrado a verla entrar en sus casas a través de la pequeña pantalla o de las ondas de la radio. Era «alguien de casa» en la mayoría de los hogares españoles durante décadas.
Y por eso el dolor de muchísimas personas que hemos sentido que se ha marchado alguien que era «de los nuestros». Alguien que supo evangelizar siendo una gran periodista. Alguien que nunca ocultó lo que que creía, y que supo tender puentes a mucha gente, incluso a quienes no pensaban como ella. Pero viéndola actuar, a muchos se le colocaba la pregunta ¿Cuál la razón más profunda para ella ser así como es?. Y la respuesta se encontraba en su Fe. Era buena persona, porque era buena cristiana.
Hace unos seis años atrás, en una tarde de otoño, la llevé a conocer la Iglesia de San Benedetto in Piscinula -la iglesia de los Heraldos del Evangelio en Roma- en el Trastevere. Ella misma se reía diciéndome que era rarísimo que la llevasen a conocer una iglesia en Roma, pues era ella quien lo hacia con mucha gente, pero que no la conocía. Se sorprendió mucho con el templo y observó todo con detalle. Luego fuimos a una cafetería vecina y tomamos un capuchino conversando de lo divino y de lo humano. Ya antes de ir hacia el coche, me dijo: «José Alberto ¿te importa si volvemos a San Benedetto? pues quiero rezar un poco«. Allí de rodillas se quedó rezando un largo rato delante del Santísimo y al salir, ya en el coche, camino de su residencia afirmó: «!cuánta Paz!, que ambiente sereno y tranquilo. Me ha gustado muchísimo la iglesia, es antigua y bonita, pero más aún me ha gustado el ambiente de paz y serenidad. He estado muy a gusto». Me recordé de este hecho al leer el excelente artículo de Manolo Brú en Alfa y Omega el jueves pasado.
Alguien que siempre vivió entre ruido, en aeropuertos, en viajes por el mundo entero, haciendo crónicas a tiempo y a destiempo, pendiente de la última noticia y del más reciente acontecimiento, gustaba del silencio, de la paz y la serenidad, que sobre todo en Cristo se encuentra.
Esta tarde, desde la eternidad verá Paloma el templo de los Jerónimos lleno de gente, de amigos que iremos a recordarla y a rezar por ella, pero no se por qué, pienso que ella mirará con amor la capilla del Santísimo en los Jerónimos  y dirá: «allí también, ¡cuánta paz hay!, pero paz, paz, verdaderamente paz, aquí en el Cielo, viendo cara a cara al Señor» y haciendo -digo yo- alguna que otra entrevista a la Virgen, a san Juan Pablo II, y a tantos otros santos que ya están para siempre en la serenidad y la paz que da la vida eterna.
Paloma, siempre Paloma, te extrañamos y te seguimos admirando por haber sido como
fuiste y por transmitirnos esa paz y esa serenidad, que sabías ofrecer con tu alegría y entusiasmo que tanto bien hizo a tantos.
Gracias Paloma, siempre Paloma…

 

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