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Funeral en Albacete por las víctimas diocesanas del COVID

La catedral de Albacete acogió en la tarde de ayer viernes 17 de julio un funeral en memoria de las víctimas diocesanas de COVID-19. La misa de difuntos estuvo oficiada por el obispo Ángel Fernández Collado y contó con la asistencia de familiares de 147 fallecidos, según datos de la oficina de comunicación diocesana. Entre los presentes, también, el alcalde de la ciudad, Vicente Casañ; la teniente de alcalde, María José López Ortega; representantes de todos los grupos municipales excepto Podemos; el presidente de la Diputación Provincial, Santiago Cabañero; el subdelegado del Gobierno, Miguel Juan Espinosa; la vicepresidenta primera de las Cortes de Castilla La Macha, Josefina Navarrate; y el presidente del Tribunal Superior de Justicia de la comunidad, Vicente Rouco Rodríguez, entre otras autoridades.

En su homilía, monseñor Fernández constató que «un pequeño virus ha puesto el mundo patas arriba» y nos ha enseñado que «el desarrollo tecnológico y el mercado, si bien ayudan a progresar, no son la única solución ni el lugar donde podamos depositar todas nuestras esperanzas de futuro como humanidad». «No somos dioses —dijo—, somos vulnerables, humanos, débiles, pecadores, falibles. Ver morir a abuelos, padres, madres, familiares o amigos no deja indiferente a nadie. Como tampoco el no poder hacer duelo ante el dolor de tantas personas fallecidas».

La muerte no es el final del camino

El prelado manchego quiso dejar constancia de que, en la sociedad actual, la muerte ha dejado de ser hacer tiempo la «hermana muerte» de la que hablaba san Francisco de Asís, para convertirse en «algo que estremece y que no se quiere afrontar ni nombrar». «Sin embargo, es algo normal que, vivido desde la fe nos asegura que es un acto natural y, a la vez, importante, porque nos asegura que seguiremos viviendo de otra manera, gracias al amor de Dios, sin limitaciones humanas, sino llenos de amor divino», señaló.

Tras recordar que para las personas de fe, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad, y la muerte no son el final del camino, el obispo reflexionó sobre lo vivido en los últimos meses, unas circunstancias «socialmente dramáticas» —indicó— que han hecho aflorar «actitudes de generosidad, de servicio y solidaridad que muestran lo mejor que hay en el corazón del ser humano, que dignifican a las personas y a la sociedad y que fortalecen la fraternidad entre nosotros». En este sentido, quiso ensalzar la labor de los profesionales de la sanidad, los cuerpos de seguridad del Estado, los servicios públicos municipales, los voluntarios, y vecinos y amigos.

En el altar fue colocado un panel con los rostros de los difuntos, junto a una bandera de España. La diócesis preparó también un vídeo en recuerdo y homenaje de los fallecidos. «A nuestros difuntos víctimas de esta pandemia, que son vuestros y, de alguna manera también nuestros, porque sentimos su muerte, porque somos Iglesia, la familia de los hijos de Dios, el Señor les dé el descanso eterno, el premio a todas sus buenas obras y el perdón de sus pecados, cometidos por debilidad humana», concluyó el obispo.

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