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Funeral de Isabel Carrasco, homilía del obispo de León, Julián López Martín

 Funeral de Isabel Carrasco, homilía del obispo de León, Julián López Martín

HOMILÍA EN LAS EXEQUIAS DE DÑA. ISABEL CARRASCO

(León, 13-mayo-2014)           

Hermanos todos: Estamos sumidos en el dolor y la consternación ante la muerte violenta de Dña. Isabel Carrasco Lorenzo, Presidenta de la Excma. Diputación Provincial de León. Pero junto a la pena que nos embarga, hay algo muy fuerte y valioso que nos ha traído para celebrar las exequias de esta mujer voluntariosa y entregada a su tarea política, algo que debe reconfortarnos. Me refiero, en primer lugar, al rechazo unánime y sereno de este suceso por parte de nuestra sociedad, de todas las instituciones públicas y sociales y de sus representantes y dirigentes, así como de la inmensa mayoría de los leoneses.

Los medios de comunicación lo han puesto de relieve desde el primer momento. Yo veo en ello un signo más de la madurez de nuestro pueblo y una forma de reconocimiento no sólo del valor de la vida humana, de toda vida humana, sino también de la importancia de la función pública en la sociedad democrática. Por eso, más allá del estupor y de los sentimientos de dolor ante este luctuoso hecho, merece la pena resaltar esta unidad moral y espiritual de los ciudadanos.

            En este sentido, es de justicia reconocer la gran dedicación de Dña. Isabel Carrasco a la vida política de León y de nuestra Comunidad Autónoma de Castilla y León en los sucesivos puestos que ha ocupado. “La Iglesia, según palabras del Concilio Vaticano II, alaba y estima la labor de quienes, al servicio del hombre, se consagran al bien de la cosa pública y aceptan las cargas de este oficio” (GS 75). En nombre de las diócesis de Astorga y de León que tienen su sede en nuestra provincia leonesa, quiero agradecer la cooperación de la Excma. Diputación Provincial y de la que ha sido su Presidenta en los últimos años, especialmente de cara a la conservación y restauración del patrimonio religioso de nuestros pequeños pueblos y de otros muchos servicios a la comunidad humana de la provincia.

            En segundo lugar, nos reconfortan especialmente las palabras de San Pablo y de Nuestro Señor Jesucristo que se acaban de proclamar. Estamos en el tiempo de Pascua, celebración festiva de la resurrección de quien venció para siempre a la muerte y le arrebató su poder sobre el hombre. Esta victoria es también nuestra, en la medida en que nos esforzamos en vivir de acuerdo con la gracia divina que recibimos en el bautismo. De ahí la exhortación del apóstol a no afligirnos como los hombres sin esperanza. Porque “si creemos que Jesús ha muerto y resucitado”, podemos creer y esperar también que Dios, por medio de Jesucristo, hará que los que han muerto, participen también de la resurrección. La esperanza, ha dicho alguna vez el Papa Francisco, es un poco como la levadura, que ensancha el alma; hay momentos difíciles en la vida, pero con la esperanza el alma sigue adelante y mira a lo que nos espera”.

            Ciertamente, no sabemos cómo será o de qué manera nuestro cuerpo mortal se revestirá de inmortalidad, pero el Señor ha empeñado su palabra como expresión de su obediencia personal a la voluntad del Padre, cuyo propósito consiste en que “todo el que ve al Hijo y cree en Él tenga vida eterna y Él lo resucitará en el último día”.

            Queridos hermanos: Empezamos a tener esperanza desde el momento en que nos dejamos iluminar por la luz de Cristo, la luz de la fe, simbolizada en el cirio que preside el tiempo pascual y las exequias de los cristianos. Pero, sobre todo, empezamos a vencer a la muerte cuando nos amamos como hermanos. Que así sea.

+ Julián, Obispo de León



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