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Fuego y clero

Hoy iba a hablar de otra cosa muy distinta, pero nos irrumpe una nueva ocurrencia desde los sectores más rancios y antisociales de nuestro país. En vísperas de la Navidad, donde en todos los continentes se conmemora el nacimiento de Cristo en la noche de Nochebuena, un grupo de personas ha creado un hashtag que pide quemar vivos a los sacerdotes.

Lo decía hace pocos días el director de cine Alex de la Iglesia: “Los sacerdotes son como soldados de Dios, jedis que tienen la fuerza, que es la fe en el Señor, y tienen armas, que son las reliquias y objetos sagrados”. Quizá por eso hay quienes desde las corruptas fuerzas oscuras que hay entre nosotros –siguiendo la saga de la Guerra de las Galaxias de George Lucas–, traten de luchar con lo poco que pueden –un mero #FuegoAlClero– contra estos hombres consagrados. Estamos viviendo quema de iglesias, acoso a la asignatura de Religión, fake news sobre la Iglesia y ahora un intento gratuito de ir contra los curas. Esta nueva persecución tiene su respuesta en el ínfimo seguimiento, en la marginalidad de quienes lo promueven y en la revitalización que genera en los cristianos con fuego, sí, pero no el que esos pocos buscan, sino con el del Espíritu Santo que nos confirma como hijos y hermanos.

Quienes nos hemos topado con sacerdotes de Dios, hemos reconocido Su Presencia en ellos. Basta solo hablar un rato con ellos para darse cuenta de lo místico que rodea ciertas conversaciones. Y ya no hablo de los sacramentos. Estos hombres que renuncian a todo por servir desinteresadamente a una comunidad, por mantener de generación en generación el legado de Cristo y de la primera comunidad cristiana de la historia, por trasladar la Buena Noticia a todos los hombres y mujeres en todos los rincones del planeta, son, además, quienes traen a la tierra todos los días al Señor en la consagración durante la Eucaristía.

Querido sacerdote que lees estas líneas. No estás solo. No por tenernos a vuestro lado. No por estar agradecidos por vuestro servicio. No por ser héroes ante el hostigamiento y la persecución. No por saberos queridos por la sociedad y en especial por los más vulnerables, pobres, excluidos y necesitados de la tierra. No estás solo porque Dios te lleva de la mano y porque en María tienes a tu Reina.

Como decía el Santo Cura de Ars, “el sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros“. Gracias sacerdote.



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