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#FratelliTutti5de10: En un mundo oscurecido, nadie puede quedar excluido

El Papa Francisco  constata en su última encíclica algunas sombras de este mundo. Este es el tema elegido para la quinta semana de «Soñar lo posible», la iniciativa de la Conferencia Episcopal y los medios de la Iglesia para divulgar el mensaje de Fratelli tutti. Sin embargo, estas tendencias negativas no deben ocultar que el mensaje cristiano es de esperanza, ni que la respuesta de la Iglesia debe ser la de servir, salir de casa y de sus templos, y dejar las puertas abiertas (cf. FT 276).

Francisco llama la atención sobre cómo el «individualismo consumista» termina tratando a los demás «como molestias y la agresividad crece» (FT 222). Y se preocupa porque el egoísmo personal tiene implicaciones sociales, ya que «estamos más solos que nunca en este mundo masificado que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia» (FT 12).

También, el Santo Padre alerta de que se ha producido un retroceso en el proyecto de conseguir un mundo más unido y más justo, y señala una fecha: 70 años, tomando como referencia la Declaración Universal de los Derechos Humanos. «Mientras una parte de la humanidad vive en opulencia, otra parte ve su propia dignidad desconocida, despreciada o pisoteada y sus derechos fundamentales ignorados o violados. ¿Qué dice esto acerca de la igualdad de derechos fundada en la misma dignidad humana?», se pregunta Francisco (FT 22).

Caminos de esperanza

Pero, ante el menosprecio de la dignidad de todas las personas con un individualismo que rompe la comunidad y, en última instancia, al mismo individuo, Fratelli tutti abre vías de esperanza, que «nos habla de una realidad que está enraizada en lo profundo del ser humano, independientemente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive» (FT 55).

Las grandes transformaciones no son fabricadas en escritorios o despachos. Cada uno juega un papel fundamental en un único proyecto creador, para escribir una nueva página de la historia, una página llena de esperanza, llena de paz, llena de reconciliación. Hay también una «artesanía» de la paz que nos involucra a todos. Los caminos de pacificación, de primacía de la razón sobre la venganza, de delicada armonía entre la política y el derecho, no pueden obviar los procesos de la gente (Ft 231).

Recoge que, durante esta pandemia, hemos comprendido «que nadie se salva solo» (FT 54). Además, apunta al gran potencial escondido en «cada mujer, cada hombre y cada generación», capaces de «liberar nuevas energías relacionales, intelectuales, culturales y espirituales» (FT 196).

Algunas ideas para pensar

  • Se encienden conflictos anacrónicos que se consideraban superados, resurgen nacionalismos cerrados, exasperados, resentidos y agresivos. La idea de unidad crea nuevas formas de egoísmo.
  • El individualismo consumista provoca mucho atropello. Los otros son meros obstáculos para la propia tranquilidad placentera. Son molestos. Crece la agresividad.
  • Aumenta la soledad. Estamos más solos que nunca en este mundo que hace prevalecer los intereses individuales y debilita la dimensión comunitaria de la existencia.
  • Partes de la humanidad parecen sacrificables –pobres, discapacitados, no nacidos o ancianos-en beneficio de unos pocos que se creen dignos de vivir sin límites.
  • Debemos levantar la cabeza para reconocer al vecino como un don y para ponernos al lado del que está caído en el camino.
  • Cuando se respeta la dignidad del hombre, y sus derechos son reconocidos y tutelados, florece también la creatividad y el ingenio. Entonces el ser humano despliega múltiples iniciativas en favor del bien común.
  • El bien, como también el amor, la justicia y la solidaridad, no se alcanzan de una vez para siempre; han de ser conquistados cada día.
  • ¡Qué bonito sería que a medida que descubrimos nuevos planetas lejanos, volviéramos a descubrir las necesidades del hermano o de la hermana en órbita alrededor de mí!
  • Dios sigue derramando en la humanidad semillas de bien.
  • La esperanza nos habla de una realidad enraizada en lo profundo del ser humano, independiente de las circunstancias concretas y los condicionamientos históricos en que vive.
  • El anhelo de plenitud eleva el espíritu hacia cosas grandes, como la verdad, la bondad y la belleza, la justicia y el amor.
  • La esperanza es audaz, sabe mirar más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna.

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