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#FratelliTutti3de10: Las religiones, al servicio de la fraternidad

Espacios de encuentro. La Iglesia «considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que […] no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres», nos enseña Fratelli tutti en su número 277. El último capítulo, «Las religiones al servicio de la fraternidad en el mundo», es el tema elegido para esta semana sobre la encíclica del Papa Francisco.

El 4 de febrero de 2019 el Papa Francisco y el Gran Imán de Al-Azhar, Ahmed al-Tayeb, firmaron el documento Fraternidad humana por la paz y la convivencia para recordar que Dios ha creado a todos los seres humanos iguales en los derechos, en los deberes y en la dignidad, y los ha llamado a convivir como hermanos entre ellos. Ahora, en esta nueva encíclica, se recogen y desarrollan los grandes temas planteados en aquel documento. Francisco en Fratelli tutti invita a las distintas religiones a ponerse al servicio de la fraternidad en el mundo. Entre las religiones es posible un camino de paz.

El valor de la persona

Todas las personas, con independencia de su credo o religión, tienen el mismo valor, un valor infinito que es el que les da el ser amadas por Dios. Un amor idéntico para cada persona, sea de la religión que sea. En consecuencia, las distintas religiones valoran a cada persona infinitamente, como criaturas llamadas a ser hijos de Dios. A partir de esta valoración, ofrecen una aportación valiosa para la construcción de la fraternidad y para la defensa de la justicia en la sociedad (Cf. FT 271).

Las diversas religiones comparten muchos valores que permiten una convivencia más humana. El perdón y la reconciliación son temas fuertemente acentuados en el cristianismo y, de diversas formas, en otras religiones. Pero existe el riesgo de no comprender adecuadamente las convicciones de los otros creyentes y presentarlas como precursoras del fatalismo, la inercia o la injusticia, o de la intolerancia y la violencia (Cf. FT 237).

Cuando en cada persona hay una apertura al Padre de todos, hay también un sólido fundamento de la fraternidad. La razón, por sí sola, es capaz de aceptar la igualdad entre las personas y de establecer una convivencia cívica entre todos, pero para dar el paso a una auténtica hermandad hay que hablar de una paternidad común, la de Dios (Cf. FT272).

Verdaderamente hermanos

Los creyentes de las distintas religiones sabemos que hacer presente a Dios es un bien para nuestras sociedades. Buscar a Dios con corazón sincero, siempre que no lo empañemos con nuestros intereses ideológicos o instrumentales, nos ayuda a reconocernos compañeros de camino, necesitados unos de otros, verdaderamente hermanos (Cf. FT 274).

El diálogo entre personas de distintas religiones busca establecer entre los hombres amistad, paz y armonía. Se trata de compartir valores y experiencias morales y espirituales en el camino hacia la verdad y el amor. No es un diálogo para la diplomacia o la tolerancia, sino para la fraternidad.

Libertad religiosa

Fratelli Tutti defiende la libertad religiosa para los cristianos, allí donde somos minoría, y para los no cristianos, allí donde ellos son minoría. La libertad religiosa se sostiene porque la aportación de las religiones al bien común permite encontrar un buen acuerdo entre culturas y religiones diferentes. Las cosas que tenemos en común son tantas y tan importantes que es posible encontrar un modo de convivencia serena, ordenada y pacífica, acogiendo las diferencias y con la alegría de ser hermanos en cuanto hijos de un único Dios (Cf. FT 279).

Entre las causas más importantes de la crisis del mundo moderno está un alejamiento de los valores religiosos. Cuando, en nombre de una ideología, se quiere expulsar a Dios de la sociedad, se acaba por adorar ídolos, y enseguida el hombre se pierde, su dignidad es pisoteada, sus derechos violados. La privación de la libertad de conciencia y de la libertad religiosa deja a la humanidad radicalmente empobrecida, privada de esperanza y de ideales (Cf. FT 274).

Los creyentes de las distintas religiones sabemos que hacer presente a Dios es un bien para nuestras sociedades. Buscar a Dios con corazón sincero, siempre que no lo empañemos con nuestros intereses ideológicos o instrumentales, nos ayuda a reconocernos compañeros de camino, verdaderamente hermanos. (Cf. FT 274).

Espacios para el encuentro

La Iglesia valora la acción de Dios en las demás religiones y considera con sincero respeto sus modos de obrar y de vivir, sus preceptos y doctrinas. Al mismo tiempo, recuerda el papa Francisco que para los cristianos ese manantial de dignidad humana y de fraternidad está en el Evangelio de Jesucristo que no puede dejar de resonar en nuestras entrañas. Sin él habremos perdido la alegría que brota de la compasión, la ternura que nace de la confianza, la capacidad de reconciliación que encuentra su fuente en sabernos siempre perdonados‒enviados, el impulso que nos lleva a luchar por la dignidad de todo hombre y mujer (Cf. FT 277).

Los creyentes necesitamos encontrar espacios para conversar y para actuar juntos por el bien común y la promoción de los más pobres, sin esconder nuestras propias convicciones. Todos los creyentes necesitamos reconocer esto: lo primero es el amor, lo que nunca debe estar en riesgo es el amor, el mayor peligro es no amar (Cf. FT 282).

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