Opinión

Francisco: un papa de cine, por Fidel García Martínez

Francisco: un papa de cine, por Fidel García Martínez

La vida y la obra del Papa Francisco están en todos los medios de comunicación de forma constante y persistente, no se sabe si para su bien desde luego no para su mal, aunque estar sometido continuamente a los focos mediáticos no sólo puede desgastar sino quemar. En el fondo a pesar de tantas alabanzas y reproches, el Papa Francisco sigue su misión a favor de la Iglesia y del Evangelio, por lo tanto de todos los hombres de buena voluntad, incluso los que quieren saber nada de ellos, sino todo lo contrario, como parece pasarle al Secretario General del PSOE, quien ha vuelto a reivindicar un laicismo sectario y beligerante, su peculiar neurosis obsesiva, al que se ha unido el toda la patulea podemita con su peculiar fobia que se inició con la satánica invasión de la capilla universitaria y la continúan con las medidas más reaccionarias por sectarias.

El séptimo arte no podía mantenerse al margen de la vida de un personaje tan mediático, como el Papa, quien suele dejar descolocados a sus más fervientes admiradores, así como mosqueados a sus más recalcitrantes detractores, porque ven cómo el Papa se les va de las manos cuando quieren manipularlo según sus peculiares y demagógicos populismos o sus progresismos irredentos, cuando afirman: el papa Francisco es uno de los nuestros.

El primer film que se ha rodado sobre la vida del Papa, Francisco, el Padre Jorge, puede considerarse como un biopic amable y desenfadado, que pretende presentar una dimensión del Papa Francisco, que no gusta mucho a los que han practicado o practican las papalotrías de turno, culto exagerado a los papas. El papa Francisco es visto como un pastor que huele a oveja, como le gusta a él que huelan los obispos. Un padre para los menos favorecidos, víctimas de la economía del descarte y de la exclusión social, que contra todo pronóstico y contra su propio deseo va a Roma con la intención de pasar el resto de su vida en su Buenos Aires querido alejado de toda responsabilidad eclesiástica y, sin embargo, sale elegido sucesor del entonces recién dimitido, motu proprio, Benedicto XVI. Es el primer papa latinoamericano y jesuita que se ha propuesto como gran objetivo anunciar a tiempo y a tiempo y a destiempo el gozo del Evangelio (Evangelii Gaudium).

La segunda película que aparecerá pronto, es “Llámame Francisco” presenta una visión menos conocida por el gran público del Papa Francisco, antes de ser elegido sucesor de San Pedro. Este film pretende la dramatización cinematográfica de la acción pastoral de Jorge Bergoglio como arzobispo Cardenal de Buenos Aires, jesuita y moderado, que se ha curtido entre los humildes y excluidos visitando pastoralmente las conocidas como villas miserias que como cinturón de pobreza aprietan a la cosmopolita y desconcertante capital porteña, como puede darse cuenta quien haya vivido allí durante algún tiempo y haya conocido de primera mano las villas visitándolas con seglares y con misioneros, como lo vivió quién esto escribe. Es una pena que Scorsese, quien en sus años jóvenes fue seminarista, premio Lumiére 2015, no se acerque con la cámara en ristre a la figura del Papa Francisco con la profundidad que caracteriza su cine, siempre que no de culto a la violencia exagerada y enervante.

Fidel García Martínez

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