La lluvia ha hecho acto de presencia esta mañana durante el rezo del Ángelus.
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Francisco pide que callen las armas en el Cáucaso

Este domingo 27 de septiembre, el Papa Francisco ha hecho un llamamiento para que callen las armas en el Cáucaso, de donde llegan preocupantes noticias de serios enfrentamientos armados entre armenios y azeríes en el conflicto que ambas naciones mantienen desde hace años por el enclave de Nagorno-Karabaj. Las informaciones hablan de helicópteros derribados, tanques en las calles de Stepanakert y muertos y heridos entre la población civil. El gobierno armenio ha declarado la ley marcial y llamado a una movilización general. En un tono serio y preocupado, el Papa ha pedido a ambas partes que hagan «gestos concretos de buena voluntad y de fraternidad» que permitan resolver el contencioso «no con el uso de la fuerza y de las armas, sino por medio del diálogo y de la negociación».

En la catequesis dominical previa al rezo del Ángelus el Santo Padre ha comentado la parábola de los dos hermanos a los que el padre envía a trabajar a la viña, de la que nos habla el Evangelio de hoy (Mt 21, 28-32). A su petición, el primer hijo responde impulsivamente «no», pero después se arrepiente y va, mientras que el segundo responde inmediatamente que «sí», y sin embargo no lo hace, mintiendo e incumpliendo su palabra. «La obediencia no consiste en decir «sí» o «no» —dice el Papa—, sino en actuar, en cultivar la viña, en realizar el Reino de Dios. Con este sencillo ejemplo, Jesús quiere superar una religión entendida solo como práctica exterior y rutinaria, que no incide en la vida y en las actitudes de las personas».

El Pontífice ha rechazado esta religiosidad «de fachada», cuyos máximos exponentes en el Evangelio son los sumos sacerdote y los ancianos, quienes, como les dice Jesús, serán precedidos en el Reino por las prostitutas y los publicanos, reconocidos pecadores. Francisco, no obstante, advierte que esta afirmación no debe inducir a pensar que los que no cumplen los mandamientos de Dios y la moral hacen bien, y puedan decir: «Al fin y al cabo, ¡los que van a la Iglesia son peor que nosotros!». No. «Jesús —dice— no señala a los publicanos y a las prostitutas como modelos de vida, sino como “privilegiados de la Gracia”, que Dios ofrece a todo aquel que se abre y se convierte a Él. De hecho, estas personas, escuchando su predicación, se arrepintieron y cambiaron de vida. La conversión siempre es una gracia». Y convertirse, cambiar el corazón, nunca es un proceso indoloro, pues «el camino de la conversión pasa siempre a través de la Cruz».

La paciencia de Dios

El Santo Padre ha subrayado también la paciencia de Dios para con sus hijos, pecadores.  «Dios es paciente con nosotros: no se cansa, no desiste después de nuestro “no”; nos deja libres también de alejarnos de Él y de equivocarnos. Es maravilloso pensar en la paciencia de Dios». Nuestro Padre está siempre a nuestro lado, pero respetando nuestra libertad y esperando «ansiosamente nuestro “sí” para acogernos nuevamente entre sus brazos paternos y colmarnos de su misericordia sin límites».

Tras el rezo del Ángelus, y además de llamar a la paz en el Cáucaso, el Santo Padre ha tenido un recuerdo para los migrantes y quienes les ayudan (hoy la Iglesia celebra la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado), y para las personas que trabajan en el sector del turismo (en este día se celebra también la Jornada Mundial del Turismo), que tan mal lo están pasando en estos difíciles tiempos debido a la pandemia que sufrimos. El Papa, por último, ha dado gracias a Dios por la hermana María Lucía del Santísimo Sacracmento (María Bellotti,en el siglo), fundadora de la Congregación de Hermanas Franciscanas Adoratrices de la Santa Cruz, que fue beatificada ayer en Nápoles.

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