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Francisco pide en la apertura del Sínodo una «Iglesia diferente» cimentada en la «escucha» y en la «cercanía»
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Francisco pide en la apertura del Sínodo una «Iglesia diferente» cimentada en la «escucha» y en la «cercanía»

Comienza el Sínodo sobre la Sinodalidad. Un nuevo Sínodo con una nueva metodología y muchas esperanzas. Un Sínodo llamado a sentar las bases para edificar una «Iglesia diferente» basada en la «escucha» y en la «cercanía». Este es, al menos, el deseo del Papa Francisco, expresado este sábado, 9 de octubre, en el acto de reflexión previo a la apertura formal del proceso sinodal.

«El padre Congar, de santa memoria, recordaba: “No hay que hacer otra Iglesia, hay que hacer una Iglesia diferente” (…) Y este es el reto. Para una “Iglesia diferente”, abierta a la novedad que Dios quiere sugerirle, invoquemos con más fuerza y frecuencia al Espíritu y escuchémosle humildemente, caminando juntos como Él», ha pedido a los congregados en la Nueva Aula Sinodal: delegados de las Reuniones Internacionales de Conferencias Episcopales y organismos similares, miembros de la Curia, delegados fraternos, delegados de la vida consagrada y de los movimientos eclesiales laicos, y el Consejo de la Juventud.

El Papa Francisco, esta mañana, junto al secretario general del Sínodo de los Obispos, cardenal Mario Grech.

«Si no hay Espíritu no habrá Sínodo»

El Santo Padre ha comenzado su discurso afirmando que el Sínodo tiene tres palabras claves —«comunión, participación y misión»— y que «no es un parlamento» ni «una encuesta de opiniones», sino «un momento eclesial» cuyo protagonista es el Espíritu Santo. «Si no hay Espíritu, no habrá Sínodo», ha dicho a los presentes antes de glosar cada una de las tres palabras.

La comunión, ha indicado, «expresa la naturaleza misma de la Iglesia». «Estamos llamados a esto: a la unidad, a la comunión, a la fraternidad que nace de sentirse abrazado por el único amor de Dios». Y citando a San Cipriano ha añadido: «Debemos mantener y reclamar firmemente esta unidad, especialmente nosotros los obispos que presidimos la Iglesia, para demostrar que incluso el mismo episcopado es uno e indiviso».

Francisco ha afirmado igualmente que todos los cristianos, por el Bautismo, «nuestro documento de identidad», estamos llamados a participar en la vida de la Iglesia y en su misión. Y que «si no hay una participación real de todo el Pueblo de Dios, hablar de comunión corre el riesgo de quedarse en intenciones piadosas». «Hemos avanzado en este terreno —ha reconocido—, pero todavía queda un cierto esfuerzo y nos vemos obligados a constatar el malestar y el sufrimiento de muchos agentes de pastoral, de los órganos de participación de las diócesis y de las parroquias, de las mujeres que a menudo siguen estando al margen. La participación de todos: ¡es un compromiso eclesial esencial!». Si no hay participación, «la comunión y la misión corren el riesgo de quedarse en términos un tanto abstractos».

Tres riesgos: formalismo, intelectualismo e inmovilismo

La intervención papal ha alertado también sobre tres riesgos: el del formalismo, el del intelectualismo o la abstracción y la tentación del inmovilismo.

Sobre el primero ha dicho que se corre el peligro de reducir el Sínodo «a un acontecimiento extraordinario, pero de fachada», algo que se hace «para dar una buena imagen de nosotros mismos», cuando, en realidad, se trata de recorrer «un camino de verdadero discernimiento espiritual (…) para colaborar mejor en la obra de Dios en la historia». En este mismo sentido, ha alertado sobre «un cierto elitismo en el orden presbiteral» sobre los laicos, elitismo que hace del sacerdote «el dueño del tinglado» y no «el pastor de toda una Iglesia que avanza».

El segundo riesgo que se corre, el del intelectualismo y la abstracción, hace que la realidad vaya por un lado y «nosotros por otro con nuestras reflexiones». Ello conlleva un alejamiento de la realidad del Pueblo de Dios y de la vida concreta de las comunidades.

El inmovilismo, el veneno de la Iglesia

El tercer peligro, el del inmovilismo, ha sido calificado por el Papa como «un veneno en la vida de la Iglesia». Quienes se mueven en el horizonte del «siempre se ha hecho así» y «es mejor no cambiar», ha dicho, «caen en el error de no tomarse en serio el tiempo en que vivimos».

El Papa ha terminado su intervención invocando al Espíritu Santo. «Tú, que suscitas nuevas lenguas y pones en nuestros labios palabras de vida, presérvanos de convertirnos en una Iglesia de museo, bella pero muda, con tanto pasado y tan poco futuro».

El acto completo de reflexión sobre el proceso sinodal celebrado esta mañana, en el que ha intervenido también la española Cristina Inogés,  puede verse en el siguiente enlace.



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