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Francisco pide a los nuevos cardenales que permanezcan siempre «en el camino de Jesús»

El Papa Francisco ha presidido en la tarde de este sábado 28 de noviembre el séptimo consistorio del pontificado, en el que ha creado a los trece nuevos cardenales cuyos nombres anunció el pasado 25 de octubre. Entre estos nuevos «príncipes de la Iglesia» hay, como se recordará, un español: el navarro nacionalizado chileno Celestino Aós, capuhino, arzobispo de Santiago en aquel país.

En la ceremonia, y tras la lectura del evangelio de Marcos, el Papa ha recordado que ese pasaje (Mc 10, 32-45) es la «hoja de ruta» de los pastores que siguen a Jesús, y que el camino de la Iglesia es historia de salvación en la medida que se hace con Cristo. En este sentido, y después de evocar la petición a Jesús de los hijos de Zebedeo para que pudieran sentarse en su gloria uno a su derecha y otro a su izquierda, ha dicho: «Este no es el camino de Jesús, es otro. Es el camino de quien, quizás, sin ni siquiera darse cuenta, “usa” al Señor para promoverse a sí mismo; de quien —como dice san Pablo— busca su propio interés, no el de Cristo». Y ha añadido: «Con los pies, con el cuerpo podemos estar con Él, pero nuestro corazón puede estar lejos y llevarnos fuera del camino. Así, por ejemplo, pensemos en tantos tipos de corrupciones en la vida sacerdotal. El rojo púrpura del hábito cardenalicio, que es el color de la sangre, se puede convertir, por el espíritu mundano, en el de una distinción eminente, y ya no serás más el pastor cercano a la gente». Unas palabras que adquieren gran significado en los tiempos que corren, con no pocos purpurados —Groer, O´Brien, McCarrick, Gulbinowicz, Becciu…— convertidos en piedra de escándalo para la Iglesia.

Ha sido la de esta tarde una ceremonia muy condicionada por las medidas de seguridad a causa de la covid-19. De hecho, dos de los nuevos cardenales, Cornelius Sim (Kuala Lumpur) y José Fuerte Advincula, (arzobispo de Capiz, Filipinas), ni siquiera han podido desplazarse a Roma para recibir el birrete, el anillo y la bula con el nombramiento de manos del Pontífice, aunque también han sido investidos. Han podido seguir la ceremonia a través de una plataforma digital y más adelante recibirán los atributos cardenalicios de manos de un representante pontificio.

Al consistorio, celebrado en el altar de la Cátedra de la basílica vaticana, han asistido aproximadamente un centenar de personas, todas provistas de mascarillas y respetando la distancia de seguridad. La mitad aproximadamente eran cardenales, que han tenido que someterse previamente a confinamiento. «Me dijeron que iba a ser así, pero no pensé que iba a ser tan estricto. No hemos tenido prácticamente contacto con nadie», confesó a la agencia Associated Press otro de los nuevos purpurados, el mexicano Felipe Arizmendi, obispo emérito de San Cristóbal de las Casas. En la ceremonia, y como medida de seguridad, se han suprimido los tradicionales abrazos a los cardenales creados por parte de los restantes miembros del colegio. También se ha prescindido de las llamadas «visitas de cortesía», el encuentro de estos con amigos, familiares y otros invitados en las salas del Palacio Apostólico y en el Aula Pablo VI.

Sinodalidad

Antes de la entrega del birrete, el anillo y el documento que les asigna el título, el primero de los purpurados de nueva creación, el maltés Mario Grech, secretario general del Sínodo de los Obispos, ha tomado la palabra para saludar al Papa y a los presentes en nombre de sus compañeros. En su alocución, Grech ha reivindicado la escucha como principio de una Iglesia sinodal. «Una Iglesia sinodal es una Iglesia de la escucha«, ha dicho antes de referirse también a la «sinodalidad como forma y estilo de la Iglesia». «Es esta la visión que usted, Santo Padre, nos propone con fuerza», ha recordado.

A continuación, y tras el rezo del Credo por los nuevos purpurados, el Papa los ha ido llamado uno a uno para cumplir con el rito de creación. La nota anecdótica ha sido la caída del anillo al cardenal Semeraro, a quien el Santo Padre le ha dicho también «Trae bien». El Papa también ha dicho unas breves palabras al predicador de la Casa Pontificia, Raniero Cantalamessa, quien le pidió dispensa para no tener que ser ordenado obispo y poder ingresar en el colegio cardenalicio como capuchino.

Nueve electores y cuatro no electores

Además de los ausentes Advincula y Sim, y de los ya citados Aós, Grech, Semeraro, Arizmendi y Cantalamessa, los otros nuevos integrantes del colegio de cardenales son:

Antoine Kambanda, arzobispo de Kigali (Ruanda).

Wilton Daniel Gregory, arzobispo de Washington (Estados Unidos), primer cardenal afroamericano en la historia de ese país.

Augusto Paolo Lajudice, arzobispo de Siena (Italia).

Mauro Gambeti, O.F.M.Conv., (Italia), custodio del Sacro Convento de Asís.

Enrico Feroci, párroco de Santa María del Divino Amore en Castel de Leva (Italia).

Silvano María Tomasi, C.S., arzobispo titular de Asolo, nuncio apostólico (Italia).

De los trece nuevos purpurados, nueve tienen la condición de electores, mientras que cuatro —Arizmendi, Tomasi, Cantalamessa y Feroci— no podrían participar en un hipotético cónclave al haber superado ya los ochenta años.

Este, como ya se ha dicho, ha sido el séptimo consistorio desde el inicio del pontificado (marzo de 2013), el primero en época de pandemia. En el anterior, celebrado el 5 de octubre de 2019, Francisco creó 10 cardenales, entre ellos a los españoles Cristóbal López Romero (arzobispo de Rabat) y Miguel Ángel Ayuso Guixot, presidente del Pontificio Consejo para el Diálogo Interreligioso.

Con los de hoy, el colegio de cardenales queda ahora conformado por 229 miembros, de los 128 son electores. De estos últimos, 16 han sido creados por Juan Pablo II, 39 por Benedicto XVI y los 73 restantes por Francisco.

Mañana domingo día 29, primer domingo de Adviento, el Papa Francisco concelebra la Eucaristía con los nuevos purpurados a las 10.00 horas en el mismo escenario, el altar de la Cátedra de la basílica de San Pedro, y de nuevo ante un reducido número de fieles.

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