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Francisco, para la Jornada de las Misiones: «¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio?»

«¿Estamos dispuestos a ser enviados a cualquier lugar para dar testimonio de nuestra fe en Dios, Padre misericordioso, para proclamar el Evangelio de salvación de Jesucristo, para compartir la vida divina del Espíritu Santo en la edificación de la Iglesia?». Así ha dejado escrito el Papa Francisco en su mensaje para la Jornada Mundial de las Misiones de este año y publicado hoy. Da el Santo Padre, en su mensaje, una gran importancia a esta dimensión de la vocación misionera. De hecho, el texto lleva por título Aquí estoy, mándame.

El mensaje del Papa es toda una invitación a la disponibilidad interior, «muy importante para poder responder a Dios: «Aquí estoy, Señor mándame»». Con esto, el Papa cita al profeta Isaías. Destaca Francisco que esta disponibilidad interior no es «en abstracto, sino en el hoy de la Iglesia y de la historia». Recuerda el Papa que esta respuesta es posible porque proviene de una iniciativa gratuita de Dios y su amor. «Dios siempre nos ama primero y con este amor nos encuentra y nos llama. Nuestra vocación personal viene del hecho de que somos hijos e hijas de Dios en la Iglesia».

Y, en una situación como la actual, en este «hoy de la Iglesia», el mensaje también se detiene en la pandemia y el «desafío» que supone «comprender lo que Dios nos está diciendo». « Nos cuestiona la pobreza de los que mueren solos, de los desahuciados, de los que pierden sus empleos y salarios, de los que no tienen hogar ni comida. Ahora, que tenemos la obligación de mantener la distancia física y de permanecer en casa, estamos invitados a redescubrir que necesitamos relaciones sociales, y también la relación comunitaria con Dios. Lejos de aumentar la desconfianza y la indiferencia, esta condición debería hacernos más atentos a nuestra forma de relacionarnos con los demás», afirma.

También, la oración: «Mediante ella Dios toca y mueve nuestro corazón, nos abre a las necesidades de amor, dignidad y libertad de nuestros hermanos, así como al cuidado de toda la creación. La imposibilidad de reunirnos como Iglesia para celebrar la Eucaristía nos ha hecho compartir la condición de muchas comunidades cristianas que no pueden celebrar la Misa cada domingo».

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