Audiencia de hoy, 14 de octubre
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Francisco: «Leyendo y releyendo los salmos, aprendemos el lenguaje de la oración»

Los salmos han centrado la catequesis de la audiencia general de esta mañana, en el Aula Pablo VI. «Leyendo y releyendo los salmos, nosotros aprendemos el lenguaje de la oración», ha expresado el Papa Francisco. Un lenguaje que abarca toda la vida humana. «Dios Padre, de hecho, con su Espíritu los ha inspirado en el corazón del rey David y de otros orantes, para enseñar a cada hombre y mujer cómo alabarle, darle gracias, suplicarle, cómo invocarle en la alegría y en el dolor, cómo contar las maravillas de sus obras y de su Ley. En síntesis, los salmos son la palabra de Dios que nosotros humanos usamos para hablar con Él», ha añadido.

En ese diálogo entre el ser humano y Dios, «el creyente encuentra una respuesta», ha recordado Francisco. «Él sabe que, incluso si todas las puertas humanas estuvieran cerradas, la puerta de Dios está abierta. Si incluso todo el mundo hubiera emitido un veredicto de condena, en Dios hay salvación», ha apuntado.

En esta ocasión, el Papa ha saludado a los fieles desde lejos y ha pedido disculpas por ello. Esta mañana, ha renunciado a saludar personalmente a los fieles al final de la audiencia general para evitar aglomeraciones y contagios de coronavirus y les pidió disculpas por tener que hacerlo desde la distancia. «Como hago normalmente yo querría bajar y acercarme a vosotros para saludaros pero con las nuevas prescripciones es mejor mantener las distancias y a los enfermos los saludo de corazón desde aquí», ha dicho el pontífice desde su sede en el aula Pablo VI del Vaticano.

La oración nos salva del abandono

«Lo peor que puede suceder – ha afirmado el Papa – es sufrir en el abandono, sin ser recordados. De esto nos salva la oración. Porque puede suceder, y también a menudo, que no entendamos los diseños de Dios. Pero nuestros gritos no se estancan aquí abajo: suben hasta Él, que tiene corazón de Padre, y que llora Él mismo por cada hijo e hija que sufre y que muere. Si nos quedamos en la relación con Él, la vida no nos ahorra los sufrimientos, pero se abre un gran horizonte de bien y se encamina hacia su realización».

Pero esa relación orante con Dios no es una especie de solución mágica que vaya a solucionar nuestros problemas. No es necesario:  «El Señor escucha». No siempre los problemas se resuelven. Quien reza no es un iluso: sabe que muchas cuestiones de la vida de aquí abajo se quedan sin resolver, sin salida; el sufrimiento nos acompañará y, superada la batalla, habrá otras que nos esperan. Pero, si somos escuchados, todo se vuelve más soportable.

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