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Francisco: «Las religiones están al servicio de la paz y la fraternidad»

«Las religiones no quieren la guerra. Al contrario, desenmascaran a quienes sacralizan la violencia (…). Con la ayuda de Dios es posible construir un mundo de paz y, así, hermanos y hermanas, salvarnos juntos». Con estas palabras ha concluido el Papa Francisco su intervención en el Encuentro de Oración por la Paz celebrado en la tarde de este martes 20 de octubre en la plaza del Campidoglio de Roma. Poco después, el Pontífice y el resto de líderes religiosos presentes en el acto han encendido una vela cada uno y han entregado a unos niños, simbólicos representantes de todos los pueblos del mundo, la declaración final del evento, en la que piden a los gobernantes del planeta que trabajen unidos en la construcción de un mundo sin guerras, pues «la guerra deja siempre el mundo peor de como lo había encontrado, es un fracaso de la política y de la humanidad».

La trigésima cuarta edición del Encuentro de Oración por la Paz de San Egidio ha congregado en Roma a líderes cristianos, musulmanes, judíos, hindúes, budistas y sijs, bajo el lema «Nadie se salva solo. Paz y fraternidad». El Papa Francisco y el patriarca ecuménico de Constantinopla, máximas autoridades de las Iglesia católica y ortodoxa, han estado acompañados en esta ocasión por el secretario general del Comité Superior de Fraternidad Humana, Mohamed Abdelsalam Abdellatif (islam), el rabino jefe de Francia Haïm Korsia (judaismo), y los líderes religiosos Shoten Minegishy (budismo soto zen), Divya Punchayil Prashoban (hinduismo) y Karmaljit Singh Dillon (sij). El gran imán de la Universidad de Al-Azhar, Ahmad Al-Tayyeb, máxima autoridad del islam sunita, cuya asistencia estaba prevista, no ha podido acudir a causa de la pandemia, según se ha explicado. Entre las autoridades civiles estaban el presidente de la República Italiana, Sergio Mattarella («Roma e Italia están hoy orgullosas de ser un ser un lugar de encuentro y de oración pro la paz», ha dicho en su saludo), el ministro de Exteriores italiano Luigi Di Maio, y la alcaldesa de Roma.

Oración ecuménica

El Encuentro se ha desarrollado en dos partes. En la primera, las distintas religiones han rezado por separado en los distintos lugares asignados: la sinagoga de la ciudad (judíos), la iglesia de Santa Rita (budistas), el convento de los Franciscanos ( hindúes), etc. La oración de las confesiones cristianas ha tenido lugar en la cercana basílica de Santa María de Araceli, donde el Papa Francisco ha pronunciado una homilía en la que ha subrayado ante sus hermanos ortodoxos, protestantes, anglicanos y valdendes que «solo el amor apaga el odio, solo el amor vence a la injusticia. Solo el amor deja lugar al otro. Solo el amor es el camino para la plena comunión entre nosotros».

En esta ceremonia, los miembros de las Iglesias cristianas han rezado juntos el Padrenuestro y han encendido una vela por cada uno de los países del mundo que están azotados por la guerra: Afganistán, Libia, el Cáucaso, Líbano, Burkina Faso, Siria, Somalia, Yemen, etc. También han pedido por la paz en Tierra Santa, México, Nigeria, Malí, Mozambique, y por el éxito del diálogo en Bielorrusia, la reconciliación en Burundi, los acuerdos de paz de Colombia y de Sudán del Sur, el fin de las tensiones en la península de Corea y entre India y Pakistán, la paz en la región del Kivu (República Democrática del Congo) y en Tierra Santa, la reconciliación y el fin de la violencia en Venezuela, y por todos aquellos que permanecen secuestrados en poder de grupos armados.

El Papa: «Dios pedirá cuentas a quienes no busquen la paz»

A continuación, el Pontífice y el patriarca Bartolomé se han trasladado juntos, caminando, a la cercana plaza del Campidoglio, en donde han saludado a las autoridades civiles y a los restantes líderes religiosos presentes en el evento. El Papa ha sido el último en tomar la palabra. En su discurso, repleto de citas de la última encíclica Fratelli tutti y de la Declaración de la Fraternidad firmada con el imán Al-Tayyeb en Abu Dhabi, el Santo Padre se ha dirigido también a los gobernantes, a quienes ha recordado que deben ser constructores de paz. «Poner fin a la guerra —les ha dicho— es el deber impostergable de todos los líderes políticos ante Dios. La paz es la prioridad de cualquier política. Dios le pedirá cuentas a quienes no han buscado la paz o han fomentado las tensiones y los conflictos durante tantos días, meses y años de guerra que han pasado y que han golpeado a los pueblos».

El patriarca Bartolomé ha dicho en su intervención que para construir un mundo más justo y fraterno hay que comenzar por cuidar nuestra casa común; el rabino jefe de Francia se ha mostrado convencido de que «una nueva fraternidad es posible»; y el líder musulmán ha pedido «una nueva globalización basada en la fraternidad humana» y no en la imposición de un único modelo cultural.

En su discurso de apertura el profesor Andrea Riccardi, fundador de la Comunidad de San Egidio, ha dicho: «Hoy las religiones no rezan unas contra otras, sino unas al lado de otras. (…) La paz es siempre posible en un clima de diálogo y fraternidad».

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