Francisco lanza una plataforma por la paz con niños y jóvenes: preguntas, respuestas y discurso del Papa

Francisco lanza una plataforma por la paz con niños y jóvenes: preguntas, respuestas y discurso del Papa

El Papa Francisco se conecta con chicos del mundo por el lanzamiento de la Plataforma de Scholas

Saludo del Papa

El futuro es de los jóvenes con alas y con raíces    

Videoconferencia y discurso del Papa Francisco con ocasión del III Congreso de «Scholas Occurrentes» (Red Mundial de Escuelas para el Encuentro) (4-9-2014)

Buenas tardes, me dicen que están cerrando, que están terminando. Deseo que hayan sembrado lindo para que el fruto sea bueno. Y gracias por todo el esfuerzo que han hecho. Gracias.

Videoconferencia [Palabras del Papa pronunciadas en español; intervenciones de los interlocutores algunas en inglés y otras en español]

Papa Francisco: Buenas tardes, me dicen que están cerrando, que están terminando. Deseo que hayan sembrado lindo para que el fruto sea bueno. Y gracias por todo el esfuerzo que han hecho. Gracias.

Cameron, desde Queensland (Australia): Hola, y buenos días desde Australia. Nuestro mensaje para usted es que el St. Joseph… College es una escuela católica… que sigue la tradición. Seguimos las huellas de Scholas y participamos en varias campañas a favor de la paz, tanto a escala internacional como en nuestra propia comunidad: un ejemplo de ello es el campeonato mensual de fútbol por la paz que organizamos el mes pasado entre nuestra escuela y los niños refugiados de la comunidad vietnamita local. Por eso queremos darle las gracias personalmente por el programa Scholas, que nos permite comunicar directamente con usted. Somos jóvenes pertenecientes a diferentes religiones, y por eso nos sentimos increíblemente honrados de tener esta oportunidad de hablar con usted. Es, con toda seguridad, un salto en la dirección correcta para el desarrollo de una red mundial de paz, y resulta bastante sorprendente cómo podemos emplear la tecnología para dialogar y aprender unos de otros. Lo que en realidad quisiéramos saber de usted es de qué manera específica el programa Scholas puede ayudarnos hoy a superar las divisiones entre los jóvenes de varios países.

Papa Francisco: Gracias. Y gracias también por lo que me dices que haces y lo que hacen ustedes. Procuro responder tu pregunta. ¿Cómo puede Scholas avanzar en esta comunicación y tender puentes? Antes de responderte, tomo una palabra que dijiste: «tender puentes». En la vida vos podés hacer dos cosas contrarias: o tender puentes o levantar muros. Los muros separan, dividen. Los puentes acercan. Respondiendo a tu pregunta: ¿qué pueden hacer?, seguir comunicándose, comunicar las experiencias, las experiencias que ustedes hacen. Ustedes tienen mucho en el corazón. Ustedes pueden realizar muchas cosas. Esto mismo que dijiste al presentarte, comunicarlo para que otros se inspiren y escuchar de los otros lo que te digan, y con esta comunicación nadie manda, pero todo funciona. Es la espontaneidad de la vida, es decirle un sí a la vida. Comunicarse es dar, comunicarse es generosidad, comunicarse es respeto, comunicarse es evitar todo tipo de discriminación. Sigan adelante, chicos. Y me gusta lo que dijeron que hacen. Que Dios los bendiga.

Eyal, desde Tel Aviv (Israel): Hola, Papa. Buenas tardes, Su Santidad. Le quiero contar sobre nuestro colegio. Nuestro colegio, La Salle, se sitúa al sur de Tel Aviv; están reunidas las tres religiones: cristianos, judaísmo y musulmán. Y estamos todos junticos, y hablamos casi el mismo idioma: el inglés, el francés, el español, el árabe, el hebreo. Hacemos mucho deporte, ciencias, arte, nos comunicamos mucho, tenemos muchos amigos. Y quiero agradecerle a usted por este proyecto Scholas.

Papa Francisco: Gracias. Y veo que ustedes se mueven bien, y saben comunicarse en diversos idiomas y desde la identidad de la propia religión. Y eso es lindo. ¿Qué me querías preguntar?

Eyal: ¿Cuándo quieres venir acá, a Tierra Santa, a Israel?

Papa Francisco: Me gustaría volver. Estuve hace unos meses y vine muy contento… vine muy contento. El ejemplo que ustedes dan [interrupción del presentador]…

Sina, desde Estambul (Turquía): Hola, Papa… Hola, Papa… Hablo desde Estambul. Antes de nada, quiero darle las gracias por todo, porque no solo ha logrado unir a personas, escuelas y estudiantes, sino también nuestras creencias y nuestros corazones. Esperamos que usted incremente el número de proyectos en apoyo de la paz y del diálogo interreligioso. Como estudiantes, no queremos un mundo lleno de crímenes y de pobreza peores aún. La gente de todas las nacionalidades, que incluye diferentes religiones y grupos étnicos, debe aprender a convivir en paz. Debemos olvidarnos del racismo y de la discriminación. Lo último es que me gustaría saber qué piensa sobre el futuro. ¿Será mejor o peor que el presente?

Papa Francisco: Gracias por la pregunta, y gracias por la reflexión que hiciste, que ustedes los jóvenes no quieren guerra, que quieren paz. Y eso lo tienen que gritar desde el corazón, desde adentro: ¡Queremos paz!, desde adentro.
La pregunta tuya: ¿El futuro será mejor o será peor? Yo no tengo esa bola de cristal que tienen la brujas para mirar el futuro. Pero te quiero decir una cosa: ¿Sabes dónde está el futuro? Está en tu corazón, está en tu mente y está en tus manos. Si vos sentís bien, si vos pensás bien y si vos con tus manos llevás adelante ese pensamiento bueno y ese sentimiento bueno, el futuro será mejor. El futuro lo tienen los jóvenes. Pero cuidado, jóvenes con dos cualidades: jóvenes con alas y jóvenes con raíces. Jóvenes que tengan alas para volar, para soñar, para crear, y que tengan raíces para recibir de los mayores la sabiduría que nos dan los mayores. Por eso el futuro está en las manos de ustedes si tienen alas y raíces. Animáte a tener alas, a soñar cosas buenas, a soñar un mundo mejor, a protestar contra las guerras. Y, por otro lado, respetar la sabiduría que recibiste de tus mayores, de tus padres, de tus abuelos, de los mayores de tu pueblo. El futuro está en las manos de ustedes. Aprovechen para que sea mejor.

Cristian, desde Eastern Cape (Sudáfrica): Gracias, Su Santidad, por tomarse el tiempo para conversar con nosotros. Me llamo Christian Sakapa, y yo voy a hacer unas preguntas. No se ponga nervioso… Estoy de acuerdo con el concepto de la plataforma escolar y los valores que representa. ¿Cómo se formó la idea de la plataforma escolar?

Papa Francisco: Scholas surgió… iba a decir de casualidad, pero no, no fue de casualidad. Surgió de una idea de este señor que está aquí, José María del Corral, y lo acompañó Enrique Palmeiro. Así surgió Scholas, formando una escuela de vecinos, en la diócesis de Buenos Aires. Además de las escuelas, una red de escuelas de vecinos, para tender puentes entre las escuelas de Buenos Aires. Y tendió muchos puentes, muchos puentes, hasta puentes transoceánicos. Empezó como una cosa chiquita, como una ilusión, como algo que no sabíamos si se iba a lograr, y hoy podemos comunicarnos. ¿Por qué? Porque estamos convencidos de que la juventud necesita comunicarse, necesita mostrar sus valores y compartir sus valores. La juventud, hoy, necesita tres pilares claves: educación, deporte y cultura. Por eso Scholas junta todo. Tuvimos un partido de fútbol. Lo hacen las escuelas y también se hacen actos de cultura. Educación, deporte y cultura. Adelante, para que los estados puedan preparar salidas laborales para estos chicos que son acompañados por educación, el deporte y la cultura. Y el deporte es importante porque enseña a jugar en equipo. El deporte salva del egoísmo, ayuda a no ser egoísta. Por eso es importante trabajar en equipo y estudiar en equipo y andar el camino de la vida en equipo. Como ves, no me asusté de la pregunta. Te la agradezco mucho. Y sigan adelante ustedes en este camino de la comunicación, de tender puentes, buscar la paz, por la educación, el deporte y la cultura. Gracias.

Ernesto, desde La Campanera (El Salvador): Bueno, yo le quiero decir que… agradecerle desde aquí, desde El Salvador y aquí de toda Latinoamérica, y decirle que… y también decirle que le haga un llamado a todas las universidades… o a las empresas privadas…

Papa Francisco: Te agradezco el saludo desde tu barrio, desde tu pueblo con tus amigos. Yo sé todo el trabajo que están haciendo ustedes en El Salvador. José María me lo contó. Sé que están avanzando bastante y que están trabajando fuerte en educación, pero acordáte lo que le dije a tu compañero de Sudáfrica: educación, deporte y cultura. Y cuidado con las maras, porque, así como existen puentes que los unen a ustedes, también existen comunicaciones para destruir. Estén bien alerta cuando hay grupos que buscan la destrucción, que buscan la guerra, que no saben trabajar en equipo. Defiéndanse entre ustedes, como equipo, como grupo, y trabajen fuerte allí. Sé que están trabajando muy bien, y muy bien apoyados. Y el Ministerio de Educación, sé que los apoya. Sigan adelante por este camino de trabajar en equipo y defenderse de aquellos que quieren atomizarlos y quitarles esa fuerza del grupo. Que Dios los bendiga.

Presentador: ¿Qué mensaje le quiere decir Francisco a estos cinco chicos que lo escucharon y a todos los miles de niños de todo el mundo que están siguiendo ahora esta comunicación? ¿Qué mensaje les quieres dar a todos?

Papa Francisco: Una cosa que no es mía –Jesús la decía muchas veces–: «No tengan miedo». Nosotros en mi país tenemos una expresión que no sé cómo la traducirán en inglés: «No se arruguen». No tengan miedo, vayan adelante, tiendan puentes de paz, jueguen en equipo y hagan el futuro mejor, porque acuérdense que el futuro está en las manos de ustedes. Sueñen el futuro volando, pero no olviden la herencia cultural, sapiencial y religiosa que les dejaron sus mayores. Adelante y con valentía. Hagan el futuro.

Discurso del Papa Francisco [Pronunciado en español]

Estoy como aquel que le dijeron: «Diga algo». Y entonces dice: «Bueno, voy a improvisar». Y saca lo que tenía hecho.
Son los puntos que más o menos quería decirles, a los cuales incorporo los que he visto aquí.
Primero de todo, muchas gracias. La presencia aquí es algo raro. Yo le decía al presidente de la Academia Pontificia, monseñor Sánchez Sorondo, que se estaba haciendo movimiento. Es algo raro por el movimiento, por el trabajo, por la intensidad, por la gente que va y que viene, por la creatividad del protocolo… en el marco de estas III Jornadas de la Red Mundial de Escuelas para el Encuentro. Entonces, la idea es el encuentro. Esta cultura del encuentro que es el desafío. Hoy ya nadie duda que el mundo está en guerra. Y nadie duda, por supuesto, que el mundo está en desencuentro. Y hay que proponer una cultura del encuentro, de alguna manera. Una cultura de la integración, del encuentro, de los puentes, ¿no es cierto? Y este trabajo, lo están haciendo ustedes. Yo le agradezco a la Pontificia Academia de las Ciencias, a monseñor Marcelo Sánchez Sorondo, que haya facilitado todo esto. Se ha movido mucha gente. Yo sé que estos dos cuando se juntan son un peligro. Mueven mucho. Pero recuerdo ese refrán africano: «Para educar a un hijo hace falta una aldea». Para educar a una persona, hace falta todo esto.
No podemos dejar solos a los chicos, por favor. Ya se ha incorporado a nuestro lenguaje hablar de los chicos de la calle, «i bambini di strada», como si un chico pudiera estar solo, abandonado de todo lo que es entorno cultural, de todo lo que es entorno familiar. Sí, está la familia, está la escuela, está la cultura, pero el chico está solo. ¿Por qué? Porque el pacto educativo está roto y hay que recomponer el pacto educativo. Una vez, en cuarto grado, le falté al respeto a la maestra, y la maestra mandó llamar a mi mamá. Vino mi mamá, yo me quedé en la clase, la maestra salió. Y después me llamaron, y mi mamá muy tranquila –yo temía lo peor, ¿no?– me dijo: –«¿Vos hiciste esto y esto y esto? ¿Le dijiste esto a la maestra?». –«Sí». –«Pedíle perdón». Y me hizo pedirle perdón delante de ella. Yo quedé feliz. Me salió fácil. El segundo acto fue cuando llegué a casa… Hoy día, al menos en tantas escuelas de mi patria, una maestra pone una observación en el cuaderno del chico y al día siguiente tiene al padre o a la madre denunciando a la maestra. Está roto el pacto educativo. No es «todos juntos por el chico». Y así hablemos de la sociedad también. O sea, recomponer el pacto educativo, recomponer esta aldea para educar a un chico. No los podemos dejar solos, no los podemos dejar en la calle, ni desprotegidos, y a merced de un mundo en el que prevalece el culto al dinero, a la violencia y al descarte. Me repito mucho en esto, pero evidentemente que se ha instalado la cultura del descarte. Lo que no sirve se tira. Se descartan los chicos porque no se los educa o no se los quiere. Los niveles de natalidad de algunas naciones desarrolladas son alarmantes. Se descartan los ancianos –y acuérdense de lo que dije de chicos y ancianos en el futuro–, porque se ha instalado este sistema de eutanasia encubierta. Es decir, las obras sociales te cubren hasta aquí, y después moríte. Descartan los chicos, los ancianos y ahora el nuevo descarte, toda una generación de jóvenes sin trabajo en países desarrollados. Se habla de 75 millones de jóvenes en países desarrollados, de 25 años para abajo, sin trabajo. Se descarta una generación de jóvenes. Esto nos obliga a salir y no dejar a los chicos solos, por lo menos eso. Y ese es nuestro trabajo. Ellos y los ancianos ciertamente son las personas más expuestas en esta cultura en la que predomina este descarte, pero también los jóvenes. Les tocó el turno a ellos también, para mantener un sistema de finanzas equilibrado donde en el centro ya no está la persona humana sino el dinero.
En este sentido, es muy importante fortalecer los vínculos: los vínculos sociales, los familiares, los personales. Todos, pero especialmente los niños y los más jóvenes, tienen necesidad de un entorno adecuado, de un hábitat verdaderamente humano, en el que se den las condiciones para su desarrollo personal armónico y para su integración en el hábitat más grande de la sociedad. Qué importante resulta entonces el empeño por crear una «red»  extensa y fuerte de lazos verdaderamente humanos, que sostenga a los niños, que los abra confiada y serenamente a la realidad, que sea un auténtico lugar de encuentro, en el que lo verdadero, lo bueno y lo bello se den en su justa armonía. Si el chico no tiene esto, solamente le queda el camino de la delincuencia y de las adicciones. Los animo a que sigan trabajando para crear esta aldea humana, cada vez más humana, que ofrezca a los niños un presente de paz y un futuro de esperanza.
En ustedes veo, en estos momentos, el rostro de tantos chicos y jóvenes a los que llevo en el corazón, porque sé que son material de descarte, y por los que vale la pena trabajar sin descanso. Gracias por lo que hacen por esta iniciativa, donde también los vínculos entre ustedes tienen que prevalecer para no dar lugar a las [luchas] internas: –«No, ésta me la llevo yo». –«Acá meto la mano yo». –«Esto es para mi sector». No, no, no. O sea, voy a crear vínculos de unidad si soy capaz de vivirlos en una iniciativa donde cada uno resigne las ganas de mandar y haga crecer las ganas de servir. Les pido que recen por mí, que lo necesito. Y que Dios los bendiga.

(Original plurilingüe procedente del archivo informático de la Santa Sede; traducción de ECCLESIA)

 

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