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Francisco: La mundanidad espiritual, el peor mal que le puede acaecer a la Iglesia

«La mundanidad es la cultura de lo efímero, una cultura de la apariencia, del maquillaje, una cultura del hoy sí y mañana no, que tiene valores superficiales, que no conoce la fidelidad y cambia según las circunstancias, que negocia todo». Y la «mundanidad espiritual» es, ha recordado el Papa Francisco citando al teólogo francés Henri de Lubac, (1896-1991), jesuita como él, «el peor de los males que le puede acaecer a la Iglesia».

En la misa que ha oficiado esta mañana, 16 de mayo, en Casa Santa Marta, el Santo Padre ha explicado en su homilía improvisada a las lecturas del día que Jesús reza para que el Padre «nos defienda de esta cultura de la mundanidad, que es una cultura de lo descartable», según convenga, «una cultura sin fidelidad», pero también «un modo de vivir de muchos que se dicen cristianos: son cristianos y mundanos».

Francisco ha ofrecido la misa «por los que arriesgan sus vidas para enterrar a los muertos de esta pandemia» de COVID-19 que azota al mundo y que se ha cobrado hasta ahora 297.000 muertos. «Sepultar a los muertos —ha recordado— es una de las obras de misericordia y, naturalmente, no es algo agradable».

En su homilía, el Papa ha comentado el Evangelio de Jn 15, 18-21, en el que Jesús dice a sus discípulos que «si el mundo los aborrece, sepan que a mí me ha aborrecido antes». Y ha recordado que en la parábola de la semilla que cae en la tierra, Jesús dice que «las preocupaciones del mundo» la sofocan y no la dejan crecer. El Padre De Lubac «no exagera» en su libro cuando afirma que la mundanidad espiritual es el peor mal que le puede suceder a la Iglesia, ha dicho Francisco. Porque esta mundanidad «para sobrevivir ante la predicación del Evangelio, odia y mata». Tiene raíces profundas y es «camaleónica». La mayoría de los mártires son asesinados por la mundanidad que odia a la fe, constata.

«Hay una cosa que la mundanidad no tolera —ha dicho también el Papa al comentar el discurso de Pablo en el Areópago de Atenas—, y es el escándalo de la Cruz. No lo tolera. Y la única medicina contra el espíritu mundano es Cristo, que murió y resucitó por nosotros, escándalo y locura».

 

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